Un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud calcula que actuaciones relativamente asequibles contra el calor extremo, la contaminación y la falta de agua potable podrían generar beneficios económicos y sanitarios multimillonarios. El organismo reclama que la salud ocupe un lugar central en la COP31.
La lucha contra el cambio climático no consiste únicamente en reducir emisiones o transformar los sistemas energéticos. También puede evitar enfermedades, prevenir muertes y aliviar la presión sobre los servicios sanitarios. Esta es la principal conclusión de un informe presentado este miércoles por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que identifica seis intervenciones capaces de salvar hasta 1,6 millones de vidas anuales y generar importantes beneficios económicos si se aplican a gran escala.
El estudio, divulgado en Ginebra a pocos días del inicio de la COP31 en Antalya (Turquía), estima que estas medidas podrían producir beneficios anuales valorados en 3,9 billones de dólares, a los que se añadirían otros 5,4 billones en beneficios fiscales. Las cifras proceden de proyecciones y no de resultados ya obtenidos, pero ponen de relieve una cuestión que suele quedar relegada en las negociaciones climáticas: el coste de no actuar también se mide en vidas humanas y recursos públicos.
Del calor extremo al agua potable
Entre las actuaciones propuestas figuran los sistemas de alerta sanitaria ante las olas de calor, cada vez más relevantes en regiones expuestas a temperaturas extremas. Estos mecanismos permiten anticipar episodios peligrosos, informar a la población y organizar respuestas específicas para proteger a las personas mayores, los enfermos crónicos y quienes trabajan al aire libre. Según las estimaciones de la OMS, cada dólar invertido en estas alertas podría generar hasta 835 dólares en beneficios, una rentabilidad excepcional que dependerá de las condiciones de aplicación.
El organismo también recomienda reforzar los sistemas de abastecimiento de agua potable para que puedan resistir sequías, inundaciones y otros fenómenos asociados al cambio climático. A ello suma la mejora del saneamiento, la higiene y el acceso a instalaciones para el lavado de manos. Aunque estas actuaciones puedan parecer menos visibles que las grandes inversiones energéticas, resultan decisivas para reducir infecciones y enfermedades, especialmente en comunidades donde los servicios básicos siguen siendo insuficientes.
Las otras dos líneas de intervención se centran en sustituir los combustibles contaminantes utilizados para cocinar y calentar los hogares y en reformar las políticas de precios de los combustibles fósiles. En este último ámbito, la OMS contempla eliminar subvenciones ineficientes e introducir impuestos que reflejen mejor los costes sanitarios y ambientales de la contaminación. Según sus cálculos, estas reformas podrían evitar por sí solas 1,2 millones de muertes anuales y producir beneficios estimados en tres billones de dólares cada año.
La salud entra en el debate climático
La OMS calcula que el conjunto de las seis intervenciones podría evitar emisiones equivalentes a 16.700 millones de toneladas de dióxido de carbono, una magnitud comparable al 31 % de las emisiones anuales mundiales de gases de efecto invernadero, excluidos determinados usos del suelo. También estima un rendimiento agregado de 24 dólares por cada dólar invertido. Se trata, sin embargo, de beneficios potenciales sujetos al alcance, la financiación y la eficacia de las políticas adoptadas.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha defendido que la protección de la salud debe ocupar un lugar central en las conversaciones de la COP31, que comienza el 9 de noviembre. Su planteamiento introduce una dimensión especialmente relevante: las políticas climáticas no deberían evaluarse solo por las toneladas de carbono que consiguen reducir, sino también por las enfermedades y muertes que pueden prevenir.
El desafío será transformar estas proyecciones en decisiones presupuestarias concretas. Las alertas sanitarias necesitan servicios públicos capaces de responder, las redes de agua requieren mantenimiento y las reformas fiscales deben diseñarse sin castigar desproporcionadamente a los hogares vulnerables. La conclusión del informe es clara: proteger el clima puede ser también una de las inversiones más rentables en salud pública, siempre que los compromisos internacionales se traduzcan en medidas accesibles y sostenidas.