China confirma contactos para un encuentro tripartito durante la próxima cita de APEC. La iniciativa abre expectativas diplomáticas, pero también inquietudes sobre el futuro de Ucrania y el papel de Europa en las decisiones que afectan a su seguridad.
China ha reconocido este miércoles que mantiene contactos diplomáticos sobre una posible reunión entre Xi Jinping, Vladímir Putin y Donald Trump. El encuentro, todavía sin confirmación oficial, podría celebrarse los días 18 y 19 de noviembre en Shenzhen, coincidiendo con la próxima cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). La iniciativa reuniría a los dirigentes de tres potencias nucleares cuyas relaciones condicionan buena parte de la seguridad internacional.
La portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Mao Ning, se limitó a confirmar que Pekín mantiene la comunicación con las partes implicadas, sin precisar los términos de la negociación. Desde Moscú, el portavoz presidencial Dmitri Peskov aseguró que los preparativos continúan y expresó su confianza en que puedan concluir próximamente. Trump, por su parte, ha manifestado su disposición a participar. Ninguna de estas declaraciones equivale, sin embargo, a una convocatoria definitiva.
Ucrania, el gran interrogante
La guerra en Ucrania aparece como uno de los asuntos más sensibles de la posible reunión. Según informaciones atribuidas a fuentes por The Wall Street Journal, Putin pretendería abordar las condiciones rusas para poner fin al conflicto. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha cuestionado una negociación de estas características si su país queda excluido de las conversaciones.
La objeción no es menor. Una cosa es que las grandes potencias intercambien posiciones sobre la guerra y otra muy distinta que pretendan establecer las condiciones políticas o territoriales de una paz sin participación ucraniana. Cualquier solución duradera necesitaría contar con Kiev, no solo por una cuestión de legitimidad, sino también porque sería Ucrania quien tendría que asumir buena parte de las consecuencias de un eventual acuerdo.
Para Europa, el escenario resulta igualmente delicado. Los países de la Unión Europea han comprometido recursos políticos, económicos y militares en apoyo de Ucrania, mientras que la seguridad del continente sigue estrechamente vinculada a las decisiones estadounidenses. Una negociación directa entre Washington, Moscú y Pekín podría ofrecer una vía para reducir las tensiones, pero también reavivar el temor a que las grandes potencias intenten definir el futuro de la seguridad europea sin una participación suficiente de sus principales afectados.
El desarme nuclear vuelve a la agenda
Trump ha señalado otro objetivo para la eventual cita: impulsar un nuevo acuerdo de control de armamentos nucleares que incluya a Rusia y China. La propuesta adquiere relevancia en un contexto de deterioro de los mecanismos internacionales destinados a limitar la carrera armamentística. Sin embargo, alcanzar un entendimiento tripartito sería considerablemente más complejo que formular una declaración de intenciones.
Estados Unidos y Rusia mantienen arsenales nucleares muy superiores al chino, una diferencia que condiciona cualquier negociación sobre límites, inspecciones y mecanismos de verificación. Pekín, además, ha defendido tradicionalmente que las mayores potencias nucleares deben asumir responsabilidades especiales en materia de desarme. Sin compromisos verificables y una definición compartida de las obligaciones de cada país, el proyecto podría quedar reducido a una iniciativa diplomática de gran impacto mediático.
Diplomacia entre potencias, pero ¿con qué resultados?
La posible reunión también refleja el interés de los tres dirigentes por gestionar sus rivalidades mediante contactos directos. Washington busca influir sobre Moscú y contener la competencia estratégica con Pekín; Rusia aspira a reforzar su posición negociadora, mientras China pretende consolidar su condición de interlocutor indispensable en los principales asuntos internacionales.
Pero sentar a tres líderes alrededor de una mesa no garantiza acuerdos. Sus intereses divergen en cuestiones comerciales, militares y territoriales, y una negociación sobre Ucrania no implica necesariamente avances en materia nuclear. Conviene distinguir el valor político de una fotografía histórica de los compromisos que puedan derivarse de ella.
Si finalmente se celebra, la cumbre podría abrir un espacio de diálogo en un escenario internacional profundamente deteriorado. Su verdadero éxito, sin embargo, no se mediría por la presencia de Xi, Putin y Trump, sino por su capacidad para reducir riesgos sin convertir la soberanía de otros países en moneda de cambio.