Los sueldos de la eurozona han crecido un 17,7 % desde 2022, por debajo del encarecimiento de la alimentación, el transporte y la vivienda. España sigue la misma pauta, con una cesta de la compra cerca de un 30 % más cara. Estos tres capítulos ya absorben casi la mitad del gasto de los hogares europeos. La guerra en Irán ha vuelto a disparar los combustibles y alimenta las protestas sociales en la Unión Europea.
Los salarios de la eurozona han crecido un 17,7 % entre el segundo trimestre de 2022 y el mismo periodo de 2026, según la oficina estadística europea, Eurostat. En un intervalo similar, la alimentación se ha encarecido más de un 27 %, el transporte un 21,5 % y la vivienda con sus suministros alrededor de un 20 %. Los tres gastos que sostienen la vida diaria avanzan por encima de las nóminas. La brecha confirma que el coste de la crisis inflacionaria abierta con la invasión rusa de Ucrania sigue recayendo sobre quienes viven de su trabajo.
España reproduce el patrón con algunos matices. Los sueldos han subido un 17,6 %, una décima menos que la media de la zona euro, mientras la comida se ha encarecido cerca de un 30 % desde enero de 2022. El transporte acumula un alza del 19 % y la vivienda, del 8,1 %. Este último dato, más contenido, exige una lectura cuidadosa. El indicador europeo recoge alquileres y suministros como la electricidad, el agua o el gas, pero no el precio de compra de los inmuebles, que está en el centro del malestar social por el acceso a un hogar.
Un mapa europeo desigual
La comparación entre países revela diferencias notables en la evolución salarial. Polonia encabeza la tabla, con un índice que pasa de 118,4 a 174,9 puntos sobre la base de 2020, mientras Grecia y Portugal superan el 25 % de incremento. En el extremo opuesto, Italia y Francia se sitúan en torno al 12 % y el 13 %. España queda en una posición intermedia, prácticamente empatada con Alemania y la media de la eurozona. Es una mejora insuficiente para un país que partía de sueldos inferiores a los de las grandes economías comunitarias.
En los precios, en cambio, España destaca para mal. Registra el índice de transporte más alto de las principales economías europeas, con 111,3 puntos en septiembre de 2026 sobre la base de 2025, por encima de Alemania y de la zona euro. En alimentación ocupa el tercer puesto, solo por detrás de Portugal e Italia. El repunte del diésel explica buena parte de esa presión, ya que su precio ha subido casi un 33 % desde enero de 2022. En vivienda, Grecia lidera con holgura la escalada.
Casi la mitad del presupuesto familiar
Eurostat ya advertía del problema en su informe Key figures on Europe 2026 (Cifras clave sobre Europa), publicado en septiembre. A comienzos de 2026, el 46 % del gasto de consumo de los hogares de la UE se concentraba en alimentos y bebidas no alcohólicas, vivienda y energía, y transporte. El organismo subrayaba que las fuertes subidas de esas tres categorías explican buena parte del alza general de los precios. La encuesta de presupuestos familiares de 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma que los hogares españoles destinan una proporción creciente de su renta a necesidades básicas y recortan en ocio, moda o viajes.
En Galicia, el Instituto Gallego de Estadística (IGE) calcula que en 2024 casi el 52 % del gasto se destinó a alimentación, vivienda y hostelería. Su cálculo incluye el alquiler imputado de los propietarios, porque vivir en una vivienda propia, explica, «proporciona un servicio de alojamiento». La carga no se reparte por igual. La vivienda supone el 18,5 % del gasto en los hogares que viven de un salario, pero alcanza el 27 % en los que dependen de pensiones y subsidios. Los hogares de mayores ingresos dedican de media un 19,1 % a restaurantes y alojamiento, frente al 11,3 % del resto.
El petróleo reabre la herida
Cuando las economías familiares aún no se habían recuperado del primer golpe, la guerra en Irán desplazó desde febrero el foco inflacionista hacia el petróleo. Los problemas de suministro derivados del bloqueo del estrecho de Ormuz encarecieron los combustibles y golpearon a los sectores que dependen de ellos, del campo y el mar hasta la logística. El Gobierno reactivó y prorrogó las medidas anticrisis, que en 2022 incluyeron rebajas fiscales y una bonificación de 20 céntimos por litro de combustible.
Los principales Estados europeos han destinado ya unos 20.000 millones de euros a contener la inflación, sin lograrlo. Las cifras macroeconómicas apuntan a crecimiento, pero esa bonanza no llega a los bolsillos de la mayoría. La frustración se ha trasladado a la calle, y el acceso a la vivienda, la mejora salarial y la educación vertebran hoy las movilizaciones en distintos países de la Unión Europea.
España no es una excepción. Según La Voz de Galicia, la no convalidación de los decretos de vivienda en el Congreso fue el detonante del adelanto electoral. La vivienda deja así de ser solo un indicador estadístico y pasa a ocupar el centro de la disputa política. Mientras los sueldos sigan por detrás de lo que cuesta comer, moverse y pagar un techo, el debate sobre quién soporta la factura de las sucesivas crisis seguirá abierto en toda Europa.