El intelectual mexicano Mario Ojeda Revah, licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México y doctor en esta misma disciplina por el London School of Economics, conversa con Hoy 24 sobre la política exterior de Estados Unidos al cumplirse el primer año de la administración Trump.
CLARA RIVEROS: El presidente Trump ha amenazado, impuesto o utilizado los aranceles como moneda de cambio con muchos países. No sólo se quejó, sino que ha sido grosero y descortés, por no obtener el Nobel de Paz, mantuvo un comportamiento muy inapropiado con Noruega y con María Corina Machado, restándole dignidad a su cargo. Por otra parte, el delirio de anexionar Groenlandia ha marcado un capítulo aparte en el trato que dispensa a Europa y a la OTAN. Y, por si todo esto fuera poco, ha ido doblegando voluntades para alinear a sus homólogos o al menos lograr que le teman y se plieguen a su deseo de dominar su área de influencia, el hemisferio occidental, por la debilidad manifiesta que exhiben frente a la supremacía y poderío estadounidense. Muchos hablan de la política exterior chantajista del gobierno Trump. ¿Cuál es su opinión a este respecto?
MARIO OJEDA REVAH: Pensé, hace unos meses, que Lula sí tenía el tamaño o la fuerza para resistirlo, pero no ha sido exactamente así. Resulta que los BRICS son unos gigantes con pies de barro. Comparativamente estos países no tienen el poderío militar, económico y tecnológico que sí tiene Estados Unidos. Sorprende, en esa medida, la condescendencia de Trump con Putin y que la guerra de Ucrania no haya terminado. Trump prometió que ese era un asunto muy fácil de resolver. Ucrania no solo enfrenta la amenaza de Putin, también la de Trump que busca forzar una negociación en los términos de Putin y asume una actitud casi que de subordinación con Rusia. Cosa que no se entiende porque la Rusia de Putin no es la Unión Soviética de Brézhnev. Rusia no es la superpotencia. Pero, con algunos, Trump se comporta como un emperador y con Putin es condescendiente.
La situación de Europa en relación con Estados Unidos, sus amenazas arancelarias, su desprecio a la OTAN, su deseo de hacerse con Groenlandia ha complejizado la relación entre estos aliados tradicionales. Europa tiene la posibilidad de imponer sanciones, pero tampoco hay coordinación y los liderazgos de los 27 países que integran la Unión Europea son disímiles. Aunque últimamente sobresalen Alemania e Italia con Giorgia Meloni, quien ha mostrado mucho más pragmatismo del que pudiera esperarse.
El clima que se originó tras la captura de Maduro afianzó a Trump en su sentir de omnipotencia para hacer cosas inimaginables. La doctrina Donroe es su fiel reflejo. Tal vez por esto mismo la reacción de Canadá, hablando de una coalición de potencias medias, ha sido tan celebrada. Hay mucha desmesura, sí. Y, también, una táctica de chantaje.
En relación con Venezuela no parece que su interés prioritario sea la democratización del país, le interesan el petróleo y los negocios, de eso es de lo que se ha hablado.
Hay un interés descarnado sobre los recursos, el petróleo venezolano, las tierras raras y minerales de Groenlandia. Si no funciona la disuasión, entonces emerge la amenaza del uso de la fuerza. De Venezuela se ha hablado como reducida a un protectorado, ya ni siquiera como Puerto Rico, un estado libre asociado, sino como una especie de protectorado.
La relación y el diálogo con los países de América Latina se dan, hoy por hoy, en unas condiciones de total asimetría. El caso de México es elocuente al respecto. Y no hay alternativa, es un socio fundamental para nosotros. Tenemos relación con otros países y bloques, pero nuestra dependencia de Estados Unidos es absoluta. Cuando llevamos todas las de perder, sería absurdo y ridículo esgrimir el patrioterismo, ¿no? Con mayor razón cuando estamos en la renegociación del Tratado de Libre Comercio que es vital para México.
La cuestión de Groenlandia la ha tratado como un empresario de bienes raíces en el siglo XIX. Groenlandia dependerá de la reacción de los europeos y de si ellos están dispuestos a echar un pulso por defender ese territorio. Viví en Estados Unidos muchos años y, a veces, hablaban de que México le había cedido California a Estados Unidos y ellos habían pagado una cifra, no decían que se hicieron de ese territorio. Y con el manejo del tema de Groenlandia está ocurriendo de modo similar, justificando razones de seguridad nacional y de que el hemisferio occidental es nuestro (de ellos). Ese es el espíritu de la doctrina Donroe, el corolario de Donald Trump a la doctrina Monroe. Y bajo ese paradigma está alineando a América Latina.
No es exagerado hablar de una política exterior chantajista de la administración estadounidense, de una política ‘gansteril’. No tiene contención externa efectiva que lo obligue a moderarse. Ni siquiera China.
C.R.: En ese orden de ideas, ¿cómo definiría el liderazgo del presidente estadounidense?
M.O.R.: Como un gran disruptor. El Estados Unidos de Donald Trump ya no es el faro de la democracia y de ese mundo creado tras la posguerra, no es el mundo de las instituciones internacionales y el sistema de reglas. Todo ha ido hacia el unilateralismo, al autoritarismo y a los negocios, a la negociación desde la amenaza.
Desde que acabó la guerra de Vietnam, es decir, hace 50 años exactos, que se cumplieron el año pasado, estoy oyendo acerca de la decadencia de Estados Unidos y el final del imperio. Bueno, no es así. Pero ese Estados Unidos de Trump no va sostener el mundo de reglas que conocíamos y no va a ser un faro de la democracia y los valores liberales. Sí está dispuesto a afianzar su imperio en nuestro hemisferio al precio que estime conveniente y a tenernos como una suerte de vasallos, incluso al propio Brasil o a México. Tampoco los chinos, cuya fortaleza ha sido sobredimensionada o grandemente exagerada, son una contención. China tiene bastantes problemas internos.
Estados Unidos otra vez queda como la gran superpotencia, como el gran poder, sin contrapesos. Se trata de otra etapa unipolar. Hablando de la supremacía de Estados Unidos en términos de coerción y tecnología. Habrá que ver qué sucede con Canadá, la Unión Europea, Australia, Nueva Zelanda y Japón.
C.R.: He visto en las últimas semanas que algunos hablan de Marco Rubio como el nuevo Henry Kissinger, ¿tiene una opinión al respecto?
M.O.R.: Marco Rubio ha tenido protagonismo, sin duda, en lo de Venezuela y ahora con Cuba. Es un tipo inteligente, más competente y mejor preparado, comparativamente hablando, respecto a otros funcionarios del alto gobierno. Pero no he seguido su trayectoria de cerca y no me animaría a hacer una comparación entre Kissinger y Rubio.