El telescopio Swift de la NASA cae sobre Indonesia tras fracasar una misión para salvarlo

06 novembre 2026 - 07:55

El observatorio espacial se desintegró en gran parte al entrar en la atmósfera terrestre el 4 de noviembre, después de casi 22 años dedicado al estudio de las explosiones más violentas del universo. Un intento de rescate mediante una nave robótica no logró prolongar su vida operativa.

El telescopio espacial Swift de la NASA ha puesto fin a una de las misiones científicas más longevas de la exploración orbital. El observatorio reentró en la atmósfera terrestre el miércoles 4 de noviembre, a las 12:39 GMT, sobre el norte de la isla indonesia de Sumatra, según los datos confirmados por la Fuerza Espacial estadounidense.

La nave, de aproximadamente 1.450 kilogramos, descendió a una velocidad cercana a 22 veces la del sonido. La NASA había previsto que la mayor parte de su estructura se desintegraría debido al intenso calentamiento durante la reentrada, aunque algunos componentes podrían haber sobrevivido y alcanzado la superficie. Hasta el momento no se han comunicado daños materiales ni víctimas.

Una misión de dos años que duró casi 22

Lanzado en noviembre de 2004, el observatorio Neil Gehrels Swift fue diseñado inicialmente para funcionar durante dos años. Sin embargo, permaneció operativo durante casi 22, superando ampliamente las expectativas de sus responsables.

Su principal objetivo consistía en detectar estallidos de rayos gamma, fenómenos extremadamente energéticos asociados, entre otros procesos, al colapso de estrellas masivas y a la fusión de objetos compactos.

Equipado con tres telescopios, Swift podía localizar rápidamente estas explosiones y comunicar sus coordenadas a observatorios terrestres y espaciales, permitiendo estudiar su evolución antes de que desapareciera su resplandor.

Durante su trayectoria registró más de 2.000 estallidos de rayos gamma y alrededor de 1.400 supernovas. Sus observaciones también contribuyeron al conocimiento de los agujeros negros, las estrellas y otros fenómenos astronómicos.

Los datos obtenidos por el telescopio han servido de base para miles de publicaciones científicas.

Un rescate de 30 millones de dólares que no llegó a completarse

Pese a sus buenos resultados científicos, Swift afrontaba un problema imposible de resolver con sus propios medios: la pérdida progresiva de altitud.

El observatorio carecía de un sistema de propulsión que le permitiera elevar su órbita. Además, el aumento de la actividad solar intensificó la resistencia atmosférica a la que estaba sometido, acelerando su descenso.

Ante esta situación, la NASA encargó a la empresa estadounidense Katalyst Space una operación de rescate valorada en unos 30 millones de dólares.

La misión consistía en enviar una nave robótica denominada LINK para aproximarse a Swift, sujetarlo mediante brazos mecánicos y elevarlo a una órbita más estable.

LINK fue lanzada el 3 de julio de 2026, pero sufrió problemas de orientación y control que impidieron completar la maniobra. La operación terminó siendo abandonada y el vehículo de rescate también acabó reentrando en la atmósfera.

Swift realizó sus últimas observaciones científicas el 20 de octubre.

Una pérdida que deja enseñanzas para el futuro

Aunque el intento de rescate fracasó, la experiencia ha puesto de relieve las posibilidades y dificultades de una nueva generación de misiones destinadas a reparar, abastecer o prolongar la vida de satélites en órbita.

Estas tecnologías podrían resultar especialmente importantes ante el creciente número de objetos espaciales y el elevado coste de sustituir observatorios científicos.

El final de Swift plantea también interrogantes sobre la gestión de los residuos orbitales y la seguridad de las reentradas no controladas.

Pero su legado va mucho más allá de las circunstancias de su desaparición. Durante más de dos décadas, el observatorio permitió a la comunidad científica seguir fenómenos cósmicos fugaces y estudiar regiones extremas del universo.

Swift desaparece de la órbita terrestre, pero sus datos continuarán alimentando la investigación astronómica durante años.

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