Un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos identifica una relación entre la exposición a dos sustancias químicas de larga duración y una mayor incidencia de tumores mamarios con receptores de estrógeno negativos. Los investigadores reclaman nuevas investigaciones antes de establecer una relación causal.
La exposición a determinadas sustancias químicas presentes durante décadas en productos de consumo y en el medio ambiente podría estar relacionada con un mayor riesgo de desarrollar algunas formas agresivas de cáncer de mama. Así lo indica una investigación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), publicada el 5 de noviembre en la revista científica Journal of Clinical Oncology.
El estudio se centra en dos compuestos pertenecientes a la familia de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS: el ácido perfluorooctanoico (PFOA) y el ácido perfluorooctanosulfónico (PFOS).
Estas sustancias, utilizadas históricamente en materiales resistentes al agua, las grasas y las manchas, reciben el nombre de «contaminantes eternos» debido a su extraordinaria persistencia ambiental.
Hasta un 93 % más de incidencia relativa en los grupos más expuestos
Los investigadores analizaron muestras de sangre obtenidas antes del diagnóstico de cáncer, dentro del denominado Sister Study, un amplio proyecto estadounidense sobre factores ambientales y salud femenina.
El análisis específico incluyó a 1.609 mujeres que desarrollaron cáncer de mama y una muestra de comparación de 2.269 participantes. Se midieron las concentraciones de 17 sustancias PFAS.
Los resultados revelaron que las mujeres con mayores niveles de PFOA presentaban una tasa de cáncer de mama con receptores de estrógeno negativos un 67 % superior a la registrada entre aquellas con concentraciones más bajas.
En el caso del PFOS, la diferencia relativa alcanzó el 93 %.
Estas cifras comparan grupos con distintos niveles de exposición. No significan que una mujer expuesta tenga un 67 % o un 93 % de probabilidades de desarrollar cáncer.
Una forma de cáncer especialmente preocupante
Los tumores con receptores de estrógeno negativos no dependen de esa hormona para su crecimiento y suelen presentar características clínicas más agresivas que los tumores hormonodependientes.
Sin embargo, los científicos no encontraron una asociación clara entre los dos contaminantes y la incidencia global del cáncer de mama.
Esta distinción resulta fundamental: los resultados apuntan a un posible vínculo con un subtipo específico de la enfermedad, no con todos los cánceres mamarios.
Los investigadores consideran que podrían intervenir mecanismos relacionados con la actividad genética o el sistema inmunitario, aunque el estudio no permite confirmar ninguna de estas hipótesis.
La prevención ambiental, un nuevo campo de investigación
La investigación, dirigida por Alexandra White, también incorporó un análisis de estudios anteriores que aportó respaldo adicional a la asociación observada, aunque con distintos grados de certeza según la sustancia examinada.
Sus autores reconocen que será necesario ampliar las investigaciones a otras poblaciones y estudiar los compuestos utilizados actualmente como sustitutos de los PFAS más antiguos.
Además, las participantes pertenecían a familias con antecedentes de cáncer de mama, circunstancia que limita la extrapolación directa de los resultados a toda la población.
El trabajo refuerza la necesidad de estudiar los efectos de la contaminación química sobre la salud y de mejorar los mecanismos de vigilancia ambiental.
La principal conclusión es prudente, pero relevante: reducir la exposición a sustancias persistentes podría constituir una vía de prevención que merece ser investigada, aunque todavía no se haya demostrado que esa reducción evite el desarrollo de estos tumores.