Del saqueo del 24 de octubre en Barcelona a un Halloween blindado sin incidentes, Blocus ha mostrado cómo unas cuentas en TikTok y Telegram pueden movilizar a cientos de adolescentes. Las detenciones, la respuesta judicial y las dudas sobre el perfil de las identificaciones dibujan un fenómeno que la policía aún no sabe explicar del todo.
La noche del sábado 24 de octubre, alrededor de 500 personas, en su mayoría adolescentes, irrumpieron en el centro de Barcelona en torno a la plaza de Catalunya. Más de 30 comercios fueron saqueados, hubo incendios y la jornada terminó con 133 detenidos, dos de cada tres menores de edad. Detrás de la convocatoria figuraba una marca hasta entonces desconocida, Blocus, que había circulado por TikTok, WhatsApp y Telegram con apariencia de protesta estudiantil. Una semana después, la amenaza de repetir los saqueos en la noche de Halloween llevó a varias ciudades españolas a blindar sus centros urbanos.
El resultado de ese segundo sábado fue el contrario. Barcelona vivió un despliegue policial sin precedentes, con miles de identificaciones y apenas cuatro detenciones a medianoche, ninguna vinculada con Blocus. Desde entonces, los canales del movimiento han enmudecido y no hay nuevas convocatorias activas. El fenómeno deja, sin embargo, preguntas abiertas sobre la facilidad con que se moviliza a menores desde las plataformas digitales, sobre la proporcionalidad de la respuesta y sobre los criterios con que se ha identificado a miles de jóvenes en una sola tarde.
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Una captación diseñada para llegar a las aulas
Según las investigaciones de la Guardia Civil y los Mossos d’Esquadra, la captación comenzaba con vídeos en TikTok y carteles elaborados con inteligencia artificial que incluían códigos QR. Desde ahí, los interesados eran derivados a grupos de WhatsApp y Telegram y, después, a canales privados donde se daban indicaciones concretas para saquear. Los organizadores pedían difundir los enlaces en grupos de clase y otros espacios escolares, lo que explica la rapidez con que las convocatorias llegaron a menores. Los perfiles de TikTok evitaban una llamada explícita y se limitaban a alusiones genéricas al instituto.
Las consignas combinaban camuflaje y planificación. Los mensajes pedían acudir con mochilas, material escolar y pancartas para simular una reivindicación estudiantil, pero también vestir de negro y llevar máscaras para dificultar la identificación. Los dos detenidos en Tenerife utilizaban, según la agencia EFE, herramientas de comunicación cifrada y mapas de actuación para desbordar a la policía. Los Mossos han detectado un centenar de carteles difundidos bajo la marca Blocus desde el 24 de octubre. Todos están escritos en castellano y mezclan elementos incongruentes, como llamamientos a los disturbios junto a esteladas o emblemas de bandas latinas, lo que no permite atribuirlos a un mismo autor.
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Del saqueo del 24 de octubre al Halloween blindado
El balance del primer sábado desbordó a la policía y a los juzgados. De los 133 detenidos, 89 eran menores, y la Fiscalía de Menores de Barcelona necesitó cinco jornadas para tomarles declaración. Ese volumen obligó a reforzar las guardias judiciales y los turnos de abogados de oficio. Para Halloween, la Comisaría General de Información asignó a las convocatorias el nivel 4 de riesgo, el máximo previsto. Los Mossos y la Guardia Urbana filtraron metros y autobuses procedentes del área metropolitana desde las tres de la tarde, y buena parte de los comercios del centro cerró y cubrió sus escaparates con paneles de madera.
El dispositivo funcionó como elemento disuasorio. A medianoche solo constaban cuatro detenciones en Barcelona, ninguna relacionada con Blocus. La consellera de Interior, Núria Parlon, cifró después en 2.264 las personas identificadas en toda Catalunya y destacó las 181 denuncias por tenencia de armas blancas y otros objetos susceptibles de usarse en saqueos. Una decena de menores, algunos de 12 años, fueron trasladados a comisaría hasta que sus padres los recogieron, una medida de protección acordada con la Fiscalía. En Madrid, donde la convocatoria se anuló, se mantuvo un operativo de 200 antidisturbios y 1.700 policías municipales sin que se registraran incidentes.
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Diez detenidos y una respuesta judicial de máximos
Antes de Halloween, la Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos detuvieron a diez personas en Valencia, Catalunya, Bilbao, Tenerife y Málaga, cuatro de ellas menores, por incitar desde canales vinculados a Blocus a cometer saqueos y disturbios. Entre ellas figura el joven arrestado en Picanya y señalado por la Guardia Civil como presunto fundador del movimiento en España, al que se atribuye la creación y administración de grupos de Telegram. Un juzgado de Torrent decretó su prisión provisional sin fianza. Los hechos podrían constituir desórdenes públicos agravados y organización criminal, a expensas de lo que determine la instrucción.
El domingo pasó a disposición judicial otro presunto ideólogo, un joven de 18 años detenido en Barcelona. El juzgado de instrucción número 14 decretó también su ingreso en prisión provisional al apreciar «indicios de conspiración para cometer desórdenes», además de pertenencia a grupo criminal. En la jurisdicción de menores, la Fiscalía ha pedido ocho internamientos y 70 medidas de libertad vigilada, que incluyen la prohibición de acercarse a menos de un kilómetro de cualquier reunión o manifestación. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha anunciado además que se reclamará a los padres el pago de los daños si hay sentencia condenatoria.
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Menores sin perfil marginal ante su primer choque con la justicia
El perfil de los menores detenidos desmonta algunos tópicos. Según fuentes judiciales citadas por El País, no hay casos de extrema vulnerabilidad ni menores extranjeros no acompañados recién llegados, y solo uno estaba tutelado por la Generalitat. La mayoría procede de familias más o menos estructuradas y, salvo siete, ninguno tenía antecedentes. Según los Mossos, un tercio son extranjeros y el resto, españoles. Parlon defendió en el Parlament que «era la primera vez que se comportaban de esa manera» y pidió situar a las familias en el centro de la prevención.
Las motivaciones fueron diversas. Unos acudieron a robar, otros se dejaron arrastrar por amigos y otros fueron a ver qué pasaba. «Me llegó un reel y fui por curiosidad», declaró uno de ellos. Un abogado resume que se entregaron al pillaje «como si estuvieran en un videojuego», una sensación de irrealidad alimentada por la lógica de grabar y compartir. Algunos jueces de menores los abroncaron con dureza durante las comparecencias. Muchos padres ni siquiera sabían que sus hijos estaban aquella noche en el centro de Barcelona y se enteraron cuando no regresaron a casa.
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Un fenómeno sin ideología y con preguntas incómodas
Las fuentes policiales insisten en que no han constatado ideología ni organización extremista detrás de Blocus. Lo describen como «un fenómeno nuevo, sin ideología ni organización» y apuntan a un efecto espejo de los disturbios en Francia, amplificado por el miedo a quedarse fuera. Aun así, los Mossos no descartan ninguna hipótesis, desde una propagación viral espontánea hasta un posible ataque híbrido impulsado desde otro país, una línea que excede las competencias de la policía catalana. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) participó en la reunión de coordinación celebrada en Madrid, y los Mossos comparten información con agencias europeas que afrontan fenómenos similares.
La otra pregunta abierta es la de los criterios de identificación. La CUP ha exigido explicaciones a Interior por las identificaciones masivas de Halloween ante la posibilidad de un sesgo racial. Parlon lo negó con rotundidad y preguntó si alguien podía plantear «sinceramente que se hicieron identificaciones por motivos étnicos». La cuestión sigue siendo pertinente cuando miles de jóvenes son parados y cacheados en el transporte público en una sola tarde. La eficacia disuasoria del dispositivo no exime de rendir cuentas sobre a quién se identificó y por qué, ni de examinar el papel de las plataformas que permitieron convocar a menores sin apenas obstáculos.