El efecto Lula reactiva a una izquierda que cree en la remontada

29 octobre 2026 - 05:40

La victoria del presidente brasileño, lograda contra los sondeos y tras una primera vuelta adversa, se ha convertido en el gran argumento emocional del PSOE y de Frente Amplio a cinco semanas del 29-N. Ambos leen el triunfo como parte de un retroceso internacional de la ultraderecha que ya derribó a Orbán en Hungría y que ahora pone a prueba a Netanyahu en Israel y a Trump en Estados Unidos.

«¡Si Brasil pudo, España puede!». Con ese grito animó Pedro Sánchez el lunes su octavo mitin de precampaña, en el recinto ferial de Gijón, ante unos 6.000 militantes y simpatizantes según la organización. La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, que remontó una primera vuelta adversa y batió el récord de votos contra casi todos los pronósticos, ha devuelto a la izquierda española algo que no se mide en encuestas. En Ferraz y en La Moncloa crece la convicción de que otra remontada como la de 2023 es posible.

El candidato socialista no se limitó a celebrar el resultado brasileño. Pidió a los suyos que se sientan «orgullosos de ser la aldea gala en Europa» y que trasladen ese impulso a las urnas el 29 de noviembre. Sánchez convocó el adelanto electoral el 5 de octubre y desde entonces ha construido su discurso sobre una idea sencilla. Frente a una derecha que se presenta como inevitable, Brasil demuestra que la movilización progresista puede alterar un escenario que parecía decidido.

Un calendario internacional que favorece al PSOE

La estrategia socialista mira más allá de Brasilia. Benjamín Netanyahu, otra de las némesis de Sánchez, se jugó ayer su continuidad como primer ministro en unas legislativas a las que miles de ciudadanos viajaron a Israel para poder votar. La semana que viene llegarán las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, que medirán el desgaste de Donald Trump, con su popularidad en mínimos. La coincidencia de ambas citas con la campaña española no es un detalle menor para el PSOE.

Una derrota de ambos dirigentes reforzaría el papel de Sánchez como referente de la izquierda dentro y fuera de España. El presidente les ha hecho frente con decisiones que la derecha española le reprocha sin descanso. Condenó el genocidio en Gaza, reconoció a Palestina como Estado, se opuso a la guerra de Irán y rechazó elevar al 5% el gasto militar que Trump exigía a los socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Cada una de esas posiciones se convierte ahora en argumento de campaña.

Feijóo y Abascal, en el mismo saco

El otro eje del discurso es el contraste con el bloque conservador. Sánchez ya exprimió la semana pasada la visita del presidente argentino, Javier Milei, que insultó al jefe del Ejecutivo español y reivindicó los recortes simbolizados por su motosierra. Para los socialistas, esa receta anticipa lo que PP y Vox aplicarían al Estado del bienestar si llegan al Gobierno. El pacto de ambas formaciones para el Senado, por el que Vox no se presentará en seis provincias y el PP en otras tres circunscripciones, refuerza esa lectura.

Según Sánchez, ese acuerdo es la última prueba de que Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal resultan ya indistinguibles. En Gijón lo vinculó con la proyección internacional de la ultraderecha. Preguntó a los asistentes por qué Milei viaja a España, por qué Trump tuitea sobre el país y por qué Giorgia Meloni acude a respaldar a Abascal. Su respuesta fue que España representa la «prueba fehaciente de que la esperanza es mucho mejor que el odio». Es un mensaje pensado para convertir la presión exterior en motivo de movilización.

La izquierda alternativa también mira a Brasil

Lula no es patrimonio exclusivo del PSOE. Frente Amplio, que afronta la cita desde una posición más delicada, también ha hecho suya la figura del presidente brasileño. «¡Todas a levantar el brazo con la L de Lula!», reclamó el domingo Ada Colau al cerrar su intervención en el mitin de Móstoles. En los días previos, los dirigentes del espacio habían multiplicado en redes los mensajes de apoyo al mandatario, convertido en icono de la izquierda en todo el mundo. La candidatura valenciana, que incluye a Podemos, difundió incluso un vídeo de celebración con la dirección del Partido de los Trabajadores (PT) en la comunidad.

La relación viene de lejos. Compromís mantiene desde hace tiempo un fuerte vínculo con el PT, y en abril la primera dama brasileña, Janja Lula da Silva, reunió en Valencia a Mónica Oltra, Irene Montero y Sira Rego para hablar de la violencia de la extrema derecha. Aquel acto, previo a la cumbre progresista de Barcelona, dejó una imagen de unidad muy potente en un espacio político sacudido por las turbulencias. Hoy esa foto funciona como recordatorio de lo que la izquierda alternativa puede ofrecer cuando suma.

Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales y portavoz de Frente Amplio, sitúa el triunfo de Lula en una secuencia más amplia. La derrota del bolsonarismo llega meses después de la de Viktor Orbán en Hungría y justo antes de unas citas en Israel y Estados Unidos que pueden consolidar el retroceso de la extrema derecha. Bustinduy subraya el valor emocional de una victoria lograda contra sondeos, pronósticos y poderes fácticos. «Esto genera un estado de ánimo contra el derrotismo», resume, en referencia a uno de los vectores que la derecha y la ultraderecha intentan movilizar.

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