El Gobierno apunta como hipótesis principal a «un error humano» en la colisión entre un AVE y un Iryo detenido en la vía en Toledo, que deja decenas de muertos. Informaciones aún sin confirmar señalan un fallo temporal del sistema de control de la línea y una orden posterior de avance. Ninguna fuente oficial ha explicado todavía por qué el tren privado estaba parado en ese tramo.
Las causas del accidente ferroviario de este miércoles siguen sin establecerse oficialmente. En él, un AVE de Renfe embistió por detrás a un tren de Iryo detenido en el punto kilométrico 118 de la línea Madrid-Sevilla, en la provincia de Toledo. Lo que circula a estas horas son hipótesis preliminares de fuentes gubernamentales y técnicas, de solidez desigual. Conviene separarlas con cuidado mientras los equipos de rescate siguen trabajando en el lugar y el balance de víctimas continúa abierto.
Fuentes del Gobierno central citadas por El País sostienen que la tesis principal en estos primeros momentos es la de «un error humano». La vinculan a la detención de ocho trenes en la zona y a que el Iryo, al que el AVE habría alcanzado por detrás, no habría podido reemprender la marcha. Se trata de una valoración anónima y temprana, formulada poco después del choque. El Ministerio de Transportes no la ha detallado públicamente ni ha concretado a quién se atribuiría ese error.
Un relato técnico sin confirmar
Una segunda versión, publicada sin atribución a una fuente identificada, va más allá. Según ese relato, el LZB, el sistema que vigila de forma continua la marcha de los trenes en esta línea, habría dejado de funcionar durante unos minutos. En ese intervalo habría actuado el bloqueo de seguridad lateral. Una vez restablecido el sistema, el maquinista del AVE habría recibido la orden de seguir adelante desde el Centro de Regulación y Control (CRC) de Adif, situado en Atocha.
Si esa secuencia se confirmara, el foco no estaría solo en la cabina del AVE, sino también en la gestión de la circulación y en la fiabilidad del sistema de control. Pero nada de ello está acreditado. Tampoco se sabe por qué el Iryo, que había salido de Atocha seis minutos antes que el AVE y debía parar en Ciudad Real, estaba detenido allí. La posible muerte del maquinista del AVE, que fuentes gubernamentales dan por hecha, privaría además a la investigación de un testimonio clave.
El sistema que debía impedirlo
La línea Madrid-Sevilla, inaugurada en 1992, fue la primera de alta velocidad en España. El LZB que la protege es un sistema de control de origen alemán diseñado precisamente para mantener la distancia de seguridad entre convoyes y frenar de forma automática un tren que se aproxima peligrosamente a otro. Un alcance entre dos trenes que circulan en el mismo sentido es, por tanto, el tipo de accidente que esa tecnología existe para evitar. Explicar cómo pudo ocurrir será el núcleo de la investigación.
Esa tarea corresponde a los organismos de investigación técnica de accidentes ferroviarios y a la justicia, que deberá abrir sus propias diligencias. Las conclusiones técnicas suelen tardar meses. Hasta entonces, cualquier atribución de responsabilidad individual carece de base. Las fuentes gubernamentales que hablan de error humano tampoco han precisado si se refieren a la conducción del AVE, a la regulación del tráfico desde el CRC o a otra fase de la cadena de decisiones.
La sombra de Adamuz
El accidente llega nueve meses después de la tragedia de Adamuz (Córdoba). Allí, en enero, un Iryo descarriló e invadió la vía contraria antes de chocar con un Alvia de Renfe, y murieron 45 personas. Óscar Puente calificó entonces lo ocurrido de «tremendamente extraño», porque tanto el tren como la vía eran prácticamente nuevos. Fuentes del Ejecutivo advierten ahora de que el siniestro de Urda «puede ser peor que Adamuz».
Ambos accidentes comparten corredor y la presencia de un tren de Iryo, el operador privado que compite con Renfe en el eje Madrid-Andalucía desde la liberalización del transporte de viajeros. Nada indica por ahora que esa coincidencia guarde relación con las causas, y en Urda el tren de Iryo fue el embestido. Lo que sí vuelve a primer plano es la exigencia de explicar con rapidez y transparencia qué falla en una red por la que circulan cada vez más trenes. Esa explicación tendrá que llegar con datos verificables y no con hipótesis lanzadas en las primeras horas.