Desde la misma mañana del accidente, Vox y una constelación de grupos extremistas compiten por mostrarse más duros contra el Gobierno. Falange y Revuelta llevaron a la calle llamamientos al alzamiento. Abascal habla de organización criminal y su partido se querella contra Puente. Los politólogos ven un patrón ya ensayado tras la dana y los incendios, ahora ejecutado a mayor velocidad.
Pasadas las 20:00 del miércoles, día del accidente de Urda (Toledo), más de mil personas se concentraron junto al Ministerio de Transportes en Madrid. Las convocaban Falange, heredera directa del fascismo español, y Revuelta, una asociación vinculada en sus orígenes a Vox que, según El País, utiliza argumentos raciales en sus mensajes xenófobos. Entre rostros tapados y ropa negra, la multitud coreó «Óscar Puente, asesino» y otros insultos contra el PSOE y Pedro Sánchez. Tras el lanzamiento de bengalas y el agolpamiento contra el cordón policial, los agentes cargaron.
El presidente de Democracia Nacional, Pedro Chaparro, calificó lo ocurrido de matanza y llamó abiertamente a la insurrección. «Señores, hay que alzarse», gritó. El líder de Revuelta, Pablo González, difundió un vídeo en el que imputaba al Gobierno las víctimas de Urda, de Adamuz y de la dana de Valencia. Todo ello ocurría mientras los equipos de emergencia seguían rescatando cuerpos entre los vagones y las familias aguardaban noticias en Toledo.
Del sindicato de Vox a los supremacistas
A la misma hora, Solidaridad, el sindicato de Vox que encabeza el exdirigente neonazi Jordi de la Fuente, se concentraba en Cibeles con el lema «La corrupción mata». Allí, el portavoz de Vox José María Figaredo acusó al Gobierno criminal de haber provocado los accidentes de Adamuz y Urda y le exigió que se pusiera a disposición judicial. En Barcelona, Reconquista, una organización integrada en el movimiento supremacista blanco europeo y próxima a Vox, convocó ante el Ayuntamiento. Una de sus caras visibles escribió en redes que la agenda del PSOE es matar gente.
Santiago Abascal había marcado el camino desde primera hora del miércoles. Calificó al Gobierno de organización criminal y atribuyó el accidente a que el dinero del ferrocarril se había gastado en prostitución, mordidas y joyas. Desde entonces ha endurecido su discurso hasta rebautizar al ministro como «Óscar Muerte». Vox fue el único partido que no suspendió su campaña durante el luto oficial, se personará en la causa y ha presentado una querella ante el Supremo contra Puente por homicidio y lesiones por imprudencia grave. La investigación judicial, por ahora, se centra en una orden errónea desde el centro de control de Atocha.
Un guion ya ensayado
Los expertos describen un patrón conocido. La politóloga Anna López, autora de La extrema derecha en Europa, identifica tres fases: deslegitimación del Gobierno y del sistema, desinformación y explotación emocional de la tragedia. Es el mismo ciclo visto tras la dana de 2024 y los incendios de 2025, pero esta vez ejecutado «a mayor velocidad», para fijar los mensajes cuando la audiencia está más vulnerable. Junto a Vox compiten Se Acabó La Fiesta (SALF), de Alvise Pérez, Hazte Oír y una galaxia de grupos extraparlamentarios.
El sociólogo José Miguel Rojo, coautor de la Encuesta Nacional de Polarización de la Universidad de Murcia, sostiene que Vox usa la crisis para diferenciarse del PP. Mientras los populares reclaman rendición de cuentas, la ultraderecha proclama que todo es un caos y dirige la frustración no contra un Gobierno, sino contra el sistema. El terreno es fértil, porque solo un 19,4% de los españoles se declara satisfecho con el funcionamiento de la democracia, según el CIS.
El enfado como combustible
Lluís Orriols, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III, cree que la tragedia reúne las condiciones idóneas para erosionar al Gobierno, aunque es prudente sobre si el beneficio será para el PP o para Vox. Sí detecta un caldo de cultivo de antipolítica, desconfianza y desafección que favorece a la ultraderecha. Un sondeo de Metroscopia de la semana pasada sitúa el enfado como la emoción más extendida ante la política (42%), por delante del cansancio (25%) y el miedo (19%).
Vox niega instrumentalizar el duelo y atribuye al Gobierno la filtración de los audios del accidente. Pero la secuencia de los últimos días deja una evidencia difícil de discutir. Mientras el resto de fuerzas suspendía sus actos y la justicia empezaba a reconstruir qué falló en los 22 minutos previos al choque, la ultraderecha ya había dictado su sentencia, había señalado culpables y había llamado a la calle. A cuatro semanas del 29 de noviembre, la tragedia de Urda se ha convertido en su principal argumento de campaña.