SpaceX afronta este lunes uno de los vuelos más importantes en la historia de Starship. Después de trece ensayos en trayectorias suborbitales, el gigantesco sistema espacial de Elon Musk intentará alcanzar una órbita terrestre estable, completar unas seis vueltas al planeta y desplegar 26 satélites Starlink de nueva generación. El éxito supondría un salto fundamental para un vehículo concebido para transportar grandes cargas al espacio y llamado a desempeñar un papel clave en los futuros planes lunares de la NASA y, a más largo plazo, en las ambiciones de Musk de llegar a Marte.
Starship despegará desde Starbase, en el sur de Texas, en una ventana de lanzamiento de 75 minutos que comienza a las 12:15 GMT. Con 124 metros de altura, el conjunto formado por la nave Starship y el gigantesco propulsor Super Heavy afrontará su decimocuarto vuelo integrado, pero con una diferencia fundamental: los trece anteriores fueron diseñados para permanecer en trayectorias suborbitales. Esta vez, si las primeras fases se desarrollan correctamente, la nave encenderá de nuevo uno de sus motores Raptor en el espacio para circularizar su trayectoria y entrar realmente en órbita.
La misión durará cerca de diez horas. Starship deberá elevarse hasta aproximadamente 275 kilómetros, completar unas seis órbitas alrededor de la Tierra y desplegar 26 satélites Starlink V3, la nueva generación de la constelación de internet de SpaceX. Después realizará un encendido para abandonar la órbita, atravesará nuevamente la atmósfera y tratará de efectuar un amerizaje controlado en el Pacífico, frente a la costa occidental de Sudamérica.
Mucho más que otro vuelo de prueba
Alcanzar la órbita transformaría el programa Starship. Hasta ahora SpaceX ha demostrado progresivamente el despegue del conjunto, la separación de las dos etapas, maniobras de regreso del Super Heavy y la capacidad de Starship para sobrevivir parcialmente a una reentrada atmosférica. El reto de este lunes consiste en combinar esas experiencias con algo esencial para cualquier sistema espacial operativo: colocar una nave y una carga útil en una órbita estable.
SpaceX tampoco intentará recuperar físicamente las dos etapas. Super Heavy realizará maniobras de regreso antes de dirigirse hacia una zona de amerizaje en el golfo de México, mientras Starship terminará su misión en el Pacífico. La prioridad es obtener datos sobre el comportamiento del nuevo vehículo en vuelo orbital, el despliegue de satélites, la protección térmica y la reentrada.
El estreno de los Starlink V3 añade además una dimensión comercial. SpaceX necesita Starship para desplegar estos satélites, mucho mayores y con una capacidad de transmisión considerablemente superior a las generaciones anteriores. La compañía prevé que, cuando el sistema alcance su plena capacidad, una sola Starship pueda transportar decenas de ellos en cada lanzamiento.
La Luna antes que Marte
La importancia del vuelo trasciende los planes empresariales de Musk. La NASA ha elegido una versión modificada de Starship como uno de los sistemas destinados a llevar astronautas desde la órbita lunar hasta la superficie de la Luna dentro del programa Artemis. Antes de llegar a ese punto, SpaceX tendrá que demostrar capacidades mucho más complejas: vuelos orbitales fiables, reutilización rápida, encuentros y acoplamientos en el espacio y, especialmente, transferencia de grandes cantidades de combustible entre Starships en órbita.
La NASA prevé probar una versión del futuro módulo lunar Starship durante la misión Artemis III, programada para 2027, mientras el regreso de astronautas a la superficie lunar está actualmente previsto a partir de 2028. Marte representa un horizonte mucho más lejano. Musk concibe Starship como la pieza central de una futura arquitectura capaz de transportar personas y grandes cantidades de carga al planeta rojo, pero esos objetivos continúan dependiendo de numerosos avances tecnológicos todavía por demostrar.
Por eso, la prueba de este lunes constituye una frontera para el programa. Antes de poder aterrizar en la Luna o emprender el viaje hacia Marte, Starship tiene que demostrar algo mucho más inmediato: que puede convertirse en una verdadera nave orbital.