Cerca de un millar de objetos que la familia del dictador retiró del pazo coruñés salen a puja en Madrid con precios que ya se multiplican hasta por diez. La demanda la alimentan los nostálgicos del franquismo más que el valor material de las piezas. Las asociaciones de memoria histórica sostienen que parte del lote pertenecía a la casa desde la época de Emilia Pardo Bazán y piden suspender la venta.
La casa de subastas Magna Art Auctions, en la madrileña calle de Núñez de Balboa, se ha convertido en un improvisado santuario del franquismo. Sus salas exhiben los 689 lotes en los que sus especialistas agruparon cerca de un millar de objetos que la familia Franco sacó del pazo de Meirás en julio de 2026, en media docena de camiones y bajo vigilancia. Son los bienes que la Abogacía del Estado no reclamó y que los herederos pudieron llevarse legalmente ante la impotencia de las asociaciones memorialistas.
La puja, prevista para el martes 27 de octubre, no responde a la lógica habitual del mercado. Los precios de salida oscilan entre 30 y 5.000 euros, pero muchos objetos acumulan ofertas desde la apertura de la exposición y algunos ya se pagan entre seis y diez veces por encima de su tasación. El propio personal de la galería reconoce que no es una subasta normal. Lo que cotiza no es la antigüedad ni el mérito artístico, sino el valor sentimental que les atribuyen los admiradores del dictador. Todo ese dinero irá a parar a sus herederos.
El fetichismo del Caudillo
El catálogo mezcla piezas antiguas con enseres corrientes. Hay toalleros, manteles, vajilla vulgar, vestimentas litúrgicas, misales, cucharillas de caviar, alfombras raídas y sofás vencidos. Junto a ellos abunda la simbología franquista, desde un tapiz repostero con el escudo de la dictadura, que sale por 850 euros, hasta un armario de castaño con el yugo y las flechas, tasado en 700. El retrato de Juan Carlos I con una dedicatoria afectuosa al dictador, fechado en 1970, superó hace días los 1.000 euros.
Las mayores subidas se concentran en objetos íntimos de la familia. Una raqueta Wilson fabricada entre los años cincuenta y setenta, que en Wallapop se encuentra mucho más barata, el viejo juego de palos de golf, el maletín de cuero grabado en oro regalado al Generalísimo, el pergamino con su árbol genealógico o el joyero de plata con el nombre de Carmencita despiertan un interés febril. También se disputan las sábanas bordadas con una F bajo corona ducal, con salida de 180 euros, y ocho espingardas marroquíes del vestíbulo, ofrecidas por 2.500 euros el lote.
Un vestíbulo vaciado
El gran recibidor de Meirás ha quedado casi desnudo. De allí proceden las cuatro figuras torcheras, tallas de madera de los siglos XVIII y XIX que sostienen lámparas, ofrecidas por 2.500 euros cada pareja. El catálogo incluye además bargueños del siglo XVII de hasta 4.500 euros, maquetas de barcos que decoraban la capilla, albarelos de farmacia, relojes antiguos, porcelana china de la dinastía Qing e imágenes religiosas. La pieza más cara es un San Francisco del siglo XVII tasado en 5.000 euros. Estas obras sí atraerán sobre todo a coleccionistas habituales.
La salida de estos bienes contrasta con lo que el Estado logró recuperar. Entre 2022 y 2024, varias sentencias reconocieron la titularidad pública de casi 700 elementos, entre muebles y fondos documentales, porque los peritajes acreditaron que eran patrimonio nacional o que formaban parte de la decoración histórica del pazo antes de 1975. Para los colectivos memorialistas, sin embargo, aquel inventario dejó fuera piezas que nunca debieron abandonar Galicia, y la responsabilidad de ese olvido recae en la Administración.
Piezas de la época de Pardo Bazán
La Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica (CRMH) da Coruña, el grupo que lidera la batalla por Meirás, asegura haber identificado en el catálogo objetos que estaban en el pazo desde hace más de un siglo. Con fotografías históricas e imágenes tomadas en la Granja de Meirás, una construcción intramuros convertida en trastero, defiende que en la subasta hay objetos «que no deberían estar». Su presidente, Carlos Babío, sostiene que las dos armaduras oxidadas, con salida de 500 euros, ya decoraban la casa en el primer tercio del siglo XX, antes de que fuera regalada a Franco tras una cuestación popular forzosa.
Entre los trastos de esa granja, añade la CRMH, se distinguen muebles que ahora figuran en venta, como una cuna antigua tapizada en capitoné rosa (lote 449) o un aparador cajonera del siglo XIX (lote 547), ambos con salida de 250 euros. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), presidida por Emilio Silva, se sumó a la reclamación y pidió formalmente al Gobierno que promueva, a través de la Fiscalía General del Estado, la suspensión cautelar de la puja.
Según la ARMH, los nietos del dictador deben demostrar que esos bienes son «de su propiedad y no fueron regalos a la Jefatura del Estado», ya que en ese caso pertenecerían a Patrimonio Nacional. La asociación cuestiona también la presentación del catálogo firmada por el director de la galería, José Miguel Carrillo de Albornoz, que atribuye al conjunto «un valor superior al intrínseco de los mismos objetos» y lo vincula a la vida de la familia en un pazo que, según escribe, le perteneció durante décadas. Para la ARMH, esa afirmación es «una falsedad que ha quedado demostrada documental y judicialmente».