El escritor mexicano, Julio Patán, reconocido por su estilo crítico hacia el poder, su mordacidad y sentido del humor para analizar la realidad política y a los políticos, tal y como atestiguan sus libros recientes, Morenadas, Pandemia bizarra y las ediciones de México bizarro, en coautoría con Alejandro Rosas, habla con Clara Riveros sobre la coyuntura latinoamericana.
El periodista cultural y conductor radiofónico y televisivo advierte el impacto que están teniendo los populismos en un contexto de ruptura del modelo democrático liberal en el mundo.
Clara Riveros: ¿Cómo está viendo el panorama populista latinoamericano? A los populismos de izquierda ahora les sumamos los de derecha y seguimos con las dictaduras de siempre…
Julio Patán: El auge o renacimiento de los populismos en América Latina, sin mencionar que somos uno de los inventores del populismo en su nueva oleada, desde el chavismo, ha traído efectos desastrosos para la región. Ahora vemos que ha habido un viraje hacia las derechas también populistas. Vemos a Milei en Argentina, un populista de derechas a todas luces y, también, en otros países está empezando a tener fuerza esta tendencia. Milei sí tiene mucho de populista de derechas, contrarrestando la devastación, hay que decirlo, que provocó el peronismo durante décadas y décadas. En Brasil tuvimos el periodo de Bolsonaro.
Se habla mucho del caso de VOX en España, también está el caso francés y el de la señora Meloni en Italia, aunque creo que en este último caso ha sido una sorpresa menos mala de lo que se esperaba. Pero, dentro de un contexto de ruptura de lo que vamos a llamar pretenciosamente el acuerdo democrático liberal en todo el mundo, se está viendo ahora una especie de corriente en contra, desde la derecha, que está empezando a disipar la influencia de los populismos de izquierda.
Aquí en México somos diferentes. Pero, en América Latina, todo indica que viene una oleada de populismo de derechas fuerte que ya empezó. Ya veremos si es más o menos devastador que el de izquierdas. Si hubiera que apostar, uno se inclinaría a pensar que podría ser algo menos devastador que el de izquierda, por el tipo de relaciones que establecen con el mercado, pero de todas maneras es y será muy negativo. Llegados a este punto tenemos que decir: Éramos felices y no lo sabíamos, con el mundo, vamos a llamarlo, liberal. Básicamente se ha extinguido o le quedan ya muy poquitos puntos de referencia.
C.R.: Y cómo está la situación en casa…
J.P.: Y en México, para aterrizar en este país, fíjate que aquí vamos, no sé si decir un paso atrás o uno adelante en términos de los criterios de devastación democrática. Aquí la izquierda, la izquierda populista, que es lo que es el gobierno de Claudia Sheinbaum y lo que fue el de López Obrador, tiene una fuerza brutal. Publiqué un artículo hace poco a este respecto. No veo cómo vamos a revertir todo el daño que se ha ocasionado. No hay manera, de momento, tienen todos los mecanismos de poder en la mano, tienen complicidades en el Ejército y tienen complicidades en la clase empresarial que ya se empezó a acomodar, con excepciones.
C.R.: En este contexto poco esperanzador, veo con expectativa el cambio de rumbo en Bolivia, es un país en situación catastrófica como se ha visto, arruinado tras la larga etapa masista que muchos compraron con la promesa del socialismo del siglo XXI de iniciar una era de salvación y redención, pero el presidente electo, que no tendrá un camino fácil, parece moderado y razonable…
J.P.: El caso boliviano creo, efectivamente, que es distinto. Da la impresión de que ahí sí estamos frente a un líder más apegado a lo que fue la idea de la democracia en algún momento.
C.R.: No puedo dejar de preguntarle, apreciando su mordacidad y sentido del humor para ver ya no sólo la política mexicana sino la latinoamericana, ¿Cómo está viendo la situación generada por el presidente colombiano y cómo ve al presidente colombiano?
J.P.: ¡El caso Petro! No es la primera vez que vemos a un enfermo mental gobernando en América Latina, pero estas cuotas de delirio, sí creo que son inéditas. Incluso Hugo Chávez con todo lo que decía sistemáticamente en aquel programa diario que tenía, “Aló presidente”, Chávez estando en el clímax de su poder y con todo el dinero del petróleo en sus manos y con un plan de autocracia en esteroides, incluso él era menos delirante en muchas de sus declaraciones que el presidente Petro.
No es que me sorprenda la capacidad de los populistas latinoamericanos para comunicar ‘animaladas’ y, particularmente, de los de izquierda. Hemos visto infinidad de ejemplos. Y, sin embargo, Petro a mí todavía me sorprende de vez en cuando. En México tenemos una expresión refiriéndonos al uso de ‘drogas’. ‘Si no las controlas, no las uses’. Y lo digo porque Petro es absolutamente demencial. Siempre el ejercicio del poder, así como a él le gusta, implica un grado importante de falta de salud mental, ¿no? En el sentido de que el narcisismo es una forma de enfermedad mental. Pero, una cosa es eso y otra cosa es el exceso al que te lleva el ejercicio del poder. A este hombre lo veo, de verdad, delirante en el sentido literal. Y luego tiene esta especie de ‘veta poética’, entonces al delirio le suma una especie de poetización de las tonterías. El cóctel es bárbaro.
No conozco tanto la minucia de la política interna colombiana y no tengo tan claro cómo están los mecanismos y contrapesos de poder y cómo está la oposición. Pero ojalá que puedan contrarrestarlo porque si para nosotros alguien como López Obrador ha sido terriblemente dañino, no quiero pensar lo que puede ser alguien como Petro en el largo plazo para un país como Colombia.
C.R.: Y hablando de locuras, inviabilidad y narcisismo, pasemos a las acciones de Estados Unidos en el Caribe…
J.P.: La nueva forma de intervención norteamericana en América latina me provoca una crisis de conciencia. Desde un punto de vista estrictamente racional, la manera en que Trump está haciendo esto, mandando portaaviones a la zona, hundiendo lanchas que muy probablemente sean en efecto del crimen organizado y del cártel que encabeza Maduro, los amagos de meter tropas norteamericanas para sacarlo del poder, evidentemente no es lo deseable a la hora de enfrentar a un autócrata a un tirano que es lo que es Maduro.
Es una locura lo de Venezuela. Yo hubiera preferido las viejas formas diplomáticas de habilidad política y de relativo respeto al Derecho Internacional. Pero, como te decía en mi anterior respuesta, ese orden ya se acabó o sea que esas formas, en el estadio al que hemos llegado, ya ni aplican o aplican en muy pequeña proporción. Ahora es la bravuconada y el ejercicio descarado del poder, las salidas de tono, en fin, lo que vemos en Putin, en Trump y en los dictadorzuelos latinoamericanos.
En ese contexto no puedo evitar, pero es una cosa que insisto, me provoca culpas, no puedo evitar, cierto regodeo de que alguien incomode mínimamente a un lumpen como Maduro, como Diosdado Cabello y toda la gente que los rodea. O que alguien como Marco Rubio levante la voz contra el régimen de La Habana y que le pongan ‘rapapolvos’, más o menos constantes, al actual gobierno mexicano por su apoyo a Cuba y por todo lo demás. Pero, reitero, esa no es la forma, hablando con racionalidad.
C.R.: Volviendo a casa y hablando de Cuba, he visto que la presidenta mexicana, continúa con la política de AMLO pero incluso es más generosa que su antecesor, en un contexto poco favorable para México…
J.P.: La política exterior mexicana es esquizofrénica como no tengo memoria de que se haya visto antes del sexenio de López Obrador. Vemos, una y otra y otra y otra vez la coquetería, por decirlo menos, con los impresentables de la izquierda populista latinoamericana: en primer lugar, nos hemos dedicado a financiar a Cuba y lo voy a decir con todas sus letras, es repugnante. Me parece inadmisible que usen nuestro dinero para financiar a una tiranía que tiene sometida al hambre, a la miseria y a la bancarrota a toda la población a cambio de que un puñado de militares y de descendientes de la familia Castro se enriquezca. Usan nuestro petróleo, nuestros recursos públicos, en general, para mantenerlos. Me parece nefasto. Eso es algo que también ha dicho el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau.
C.R.: Y a esto viene, también, la reticencia y la negativa de Claudia Sheinbaum de ir a la X Cumbre de las Américas, en Punta Cana, porque Cuba, Nicaragua y Venezuela no fueron invitados. Pero, hay que decirlo, la decisión obedece a que esos países decidieron no formar parte de la OEA. Sin embargo, al gobierno de México no le gustó que se excluyera a esos regímenes… ¿Cómo interpreta y analiza la política exterior mexicana? Por un lado, parece muy pragmática con Estados Unidos, por otro, muy alineada con Cuba. ¿Le funciona ese malabarismo a la presidenta?
J.P.: A ver, López Obrador hacía ‘cumbres bananeras de populacheros de izquierda’ con relativa frecuencia. De sus escasas salidas al extranjero fue a Cuba, a recibir la medalla José Martí, una medalla que comparte literalmente con Aleksandr Lukashenko, dictador de Bielorrusia. Nos hemos negado a condenar la locura de tiranía de Daniel Ortega en Nicaragua. A Maduro lo invitamos una y otra vez a México, se paseaba en coche, haciendo videos estúpidos, diciendo que iba al Palacio Nacional y etcétera. A Díaz Canel lo tuvimos como invitado de honor el Día de la Independencia. Y podríamos continuar.
En efecto, hay una afinidad profunda de Claudia Sheinbaum, como antes de López Obrador y como de una gran parte de la llamada cuarta transformación, con esos regímenes. Es una afinidad natural hacia el ‘bananerismo de izquierda’, hacia el populismo de izquierda.
Lo que pasa es que la posibilidad de mantener a este país con una cierta viabilidad para pagar lo que llaman las ayudas o programas sociales que son multimillonarios, depende de que la economía mexicana sea viable. Si la presidenta Sheinbaum y antes incluso López obrador han tenido la mínima perspectiva pragmática, ¡gracias a Dios!, de entender que eso depende de que estemos conectados con la economía norteamericana, entonces, al mismo tiempo, vemos esa esquizofrenia. La presidenta Sheinbaum dijo ‘no somos la piñata de nadie’. Bueno, sí somos: ‘somos una piñata de Estados Unidos’ y para muchos mexicanos eso es muy bueno. A estas alturas, el gobierno tiene que cuadrar con los americanos y tiene que mantener cierta viabilidad económica y eso depende del tratado de libre comercio.
Este dato es real: la frontera entre México y Estados Unidos es la frontera del mundo donde circulan más productos. No hay ninguna que se le acerque. El negocio entre México y Estados Unidos es de un millón de dólares por segundo. Afortunadamente tenemos populistas de izquierda mínimamente pragmáticos que no dan el viraje chavista porque saben que se tienen que mantener cerca a Estados Unidos y, por lo tanto, tienen esos actos simbólicos en las Naciones Unidas de condenar ‘el bloqueo a Cuba’, que no existe.
Dicen que no somos piñatas, son generosos y le pasan dinero a Cuba, pero, a cambio, cuando Estados Unidos levanta la voz, nosotros metemos mano dura contra el crimen organizado. Estados Unidos nos da la orden de ir a recoger al que sobrevivió de su último bombardeo de lanchas y la Marina mexicana lo hace. Estados Unidos nos pone en orden con el tema de los aeropuertos y nos sentamos a platicar con los gringos. Y les hacemos caso porque si no pues nos carga ‘la chingada’.