Fernando Petrella es abogado y diplomático, ex vicecanciller y exembajador argentino ante la Organización de las Naciones Unidas, además de ser un ávido observador de la política internacional.
En diálogo con Hoy24, analiza la invasión rusa a Ucrania y advierte que Europa, Estados Unidos y la OTAN deberían comprometerse para poner fin a la guerra. Subraya, en ese sentido, que “Europa tiene que ser consciente de cuál es el pensamiento de Putin”.
Clara Riveros: ¿Cómo ve los eventos recientes en relación con Ucrania? Me refiero al encuentro Putin-Trump en Alaska, celebrado sin un alto el fuego previo, y al encuentro de líderes europeos con Donald Trump en la Casa Blanca en respaldo al presidente ucraniano…
Fernando Petrella: Se trata de una violación flagrante del Derecho Internacional, del Derecho Interamericano y de los principios que América Latina ha defendido en el sistema internacional: la integridad territorial, la solución pacífica de los conflictos y nunca por la fuerza, así como la prohibición del uso de armas de destrucción masiva, muchas de ellas ya vetadas por las normas militares. En consecuencia, la actitud de Putin resulta difícilmente aceptable en términos diplomáticos y de negociación bilateral.
Sin embargo, el presidente Trump, que mantiene una relación de diálogo antigua con Putin, intentó encontrarse con él en Alaska para buscar algún tipo de salida razonable. Aparentemente, eso no ocurrió y el propio Trump informó, de manera muy visible y casi teatral —lo digo sin ánimo peyorativo— a los líderes europeos, relatando durante unos veinte minutos lo sucedido en la reunión de Alaska.
Los líderes europeos, en cierto modo, aceptaron en silencio, salvo el canciller alemán Friedrich Merz (y Giorgia Meloni, quien aparentemente lo respaldó). Merz advirtió que no podría haber un nuevo encuentro sin un cese al fuego previo.
C.R.: Expertos y analistas de Estados Unidos creen que su país debe involucrarse de lleno en respaldo a Ucrania y buscar la victoria. Esta es una visión contraria a la posición asumida por Trump con Vladimir Putin. Putin no se siente obligado a un cese al fuego ni a una búsqueda de paz real y duradera, como muestran los hechos recientes. ¿Cuál es su análisis?
F.P.: Me parece un tema muy complicado. Pero, en respuesta a su pregunta: Europa debería comprometerse, Estados Unidos debería comprometerse, y la OTAN también.
Está claro que eso afectará, en alguna medida, las políticas de bienestar de Europa. Habrá que incrementar el gasto militar, como ya lo ha hecho Reino Unido. Alemania, aparentemente, está por reinstaurar el servicio militar obligatorio, no solo voluntario. Todo esto implica gastos y, dentro de la política de bajo déficit y moneda fuerte que mantienen los europeos, inevitablemente tendrá impacto.
Europa debe ser consciente del pensamiento de Putin. Si uno lee las memorias de Angela Merkel, tituladas Freedom, donde recuerda conversaciones con Putin tras la caída de la URSS, queda claro que Putin busca extender no tanto sus fronteras físicas, sino su área de influencia. Es decir, quiere que Rusia esté rodeada de regímenes políticamente afines o amigos. Este es un gran desafío para Europa. Keir Starmer, primer ministro británico, y Emmanuel Macron, presidente de Francia, ya han conversado sobre la creación de un ejército común y una política de contención compartida. Países vecinos como Polonia o Hungría también tienen motivos serios de preocupación.
C.R.: La política arancelaria del presidente Trump ha desatado muchas reacciones y críticas en el mundo, afectando la imagen global de Estados Unidos. ¿Podría Europa renovar su liderazgo y capitalizar la percepción más positiva de que goza, en contraste con la administración Trump?
F.P.: Europa tiene que asumir un liderazgo, algo que no ha hecho desde hace mucho tiempo. Ya en su primera campaña presidencial, Trump decía —y lo escuchamos mi señora y yo en un acto—: “Si yo pago el 70 % del presupuesto de la OTAN, mientras la OTAN compre armas en Estados Unidos, eso puede ser. Pero si compra aviones en Italia u otros países, entonces ya no me conviene. Tengo déficit con todos ustedes, mientras ustedes tienen superávits con China, por ejemplo”. Trump era consciente, como hombre de negocios, de que la política y los negocios deben mantener cierta armonía.
C.R.: En nuestras conversaciones anteriores usted ha mostrado interés en la cuestión migratoria. ¿Cómo analiza este tema en la coyuntura actual?
F.P.: El fenómeno migratorio es una cuestión de política interna, muy difícil y delicada. La administración Trump ha tomado medidas, Inglaterra también adoptará políticas restrictivas e Italia intenta gestionarlo incluso con campos de refugiados en Albania y otros países.
De fondo, el desafío es generar condiciones en los países de origen para que los ciudadanos vivan dignamente. Ahí el Occidente más rico, junto con los BRICS y los países árabes económicamente poderosos, deberían asociarse para que los africanos no tengan que lanzarse al mar en botes inflables, llegando exhaustos —o incluso muertos— a las costas de Europa, especialmente en la punta de la bota italiana.