El Índice Ibrahim de Gobernanza en África revela avances moderados durante la última década, impulsados por las infraestructuras y el desarrollo humano. Sin embargo, el deterioro institucional de varios de los países más poblados hace que más de la mitad de los africanos viva en Estados donde los indicadores de gobernanza han empeorado.
África ha registrado una ligera mejora en sus niveles generales de gobernanza durante la última década, aunque los progresos económicos y sociales contrastan con un retroceso de los derechos, la participación ciudadana y el Estado de derecho.
Así lo revela la edición 2026 del Índice Ibrahim de Gobernanza en África (IIAG), publicada este sábado 31 de octubre por la Fundación Mo Ibrahim, que evalúa la evolución de 54 países africanos entre 2016 y 2025.
La puntuación media del continente pasó de 49,3 a 50,1 puntos sobre 100, lo que representa un incremento de apenas 0,8 puntos en diez años.
Detrás de esta evolución se esconden importantes diferencias entre países. Mientras 30 Estados mejoraron sus resultados, 23 registraron un deterioro y uno permaneció sin cambios.
El dato más significativo es de carácter demográfico: los países que progresaron representan el 49,6 % de la población africana. Por tanto, más de la mitad de los habitantes del continente reside en Estados cuyos indicadores generales de gobernanza han empeorado.
El peso de las grandes potencias demográficas
El retroceso registrado en países como Nigeria, la República Democrática del Congo y Sudáfrica explica buena parte de esta aparente contradicción.
Por su elevado peso demográfico, el deterioro de sus indicadores tiene consecuencias sobre una proporción considerable de la población africana.
De este modo, aunque una mayoría de países haya mejorado su puntuación, la evolución no resulta igualmente favorable cuando se analiza desde la perspectiva de los ciudadanos.
El informe pone así de relieve la necesidad de distinguir entre los promedios nacionales y la realidad que experimentan las poblaciones.
Seychelles encabeza la clasificación africana
Seychelles ocupa el primer puesto del índice, con una puntuación de 78,6 sobre 100. El archipiélago registra además la mayor mejora de la década, con un incremento de 8,3 puntos desde 2016.
Le siguen Mauricio, Cabo Verde, Botsuana, Sudáfrica y Namibia.
Marruecos figura en séptima posición y accede por primera vez al grupo de los diez países mejor clasificados, por delante de Senegal, Ghana y Kenia.
En el extremo opuesto se sitúa Sudán del Sur, que ocupa el último puesto con 20,4 puntos, seguido de Somalia, con 26,6.
Estas diferencias reflejan la diversidad de situaciones institucionales, económicas y sociales que caracteriza al continente africano.
El desarrollo tecnológico impulsa los avances
Uno de los principales factores de mejora identificados por la Fundación Mo Ibrahim es el progreso en las infraestructuras y en las condiciones que favorecen las oportunidades económicas.
Durante la década analizada, la categoría de infraestructuras aumentó 7,7 puntos, impulsada especialmente por la expansión de las tecnologías de comunicación.
El acceso a Internet mejoró 10,2 puntos, mientras que las comunicaciones móviles avanzaron 16,8 puntos.
Estos resultados reflejan una transformación importante en la conectividad africana, con efectos potenciales sobre la actividad económica, la educación, los servicios y las comunicaciones.
El desarrollo humano también contribuyó a sostener la evolución positiva de la puntuación continental.
No obstante, el informe advierte de que estos avances no han ido acompañados de mejoras equivalentes en otros ámbitos fundamentales de la gobernanza.
Retroceso del Estado de derecho y de las libertades
La principal señal de preocupación procede de los indicadores relacionados con las instituciones democráticas y los derechos ciudadanos.
La categoría de seguridad y Estado de derecho registró un descenso de 1,7 puntos durante el periodo 2016-2025.
Por su parte, la categoría de participación, derechos e inclusión retrocedió un punto.
El deterioro más pronunciado corresponde a la participación ciudadana, cuya puntuación cayó cinco puntos, el mayor descenso entre las subcategorías evaluadas.
La Fundación Mo Ibrahim vincula esta tendencia con las restricciones a la libertad de expresión, la reducción del espacio de actuación de la sociedad civil y las dificultades para garantizar una rendición de cuentas efectiva.
El contraste es significativo: mientras las sociedades africanas amplían sus capacidades tecnológicas y económicas, numerosos países experimentan dificultades para consolidar instituciones abiertas y mecanismos efectivos de participación pública.
Siete países registran un deterioro acelerado
El informe identifica una evolución especialmente preocupante en Burkina Faso, Guinea, Guinea-Bisáu, Mozambique, Níger, Sudán y Túnez.
Estos siete países presentan un deterioro acelerado de sus indicadores de gobernanza.
La inestabilidad política, los conflictos y las debilidades institucionales figuran entre los factores que pueden contribuir a estas tendencias.
Sin embargo, la relación entre las crisis políticas y la calidad de la gobernanza es compleja, ya que también intervienen factores económicos, sociales e históricos.
El estudio recuerda, en este sentido, que la estabilidad institucional y la capacidad de garantizar servicios públicos eficaces constituyen elementos esenciales para el desarrollo sostenible.
El gran desafío: convertir el progreso económico en bienestar institucional
El balance de la última década muestra que África dispone de importantes capacidades de transformación, especialmente en infraestructuras, conectividad y desarrollo humano.
Sin embargo, los avances materiales no garantizan por sí solos una mejora de la calidad institucional.
El fortalecimiento del Estado de derecho, la protección de las libertades públicas y la ampliación de los espacios de participación siguen siendo desafíos centrales para numerosos países.
La evolución de los grandes Estados demográficos adquiere, además, una importancia decisiva para el futuro del continente, debido a su influencia sobre el balance general de la gobernanza africana.
El Índice Ibrahim de 2026 dibuja así una África de progresos desiguales: más conectada y con mayores oportunidades de desarrollo, pero enfrentada a dificultades persistentes para consolidar instituciones sólidas, garantizar los derechos ciudadanos y traducir el crecimiento en una mejora sostenida de la gobernanza.