La coalición de cinco partidos no logra pactar un ajuste de 10.000 millones de euros hasta 2029. Las diferencias sobre los impuestos, la sanidad y los salarios amenazan la continuidad del Gobierno federal.
Bélgica afronta una nueva crisis política después de que el Gobierno federal, encabezado por Bart De Wever, fracasara en su intento de alcanzar un acuerdo sobre los presupuestos de 2027 y el plan de ajuste de 10.000 millones de euros previsto hasta 2029.
El primer ministro acudió este lunes al Palacio Real para presentar su dimisión al rey Felipe, según informaron medios belgas y Euronews. La decisión definitiva sobre el futuro del Ejecutivo queda pendiente de la respuesta del monarca, que puede aceptar la renuncia, rechazarla o dejarla en suspenso para facilitar nuevas negociaciones.
El bloqueo se produjo durante una reunión nocturna del Consejo de Ministros restringido, en la que quedaron de manifiesto las profundas diferencias entre los cinco partidos que integran la coalición gubernamental.
Cinco partidos divididos por los recortes
El Ejecutivo está formado por la Nueva Alianza Flamenca (N-VA), liderada por De Wever; el Movimiento Reformista (MR), de orientación liberal francófona; los centristas de Les Engagés; los democristianos flamencos del CD&V y los socialistas flamencos de Vooruit.
Aunque todos reconocen la necesidad de sanear las finanzas públicas, discrepan sobre cómo distribuir el esfuerzo.
El MR se opone a una mayor presión fiscal y defiende una reducción más pronunciada del gasto. Vooruit y Les Engagés, por su parte, reclaman una contribución más importante de las rentas y los patrimonios elevados, además de preservar determinadas partidas sociales.
Entre las medidas examinadas figuraban un aumento de un punto del impuesto sobre el valor añadido (IVA), rechazado por los liberales, recortes en sanidad, cuestionados por los socialistas, y una posible congelación de la indexación automática de salarios y prestaciones sociales.
Ninguna de estas propuestas consiguió reunir el respaldo necesario.
El déficit y la deuda, en el centro de la disputa
De Wever considera imprescindible alcanzar un ajuste de 10.000 millones de euros hasta 2029 para contener el déficit y evitar un mayor deterioro de las finanzas públicas.
Algunos socios plantearon reducir ese objetivo a 8.000 millones, pero el primer ministro rechazó la propuesta ante el riesgo de que las agencias de calificación rebajen la nota de la deuda belga.
El problema presupuestario adquiere especial relevancia por el elevado endeudamiento del país, que supera el 110 % del producto interior bruto.
El aumento del coste de financiación de la deuda añade presión a un Gobierno que debe equilibrar sus compromisos europeos con las exigencias sociales y políticas de sus socios.
De Wever también ha rechazado recurrir al sistema de asignaciones mensuales provisionales, que permitiría comenzar 2027 sin un presupuesto plenamente aprobado.
Protestas sociales y una huelga prevista para noviembre
La crisis presupuestaria coincide con un clima de contestación social.
En las últimas semanas, Bélgica ha registrado movilizaciones contra los recortes y diversas políticas públicas, algunas de las cuales terminaron con enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
Una nueva jornada de huelga está prevista para el próximo 23 de noviembre, lo que podría incrementar la presión sobre el Ejecutivo y sus socios parlamentarios.
La disputa no se limita, por tanto, a una negociación contable. Refleja diferencias de fondo sobre el reparto de las cargas fiscales, la protección de los servicios públicos y el papel del Estado en un contexto de restricciones presupuestarias.
¿Qué puede ocurrir ahora?
La presentación de una dimisión no implica automáticamente la convocatoria de elecciones anticipadas.
El rey Felipe puede mantenerla en suspenso mientras los partidos buscan un compromiso, abrir consultas políticas o aceptar formalmente la renuncia. Incluso en este último supuesto, podrían explorarse distintas fórmulas parlamentarias antes de acudir a las urnas.
La evolución de las próximas horas será decisiva para determinar si la coalición logra recomponer sus diferencias o si Bélgica entra en una crisis gubernamental más prolongada.
En cualquier caso, el fracaso de las negociaciones pone de manifiesto la fragilidad de una mayoría que debe conciliar proyectos económicos y sociales considerablemente distintos.
La principal incógnita es si sus integrantes estarán dispuestos a asumir concesiones suficientes para mantener el Gobierno o si las divergencias presupuestarias acabarán provocando su ruptura.