Canadá y la UE buscan en Montreal blindarse frente a Washington

30 octobre 2026 - 08:50

La cumbre que se celebra este jueves y viernes aspira a sentar las bases de una «alianza para el futuro» tras descartar el estatus de miembro asociado que propuso Ursula von der Leyen. Ucrania, el comercio digital y la conexión de los sistemas de pago dominan una agenda guiada por la soberanía y por la creciente desconfianza hacia la Administración de Donald Trump.

La Unión Europea (UE) y Canadá inauguran este jueves en Montreal una cumbre de dos días con la que pretenden reordenar su relación en un contexto internacional cada vez más hostil. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, había llegado a plantear para Canadá el estatus de «miembro asociado». Sin embargo, la fórmula quedó fuera del borrador final. Se mantiene la voluntad de cerrar acuerdos de alcance histórico que reduzcan la dependencia de ambos socios respecto de Estados Unidos y China.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, prefiere hablar de una «alianza para el futuro», expresión que ya utilizan las dos partes. En un comunicado difundido el domingo, Carney justificó la urgencia del encuentro con un diagnóstico sobre un mundo «más peligroso y más polarizado». La agenda oficial, publicada el martes, confirma ese tono al situar la geopolítica en primer plano. Para Maria Popova, politóloga de la Universidad McGill, el impulso nace de dos actores afines. Ambos se sienten presionados por adversarios más agresivos y por un gran aliado estadounidense «cada vez menos fiable».

Ucrania y la industria de los drones

El compromiso con el multilateralismo y con el orden internacional basado en normas encabeza la agenda, junto a la cooperación para promover la paz y la seguridad. En ese terreno, el adversario está claramente identificado. Rusia ocupa el centro de las preocupaciones de Bruselas y Ottawa, y se prevé que la cumbre incluya un compromiso para aumentar el apoyo a Ucrania. Popova considera que, en materia de defensa, la principal aportación de Canadá puede ser la inversión y la cooperación con sus socios europeos.

Según la politóloga, Ucrania lidera hoy la innovación en tecnología de drones. Para convertir esa ventaja en un sistema eficaz hacen falta inversión, producción y cadenas de suministro fuera de su territorio. Popova describe el momento como «muy importante» y cree que Europa y Canadá pueden salir reforzadas juntas de ese esfuerzo. El objetivo de fondo, añade, es reducir la dependencia mutua de Estados Unidos en defensa, un terreno en el que la fiabilidad de Washington ya no se da por descontada.

Pagos sin Visa ni Mastercard

En el plano comercial, Mark Camilleri, consejero delegado de la Asociación de Comercio e Inversión Canadá-UE, con sede en Bruselas, destaca el nuevo acuerdo de comercio digital que ambas partes negocian desde marzo. Camilleri, como otros actores del sector, confía en que el acuerdo se cierre antes del fin de semana. El segundo gran anuncio esperado es la conexión de los sistemas de pago instantáneo de las dos orillas del Atlántico, que abarataría y agilizaría las transacciones transfronterizas.

Según los analistas, esa interconexión reduciría la dependencia de redes estadounidenses como Visa o Mastercard. La cuestión dejó de ser técnica en 2025, cuando la Administración Trump sancionó a la jueza canadiense del Tribunal Penal Internacional (TPI) Kimberly Prost y a la relatora especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese. Ambas se quedaron temporalmente sin poder usar sus tarjetas de crédito y perdieron el acceso a servicios de empresas estadounidenses. El episodio mostró que Washington puede convertir la infraestructura financiera en un instrumento de presión política.

La soberanía como hilo conductor

Para Camilleri, todos estos acuerdos remiten a un concepto que Carney repite desde hace meses, la soberanía. El directivo lo plantea como una pregunta sobre qué necesita un país para que ni otros Estados ni otros actores puedan obligarle a actuar contra sus intereses. A su juicio, la respuesta se ha ampliado. A la idea clásica de «defender a tu país, alimentar a tu país», el primer ministro canadiense ha incorporado ámbitos como los sistemas de pago o las vacunas.

Esa ampliación explica que la agenda de Montreal abarque tantos ámbitos, porque la seguridad, el comercio y las finanzas responden a una misma lógica. La cumbre no se presenta como una ruptura con Estados Unidos, pero apunta a reducir los mecanismos que hoy permiten a la Casa Blanca condicionar decisiones ajenas. Las sanciones a Prost y Albanese y las dudas sobre la fiabilidad estadounidense han hecho de la autonomía una necesidad práctica más que una aspiración retórica.

La cita de Montreal debe servir como punto de partida de un marco de cooperación de gran alcance. Para muchos de los implicados importa poco si Canadá termina siendo miembro asociado de la UE o si la relación se queda en la «alianza para el futuro». Popova lo resume con pragmatismo. Las palabras exactas, sostiene, son secundarias frente a lo que de verdad cuenta, que es «ver qué significa eso en concreto». Las primeras respuestas llegarán este viernes, cuando concluya el encuentro.

 

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