La ONU alerta de que el planeta se encamina hacia un calentamiento de 2,8 grados a finales de siglo

21 octobre 2026 - 07:56

Un nuevo informe de Naciones Unidas advierte de que las políticas climáticas actuales son insuficientes para frenar el aumento de las temperaturas. Incluso si los países cumplen íntegramente sus compromisos de reducción de emisiones, el calentamiento global podría alcanzar los 2,6 grados en 2100, muy por encima de los objetivos del Acuerdo de París.

El planeta se encamina hacia un aumento de la temperatura media global de 2,8 grados centígrados para finales de siglo si los gobiernos mantienen las políticas climáticas actualmente vigentes. Así lo advierte el nuevo informe sobre la brecha de emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), publicado este miércoles, 21 de octubre, que constata la persistente distancia entre los compromisos internacionales y las medidas necesarias para contener el calentamiento global.

El documento dibuja un panorama preocupante a pocas semanas de la próxima conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático, la COP31, que se celebrará en Turquía. Según sus estimaciones, incluso si todos los países aplicaran plenamente sus actuales compromisos de reducción de emisiones, la temperatura media del planeta podría aumentar alrededor de 2,6 grados respecto a los niveles preindustriales de aquí a 2100. Esta proyección supera ampliamente el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 grados y también rebasa el umbral de 2 grados establecido como referencia en el Acuerdo de París.

Una brecha cada vez más difícil de cerrar

El informe pone de manifiesto que los avances realizados hasta ahora siguen siendo insuficientes para modificar de manera decisiva la trayectoria climática mundial. Las emisiones globales de gases de efecto invernadero apenas han mostrado señales de estabilización, mientras que las vinculadas al uso de combustibles fósiles continúan aumentando. La expansión de las energías renovables y la adopción de nuevas políticas ambientales no han logrado compensar completamente el impacto del consumo de carbón, petróleo y gas.

Para encaminar el planeta hacia una trayectoria que permita reducir el calentamiento tras superar temporalmente el límite de 1,5 grados, Naciones Unidas estima que las emisiones mundiales deberían disminuir un 18 % para 2030, un 45 % para 2035 y un 69 % para 2040, tomando como referencia los niveles de 2025. Sin embargo, los compromisos nacionales actuales solo permitirían recortes de entre el 5 % y el 8 % para finales de esta década, una diferencia que ilustra la magnitud del esfuerzo pendiente.

La situación resulta especialmente delicada porque las emisiones acumuladas durante los próximos años condicionarán las temperaturas durante décadas. Cada retraso en la adopción de medidas eficaces reduce el margen de actuación y aumenta la dependencia de tecnologías destinadas a retirar dióxido de carbono de la atmósfera, cuya aplicación a gran escala todavía plantea importantes incertidumbres técnicas y económicas.

El límite de 1,5 grados, cada vez más lejos

Una de las conclusiones más significativas del informe es que evitar por completo que el calentamiento global supere los 1,5 grados ya no se considera una perspectiva realista. Naciones Unidas plantea ahora como prioridad limitar al máximo ese exceso temporal de temperatura y acelerar las reducciones de emisiones para intentar regresar a niveles compatibles con dicho objetivo antes de que termine el siglo.

Este cambio de perspectiva no implica que los objetivos climáticos hayan perdido su importancia. Los científicos insisten en que cada décima de grado adicional incrementa los riesgos para la salud, la seguridad alimentaria, los recursos hídricos y los ecosistemas. Las olas de calor extremas, las sequías prolongadas, las precipitaciones torrenciales y otros fenómenos meteorológicos intensos pueden agravarse a medida que aumenta la temperatura media del planeta, con consecuencias especialmente severas para las regiones más vulnerables.

El Mediterráneo y el norte de África figuran entre las áreas particularmente expuestas al estrés hídrico y al aumento de las temperaturas. Para países como Marruecos, la evolución del clima mundial tiene implicaciones directas sobre la disponibilidad de agua, la agricultura, la gestión de los recursos naturales y la capacidad de adaptación de las ciudades y los territorios rurales.

El retroceso de Estados Unidos complica la respuesta mundial

El informe también señala el impacto de las decisiones políticas adoptadas por algunas de las principales economías del mundo. La retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y el aumento de sus emisiones han contribuido a empeorar las perspectivas respecto a las estimaciones anteriores, según los análisis recogidos por Naciones Unidas.

El peso de las grandes economías resulta determinante tanto por su contribución a las emisiones como por su capacidad para financiar y acelerar la transición energética. Por ello, el PNUMA insiste en la necesidad de reforzar la cooperación internacional, ampliar las inversiones en tecnologías limpias y facilitar a los países en desarrollo los recursos necesarios para reducir sus emisiones sin comprometer sus necesidades de crecimiento y desarrollo.

Pese a la gravedad de las conclusiones, el organismo considera que todavía existen herramientas para evitar los escenarios más perjudiciales. La expansión de la energía solar y eólica, la mejora de la eficiencia energética, la reducción de las emisiones de metano y la transformación de los sistemas industriales y de transporte pueden contribuir a cerrar parte de la brecha climática, siempre que su aplicación se acelere de manera sustancial.

Una advertencia antes de la COP31

La publicación del informe añade presión sobre los gobiernos antes de la próxima cumbre climática, en la que deberán abordar la insuficiencia de los compromisos actuales y las dificultades para convertir los objetivos internacionales en reducciones efectivas de emisiones. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha insistido en la necesidad de intensificar la acción climática y utilizar todos los instrumentos disponibles para contener el aumento de las temperaturas.

La advertencia de Naciones Unidas no significa que el planeta haya alcanzado ya los 2,8 grados de calentamiento, sino que esa es la trayectoria proyectada para 2100 si no se refuerzan las políticas actuales. La diferencia es fundamental: el futuro climático todavía depende de las decisiones que adopten los gobiernos, las empresas y las sociedades durante los próximos años. Aunque el margen para cumplir el objetivo más ambicioso del Acuerdo de París se ha reducido drásticamente, evitar nuevas décimas de calentamiento sigue siendo decisivo para limitar los daños humanos, económicos y ambientales.

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