El Banco Mundial alerta de una subida del 18 % en los precios de los alimentos hasta 2027

29 octobre 2026 - 05:41

Los conflictos armados, el encarecimiento de la energía y la amenaza de un episodio excepcional de El Niño dibujan un escenario de creciente presión sobre los hogares. La institución advierte de que los países más pobres serán los más vulnerables a una nueva crisis alimentaria.

La inflación alimentaria amenaza con convertirse nuevamente en uno de los grandes desafíos de la economía mundial. El Banco Mundial advirtió este miércoles 28 de octubre de que los precios internacionales de los alimentos podrían acumular un aumento del 18 % entre 2026 y 2027 respecto a los niveles registrados en 2025, impulsados por la inestabilidad geopolítica, los costes energéticos y las alteraciones climáticas.

La previsión, incluida en su último informe sobre los mercados de materias primas, refleja una combinación de factores que podría comprometer la seguridad alimentaria de millones de personas, especialmente en los países de ingresos bajos y en las economías que dependen de las importaciones.

El problema no se limita a la producción agrícola. El petróleo, los fertilizantes, el transporte y las condiciones meteorológicas forman parte de una cadena de costes que termina repercutiendo sobre el precio de los alimentos.

La energía vuelve a presionar los precios

Uno de los principales factores de incertidumbre es la evolución del mercado petrolero.

El Banco Mundial prevé que los precios de la energía aumenten un 32 % en 2026, antes de registrar una moderación parcial durante el año siguiente.

El barril de Brent, referencia internacional del petróleo, pasaría de un promedio de 69 dólares en 2025 a 91 dólares en 2026, como consecuencia, principalmente, de las tensiones militares en Oriente Medio.

Para 2027, la institución contempla un descenso hasta los 79 dólares por barril, aunque este escenario depende de que no se reactive el conflicto entre Israel, Estados Unidos e Irán tras las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.

Una nueva escalada alteraría sustancialmente las previsiones. En ese supuesto, el Brent podría alcanzar una media de 105 dólares en 2027 y los precios alimentarios situarse un 12 % por encima del escenario central del Banco Mundial.

Se trata de una hipótesis de riesgo, no de una evolución inevitable.

El Niño, una amenaza adicional para las cosechas

A las tensiones geopolíticas se suma la posibilidad de un episodio excepcional del fenómeno climático El Niño.

Sus efectos pueden modificar los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones productoras, provocando sequías, inundaciones o pérdidas de cosechas.

El impacto varía según el territorio y el cultivo, pero puede alterar la oferta de productos agrícolas y generar nuevas presiones sobre los mercados internacionales.

Para los países importadores, una disminución de las cosechas en las principales regiones exportadoras puede traducirse en mayores costes de abastecimiento y una mayor exposición a la volatilidad de los precios.

La coincidencia de riesgos climáticos y energéticos resulta especialmente preocupante porque reduce el margen de maniobra de los gobiernos para amortiguar las subidas.

Fertilizantes más caros y presión sobre la agricultura

El informe también anticipa un incremento del 14 % en el precio de los fertilizantes durante 2026, aunque prevé que regresen en 2027 a niveles próximos a los de 2025.

Estos productos son esenciales para numerosos sistemas de producción agrícola y su encarecimiento puede elevar los costes de explotación.

En determinadas circunstancias, los agricultores pueden verse obligados a reducir su utilización, aplazar inversiones o trasladar parte del incremento de costes a los compradores.

La situación adquiere particular relevancia para regiones como el norte de África, donde la dependencia de las importaciones de cereales y la exposición a episodios de sequía hacen especialmente sensible la evolución de los mercados mundiales.

Sin embargo, las previsiones internacionales no se traducen automáticamente en aumentos equivalentes de los precios minoristas de cada país: también influyen las cosechas nacionales, los tipos de cambio, los impuestos y las políticas de apoyo.

Los hogares vulnerables, los más expuestos

Ayhan Kose, economista jefe adjunto del Banco Mundial, advirtió de que los mercados de materias primas están soportando varias perturbaciones importantes de manera simultánea.

Ante ese panorama, defendió la necesidad de proteger prioritariamente a las poblaciones más pobres y respaldar a los países de bajos ingresos, muchos de ellos sometidos a una elevada carga de deuda.

La advertencia tiene una dimensión social evidente: cuando aumenta el precio de los alimentos, las familias con menores recursos disponen de menos margen para ajustar sus presupuestos sin sacrificar otras necesidades esenciales.

El informe prevé asimismo un aumento del 25 % en los precios de los metales durante 2026, con niveles récord para el aluminio, el cobre y el estaño, impulsados por la demanda de energías renovables, vehículos eléctricos y centros de datos vinculados a la inteligencia artificial.

El resultado es una economía mundial sometida a presiones de naturaleza muy distinta, pero estrechamente relacionadas.

El mensaje del Banco Mundial es claro: evitar que estas perturbaciones desemboquen en una crisis alimentaria más profunda exigirá medidas de protección social, estabilidad comercial y apoyo a las economías más vulnerables.

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