Una mirada desde México a las crisis de Francia, una conversación con M. Ojeda Revah

01 novembre 2025 - 07:29

El intelectual mexicano Mario Ojeda Revah, licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México y doctor en esta misma disciplina por el London School of Economics, conversa con Clara Riveros sobre la coyuntura francesa y aproxima su mirada a las crisis actuales como resultado de procesos históricos que han llevado al país europeo a la circunstancia actual.

Clara Riveros: Me animo a decir que estoy lista para tener una clase privilegiada de Historia y de Relaciones Internacionales con el profesor de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Mario Ojeda Revah.

En las últimas semanas he entrevistado a algunos historiadores y periodistas del sur del continente para tratar de entender algunas cuestiones y complejidades francesas. Uno de mis entrevistados habló de la “argentinización” de Francia.

De este lado (americano del mundo), donde ahora me encuentro, a veces no se entiende muy bien el sistema francés: cuatro primeros ministros en un periodo tan corto parecen demasiado. Hay quienes responsabilizan al presidente Macron de la coyuntura actual, sostienen que la burocracia del Estado francés es enorme y que el gasto público es excesivo, dicen que continuar con ese modelo no es sostenible, pero, incluso opinan que lo que mantiene a Francia en pie es su credibilidad internacional, de lo contrario el país estaría como hace años estuvieron Italia, Portugal o Grecia. ¿Cómo está viendo la realidad francesa desde México? ¿Cuál es su análisis de la situación de crisis política y social que está experimentando Francia?

Mario Ojeda Revah: Es un tema complejo. La crisis política de la Quinta República Francesa, establecida por el general Charles de Gaulle en plena crisis argelina, implica ver qué ha sido de Francia históricamente. Recordemos que la crisis argelina marca un punto de inflexión y estuvo a punto de hundir a Francia en la guerra civil e incluso llevó a que hubiera amagos de golpe de Estado contra la Cuarta República Francesa que era una república parlamentaria. Había, además, una gran fragmentación política porque era un sistema de representación proporcional a ultranza. Había una gran atomización de fuerzas que llevaron a que esa Cuarta República Francesa fuera muy inestable. De hecho, hubo una sucesión de 21 gobiernos, 21 primeros ministros en tan solo 12 años, casi dos por año, en esa breve vida que tuvo la Cuarta República Francesa, de 1946 a 1958, hubo un llamado in extremis para que Charles de Gaulle fungiera como primer ministro.

De Gaulle pidió plenos poderes. Llamó a un referéndum y por ese referéndum promulgó la Constitución de 1958, vigente hasta la fecha, esa es la Quinta República, el régimen más longevo en los anales de la historia contemporánea francesa, sólo después de la Tercera República Francesa que estuvo en vigor desde 1871 (después de la derrota del segundo imperio francés en la guerra franco-prusiana), hasta 1940 (cuando la Alemania nazi la derrotó de manera fulminante). Tras 12 años de la Cuarta República, Charles de Gaulle obtuvo plenos poderes y estableció la Constitución vigente y la Quinta República.

La actual es una Constitución muy peculiar, es una Constitución sui generis, dado que establece una forma en la que el jefe de Estado, el presidente, tiene unas facultades, unos poderes extraordinarios, entre los cuales están nombrar y remover al jefe de gobierno y al gobierno. Estos poderes del jefe de Estado pasan por encima de la Asamblea Nacional.

El Legislativo, la Asamblea Nacional, tiene ciertas cláusulas de la Constitución de 1858. Pero, el jefe de Estado, el presidente, puede gobernar casi por decreto. En muchos sentidos el Legislativo casi que tiene una función decorativa. El Senado no tiene una representación territorial, recordemos que Francia es un Estado centralista unitario, no es un Estado federal, entonces el Senado es una figura simplemente decorativa en una Asamblea Nacional que es una asamblea de notables sin ningún impacto sobre la gobernanza. Macron ha utilizado estas prerrogativas que le permiten aprobar legislación sin el concurso de la Asamblea Nacional en temas cruciales de la economía.

Véase, en ese sentido, la reforma de las pensiones de 2023 que eleva gradualmente la edad de jubilación en Francia de 62 a 64 años y que ha generado manifestaciones tan violentas y enardecidas, así como enorme rechazo de la izquierda y los sindicatos, pero que el gobierno defiende como reforma clave para ayudar a reducir las deudas de Francia y mejorar la economía en general. Finalmente, el primer ministro, Sébastien Lecornu, debió ceder y ofreció ante la Asamblea Nacional la suspensión de esta reforma de las pensiones hasta después de las elecciones presidenciales de 2027.

Otro elemento a tener en consideración es la pérdida que sufrió Macron en las elecciones legislativas y el ascenso de las fuerzas extremas del espectro político: por una parte, la Agrupación Nacional (RN), de Marine Le Pen y su padre Jean-Marie Le Pen, caracterizados por sus discursos fascistas, racistas, xenófobos y antieuropeos. Aunque ella ha moderado un poco su discurso, sigue siendo un partido de ultraderecha.

Por otra parte, en esta época de dementes, están Jean-Luc Mélenchon, Rima Hassan y todos los demás de la Francia Insumisa en la extrema izquierda. Ya hemos visto lo que son y lo que hacen: antisemitas que han abrazado la judeofobia, el islamismo, el chavismo y todo ello en un país que ha sufrido el terrorismo islamista. Hace pocos días conmemoramos a las víctimas de los atentados del Bataclan, y los demás ataques terroristas perpetrados por yihadistas la noche del 13 de noviembre de 2015, el enésimo atentado terrorista cometido por yihadistas en territorio francés.

Francia hoy está polarizada entre estos extremos que se unen, por ejemplo, en su devoción por Putin y su invasión a Ucrania. El caso de los extremos en Francia ofrece un excelente ejemplo de cómo se tocan en su fanatismo y en su ultramontanismo.

Todos estos elementos y factores entran en escena en la compleja crisis política francesa. Muchos hablan de que se agotó el modelo que data de 1958 y que precisamente se votó en un contexto de gravísima polarización que llevó a que De Gaulle asumiese poderes extraordinarios pero que ahora incluso afecta la democracia porque gobernar por decreto y sin el concurso de la legislatura está en contra del espíritu mismo de la democracia, pero, también visto el extremismo al interior de la Asamblea Nacional y que las fuerzas disolventes, las fuerzas antisistema, los extremos, mantienen la mayoría, mientras que las centristas, como eran antiguamente el Partido Socialista y Los Republicanos, han caído en la irrelevancia, da miedo. Genera temor la kakistocracia, la oclocracia, este Parlamento de agitadores que no buscan diálogo, ni acuerdos racionales, propenden a la disonancia, al bullicio, el estruendo y a las soluciones extremas, al maximalismo.

Agregaría al clima de tensión política y social no solo la proclividad y pulsión hacia la protesta, la movilización social y la violencia, también el componente del islamismo en las décadas recientes ha sido y está siendo muy costoso para Francia. Este es un hecho incontestable.  Francia fue un país muy exitoso en asimilar sucesivas oleadas migratorias, tanto así que se apropiaban de ellas. Los franceses no hablan del español Picasso o del italiano Modigliani, los pronuncian con acento francés y los asimilan como parte de su cultura francesa. Con la inmigración norteafricana y de Oriente Próximo no ha sucedido de esa manera.

C.R.: ¿La integración y el multiculturalismo han mostrado sus límites en este caso?

 M.O.R.: La capacidad de absorción y de integración ha mostrado sus límites aquí. Se ha generado esta población marginal con un alto grado de resentimiento. Ya no son inmigrantes, hay ciudadanos de segundas y terceras generaciones, nacidos en territorio francés que no tienen un sentido de pertenencia hacia su país Francia y son franceses. Trata de hallar un trabajo o de alquilar un departamento, en Francia, llamándote Mohamed o Fatima. Se ha generado un resentimiento enorme. Lo hemos visto en esa película El odio (La Haine) que refleja a esa juventud confinada en los suburbios de París, en estos albergues y unidades habitacionales, marginados y resentidos. En 2005 hubo enorme conflictividad en ese sentido, incendios masivos de automóviles, enfrentamientos con la policía, Nicolas Sarkozy, incluso uso el término «escoria» lo que agregó combustible al incendio.

La marginación, durante décadas, ha generado resentimiento y todo ello se ha visto agravado por el auge islamista, el yihadismo y la radicalización religiosa, incompatibles con los valores franceses y occidentales y responsables de múltiples ataques que han cegado la vida de muchos ciudadanos.

 

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