La compañía desactivará por defecto sus funciones de IA en las cuentas escolares de primaria y secundaria, aunque los centros podrán volver a habilitarlas. La decisión, que se aplicará progresivamente a escala mundial, reabre el debate sobre la autonomía educativa, la protección de los menores y el creciente poder de las grandes tecnológicas.
Google ha anunciado un cambio significativo en su estrategia de incorporación de la inteligencia artificial al sistema educativo. La compañía desactivará por defecto varias de sus herramientas de IA para los estudiantes de primaria y secundaria, después de recibir críticas por impulsar estas tecnologías en las aulas sin dejar suficiente margen de decisión a las autoridades escolares.
La medida afectará a servicios como Gemini, NotebookLM y Gemini en Classroom, así como a determinadas funciones de inteligencia artificial integradas en el buscador de Google.
Los administradores de los centros educativos podrán activar las herramientas, pero la configuración inicial dejará de favorecer su utilización automática.
Según explicó la empresa a la agencia AFP, los nuevos controles se introducirán primero en Estados Unidos y posteriormente en otros países. Por ahora, no se ha anunciado un calendario preciso.
Un cambio de rumbo ante la presión de las escuelas
La decisión llega después de meses de controversia sobre la presencia creciente de la inteligencia artificial generativa en los entornos educativos.
En agosto, Google había ampliado el acceso a Gemini dentro de Classroom para estudiantes de distintas edades, una iniciativa que suscitó inquietudes entre docentes, familias y responsables políticos.
Las críticas se centraron especialmente en la posibilidad de que los alumnos utilizaran estas herramientas para realizar tareas escolares sin desarrollar por sí mismos las competencias necesarias.
También se plantearon interrogantes sobre la dependencia tecnológica de los centros, la protección de los menores y el papel de las empresas privadas en la organización del aprendizaje.
Google reconoce ahora que las instituciones educativas necesitan mayor capacidad para decidir cómo y cuándo incorporar estas funciones.
La compañía sostiene que los cambios ofrecen más opciones a las escuelas, en lugar de restringirlas.
El buscador de Google, en el centro de la polémica
Uno de los aspectos más controvertidos del anuncio afecta al propio motor de búsqueda.
Los centros que decidan no activar las funciones de inteligencia artificial tampoco podrán ofrecer a sus alumnos la versión habitual de Google Search a través de esos controles escolares.
La empresa argumenta que la búsqueda y la IA se encuentran actualmente tan integradas que no resulta posible separarlas completamente en esa configuración.
Chris Phillips, vicepresidente de Educación de Google, defendió esta posición en declaraciones a The New York Times.
Sin embargo, el planteamiento ha suscitado críticas por limitar la capacidad de elección de los responsables educativos.
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, acusó a la compañía de intentar aprovechar su posición dominante para imponer la inteligencia artificial en las escuelas públicas.
Tanto Nueva York como Los Ángeles habían anunciado iniciativas para restringir el acceso a determinadas herramientas de IA desde dispositivos escolares.
La controversia refleja una tensión más amplia: las instituciones educativas desean aprovechar las ventajas de las nuevas tecnologías sin perder el control sobre las condiciones de su utilización.
Una decisión con alcance internacional
El impacto potencial de esta política es considerable.
Google ocupa una posición central en la infraestructura digital de numerosos sistemas educativos, especialmente en Estados Unidos, donde sus aplicaciones Gmail, Docs y Classroom forman parte de la actividad cotidiana de millones de alumnos y profesores.
Sus ordenadores Chromebook también están ampliamente implantados en los centros escolares.
Según una carta enviada recientemente a la empresa por legisladores estadounidenses, más de 150 millones de estudiantes utilizan Google Classroom en todo el mundo.
Por tanto, las decisiones adoptadas por la compañía pueden influir en las prácticas educativas mucho más allá del mercado estadounidense.
El desafío de enseñar con inteligencia artificial
La discusión no se limita a permitir o prohibir el uso de herramientas generativas.
La inteligencia artificial puede facilitar explicaciones personalizadas, apoyar al profesorado y ayudar a los estudiantes a explorar contenidos complejos.
Pero también plantea riesgos relacionados con la fiabilidad de las respuestas, la privacidad, la evaluación del aprendizaje y la pérdida de autonomía intelectual.
Para los centros educativos, el desafío consiste en establecer criterios pedagógicos claros que distingan entre utilizar la IA como instrumento de apoyo y delegar en ella tareas esenciales para la formación.
La decisión de Google supone un reconocimiento de que la introducción de estas tecnologías no puede depender exclusivamente de las empresas que las desarrollan.
La cuestión de fondo ya no es únicamente qué puede hacer la inteligencia artificial en las aulas, sino quién debe decidir cómo se utiliza y bajo qué garantías educativas.