Clara Riveros conversa con el escritor e historiador argentino Roberto Azaretto sobre las crisis actuales en Francia. Azaretto es presidente del Club Francés de Buenos Aires, un espacio que define como el lugar de sociabilidad y difusión de la cultura de Francia y centro de encuentro entre franceses y argentinos que honran la herencia que Francia ha legado al mundo y que admiran sus aportes a la construcción del mundo moderno, la Ilustración y los principios de libertad e igualdad que nos son comunes.
Clara Riveros: Mucho se ha hablado en la prensa internacional en estos meses de las sucesivas crisis francesas, de su inestabilidad social, de su caos político y de su crisis económica. ¿Qué ha hecho Francia para llegar a ese punto?
Roberto Azaretto: Hay actualmente una crisis de los liderazgos en todo el mundo y un estado de insatisfacción de las poblaciones de los países que uno considera más desarrollados, más prósperos y con menos problemas, que se podrían llamar incluso “los satisfechos”, comparativamente hablando. Ocurre que cuando uno tiene algo, en vez de festejar lo que se ha logrado, prefiere pensar en lo que no tiene y pedir más.
Pero, por otra parte, es cierto que hay crisis en Francia y que estas crisis se deben a varias razones: primero, hay sectores que se sienten que no han sido suficientemente compensados, es decir, el incremento de la desigualdad ha generado y genera enorme malestar.
Otra situación que genera tensión es el fenómeno migratorio ligado al factor religioso. La sociedad se ha visto sobrepasada en su capacidad de absorber a mucha de esa población inmigrante proveniente del continente africano y de Medio Oriente. No olvidemos que Francia es un Estado laico es un Estado tan laico que incluso cuando el presidente Macron hizo un pequeño gesto, una reverencia en una ceremonia en el Vaticano, fue criticado.
Hay una crisis política además de lo que podríamos llamar los centros, el centro derecha y el centro izquierda, la política se está yendo a los extremos y a la polarización. Y aquí también juegan temas relacionados con el Medio Oriente, las relaciones de fuerza y luchas de poder. Francia tiene una fuerte presencia judía, es la principal comunidad judía de Europa, con un poco menos de 400.000 personas, cifra que contrasta con la presencia de millones de personas musulmanas. Y como se sabe ha habido atentados muy graves perpetrados por islamistas extremistas. Estos hechos han agravado las tensiones y han hecho que la convivencia sea más complicada.
Por otra parte, Francia no ha sabido afrontar los desafíos, ni con los gobiernos de centro izquierda ni de centro derecha, porque no han podido lograr consensos para hacer reformas, dilatando situaciones insostenibles. El aumento de la expectativa de vida y la falta de crecimiento de la población activa hace que sea más difícil sostener pensiones a edades tempranas, entre los 55 y los 60 años. Estos son temas que otros países han ido solucionando y han ido elevando la edad para jubilarse, como en los países escandinavos. Pero en Francia ha sido imposible hacer ese tipo de reformas.
Para decirlo con precisión, a la economía de Francia le está costando sostener su Estado de bienestar, que ha ido construyendo durante décadas, pero que se está haciendo bastante inviable. El Estado francés necesita reformas y, por otra parte, ahora tiene que afrontar el desafío de hacer una mayor inversión en Defensa debido a los peligros que hay en Europa. Hay que tener en cuenta el factor de desestabilización que ha significado el ascenso de Putin y su consolidación y arraigo en el poder ruso desde hace ya 20 años. Y no perder de vista que Putin ha hecho una tarea de financiamiento y apoyo a grupos que pueden sabotear la unidad europea fomentando todas estas tendencias nativistas y anti integracionistas.
C.R.: El presidente Emmanuel Macron proyecta una imagen de moderación con determinación, racionalidad y liderazgo en Europa frente a temas de relevancia global, como la defensa de Ucrania frente a la invasión de Vladímir Putin. El presidente francés se expresa muy bien, tiene un discurso muy sólido en lo que respecta a libertades, derechos humanos y a los valores de Occidente, es un líder que demuestra en sus ideas y palabras, una orientación liberal, principios y filosofía, con las que diría, como ciudadana del mundo, su discurso me representa. Pero, a nivel interno, pareciera que los ciudadanos franceses no sienten lo mismo y no tienen una percepción tan positiva sobre su presidente. Macron no goza de enorme favorabilidad y popularidad, ¿por qué? ¿En qué ha fallado?
R.A.: Emmanuel Macron es tal vez uno de los líderes mundiales con mayor formación académica y con una experiencia también en el sector de las finanzas, la banca, ha hecho una carrera muy importante con empresas y grupos económicos de envergadura. Macron es un hombre liberal, pero que es considerado, de alguna manera, un outsider. Aunque ha formado parte de gabinetes socialistas, él rompió con la clásica polarización de izquierda y derecha, cosa que se había intentado hacer cuatro décadas atrás.
Entonces, la apuesta de Macron se ha dirigido a crear un centro más potente haciendo una mezcolanza de gente de derecha y gente de izquierda, una especie de síntesis entre las posturas liberales y las socialdemócratas para generar ese nuevo centro y despolarizando a la sociedad francesa. Evidentemente no lo ha logrado. En Francia hay sectores extremadamente revolucionarios y utópicos y hay sectores extremadamente conservadores y reaccionarios. Y no estoy hablando en este momento de lo que representa Le Pen, que es otra cosa.
Existe el riesgo de que la próxima elección sea entre Le Pen y Mélenchon, es decir, los sectores de extrema derecha y extrema izquierda. La extrema izquierda está asustando tanto que, por ejemplo, la comunidad judía está más inclinada a votar a la fuerza de Le Pen que a la izquierda, eso era algo impensable porque sabemos de las posturas antisemitas del señor Le Pen y de su hija. Pero el miedo a las posiciones del señor Mélenchon está llevando a esa posibilidad.
C.R.: ¿Cuáles son los desafíos y escenarios posibles para Francia en este contexto?
R.A.: Evidentemente, Macron, además de sus condiciones personales y su formación, se siente más cómodo a nivel europeo. No hay que olvidarse que, en la Unión Europea, Francia es la única nación de la UE que tiene un arsenal nuclear y eso le da un respaldo importante en las conversaciones. Antes lo compartía con el Reino Unido que es la otra potencia europea occidental que tiene armas nucleares, pero Reino Unido ya no está la UE. De cualquier manera, la guerra en Ucrania está llevando a que ambos estén cooperando en la OTAN. Eso le da protagonismo.
Lo que pasa en el orden interno es que la gente no se fija demasiado en los grandes temas del mundo, las cuestiones internacionales, continentales e incluso nacionales. Las preocupaciones pasan por lo cotidiano y lo inmediato. Hay zonas del interior de Francia que se sienten desprotegidas, zonas donde se han perdido servicios ferroviarios, donde no pasa el tren, los pequeños pueblos que se sienten desoídos, las oficinas que cierran. Es decir, reaccionan frente a las consecuencias y el impacto que está teniendo el mundo desarrollado y sus avances, el desarrollo económico que lleva a más concentraciones poblacionales y la situación que comentaba en relación con la crisis del Estado de bienestar que está resultando difícil sostener con la estructura económica actual y las consecuencias que generan las transformaciones tecnológicas.
Un fenómeno interesante de observar es cómo los obreros industriales que eran la base electoral del Partido Comunista hoy son una gran parte de la base electoral de la extrema derecha. Una parte ha ido hacia la extrema izquierda pero una parte sustancial hacia la extrema derecha, con ese lenguaje nacionalista que echa la culpa de lo que pasa a las migraciones externas. Ahora a las de Medio Oriente, pero cuando hubo inmigraciones europeas también sucedió. Francia junto a Suiza y Alemania recibió muchas inmigraciones del sur de Italia, de España y de Portugal, hubo entonces bastantes problemas de convivencia que alteraron el paisaje político.
El principal desafío es lograr un esquema de cooperación política que modere tanto a las izquierdas como a las derechas. Hoy se ve muy difícil y no aparecen figuras del centro. Si la elección fuera el domingo que viene, sin duda, los grupos que siguen a Le pen serían los triunfadores.
Habrá que ver qué pasa en el tiempo que falta y si puede haber solución a esta inestabilidad, pero la situación por ahora es de esta manera. Será inevitable que encaren reformas porque este esquema es insostenible, no es sustentable. ¿Están preparados? Bueno, cuando uno escucha a Mélenchon evidentemente que están muy lejos de ser quienes pueden solucionar los problemas de Francia.