Los herederos de Franco facturan medio millón con el ajuar de Meirás

01 novembre 2026 - 08:23

La subasta en Madrid de los objetos que la familia Martínez-Bordiu retiró del pazo coruñés recauda 524.000 euros en dos jornadas, más del doble de su tasación. El maletín del dictador y un joyero atribuido a su hija dispararon las pujas. Los memorialistas denuncian que parte de esos bienes pertenecen por su origen al patrimonio público y reclaman explicaciones a la Abogacía del Estado.

El maletín de cuero marrón salió con un precio de 350 euros y se adjudicó por 19.000 en apenas un par de minutos. Lo compró un pujador que ofreció esa cantidad por internet. Nadie ha garantizado que Francisco Franco llegara a utilizarlo. Aun así, la dedicatoria grabada en letras doradas en su solapa, que lo saluda como Caudillo de España y jefe nacional de Falange, bastó para desatar la puja más tensa. Ocurrió en la subasta que la Galería Magna Art Auctions de Madrid celebró por encargo de los herederos del dictador.

Otra pieza en apariencia modesta protagonizó la segunda jornada. Un pequeño joyero de madera forrado en plata repujada, tasado en 120 euros, se vendió por 14.000. Su valor estaba en el nombre grabado en la tapa, «Carmencita». Ese nombre lo vincula supuestamente con la hija única de Franco y Carmen Polo, la niña para la que se construyó en Meirás una casa de juegos en plena posguerra. El primer día, la avalancha de ofertas de compradores españoles y extranjeros colapsó el servidor de la casa de subastas. La segunda sesión duró ocho horas y terminó cerca de la una de la madrugada.

Precios multiplicados por cien

La subasta reunió 689 lotes, tasados en conjunto en algo más de 207.000 euros, y cerró con una facturación de 524.000. Los objetos ligados a la iconografía del régimen fueron los más disputados, y algunos multiplicaron por más de cien su valor inicial. La fotografía que Juan Carlos I dedicó al dictador en 1970 pasó de 200 a 8.000 euros. En ella aparece al timón de un barco, con la bandera predemocrática al fondo. La imagen conserva intacta la dedicatoria «Al Generalísimo Franco, con mucho cariño y mayor respeto».

El precio más alto lo alcanzó un lote de ocho espingardas marroquíes de los siglos XIX y XX que adornaban el vestíbulo del pazo. Partía de 2.500 euros y se lo llevó un pujador internacional por 20.000. El pergamino con el árbol genealógico de Franco se vendió por 4.250 euros. El armario con el yugo y las flechas subió de 700 a 3.000, y un tapiz pasó de 850 a 9.000. La fotografía coloreada de la familia que colgaba en el despacho del caserón de Sada saltó de 80 a 2.250 euros.

Saleros, sábanas y tiestos

El fenómeno alcanzó también al ajuar más prosaico, siempre que llevara el escudo de armas del dictador. La cristalería centroeuropea con copas talladas con ese emblema cuadruplicó su precio hasta los 2.750 euros. El juego de consomé pasó de 150 a 1.500, y las dos licoreras de «su Excelencia» se vendieron por otros 1.500. Los juegos de sábanas bordadas de Franco y Carmen Polo llegaron a los 550 euros. Las piezas sin simbología también encontraron comprador. Se vendieron los toalleros, casi toda la vajilla, el mueble de formica para la televisión e incluso los tiestos.

Los dos lotes de diminutos saleros salían por 50 euros y alcanzaron 600 y 800. El azucarero se pagó a 700. Un trofeo entregado a Carmen Polo en Marbella en 1968 pasó de 80 a 800 euros. El director de la casa de subastas reconoció que muchas de esas piezas «se podrían encontrar en cualquier casa». Su precio no responde a su valor material, sino a la nostalgia franquista. Los herederos han sabido rentabilizar ese mercado con objetos que en muchos casos estaban arrumbados en el pazo cuando el Gobierno de Pedro Sánchez tomó posesión del inmueble.

La denuncia de los memorialistas

Los objetos salieron de Meirás en media docena de camiones de mudanza. El Estado no pudo acreditar su titularidad y la Abogacía del Estado no los reclamó, en contra de lo que pedían los colectivos memorialistas. La Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica de A Coruña (CRMH) calificó la subasta de «espectáculo lamentable e inmoral». La describió como una feria de oportunidades del franquismo cuyos únicos beneficiarios son los herederos. La entidad recuerda que muchos de esos bienes están vinculados, como mínimo, con la etapa de Emilia Pardo Bazán y con la dictadura.

Por ese motivo, sostiene la CRMH, deberían considerarse de dominio público, y advierte de que esos bienes «son imprescriptibles e inalienables». Su presidente, Carlos Babío, identifica en el catálogo un gran aparador del siglo XIX. Según los expertos que consultó, el mueble ya estaba en el pazo en tiempos de la escritora. Salió por 250 euros y nadie pujó por él. Babío conserva además fotografías de principios del siglo XX en las que aparecen las dos armaduras toledanas vendidas por 1.600 euros. Dos de los cuatro torcheros de la escalinata noble, de los siglos XVIII y XIX, tampoco encontraron comprador.

Las advertencias de los memorialistas pudieron influir en que algunas de las piezas más reclamadas en Galicia se quedaran sin comprador o se vendieran por muy poco. La CRMH exige que se explique por qué esos objetos no entraron en los inventarios que la Abogacía del Estado defendió en los procesos judiciales. A su juicio, la subasta atenta contra la integridad patrimonial del pazo y contra el respeto debido a las víctimas del franquismo. También choca, según la entidad, con la declaración del inmueble de Sada como Lugar de Memoria.

Compartir el artículo