El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, arrancó este fin de semana una gira por México con una doble intención: respaldar la proyección cultural de Cataluña en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara y volver a tejer hilos institucionales en un país que ocupa lugar simbólico en la memoria del exilio republicano.
Nada más aterrizar en Ciudad de México, Illa acudió al histórico Orfeó Català de Mèxic, fundado en 1906, una institución que preserva lengua y tradiciones como si fueran patrimonio vivo lejos de casa. El viaje comenzó así donde la política se acerca a la cultura sin intermediarios, en el terreno de la diáspora.
Este domingo figuraba en la agenda un acto de memoria en la Casa del Risco con familiares de exiliados y residentes catalanes en México, junto a Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del expresidente Lázaro Cárdenas, el hombre que abrió las puertas del país a los republicanos españoles. El gesto conecta gestión y recuerdo, administración presente e historia que aún interpela.
La agenda se desplaza el lunes a Guadalajara. Allí, Illa se reunirá con el gobernador Pablo Lemus y abrirá el espacio de Cataluña en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde Barcelona comparece como ciudad invitada. La FIL, el mayor escaparate del libro en español, reúne unas 3.000 actividades, 800 autores de más de treinta países y acaricia el millón de visitantes. Política cultural, en suma, a escala industrial.
La estancia incluye encuentros con editores catalanes y una visita al Centro de Análisis de Datos y Supercómputo de la Universidad de Guadalajara, un guiño a la economía del conocimiento. También habrá tiempo para lo simbólico: conversaciones con Eduardo Mendoza y Joan Manuel Serrat, dos nombres que han puesto banda sonora y literatura a varias generaciones.
El tramo final devuelve a Illa a la capital: foro empresarial con cámaras de comercio, intervención ante el Senado y conferencia en la Universidad Nacional Autónoma de México. México como socio económico, escenario cultural y refugio histórico: tres planos en una misma visita.
Más que un periplo protocolario, el viaje dibuja una estrategia de presencia exterior basada en cultura, empresa y memoria. En tiempos de diplomacias ásperas, Illa apuesta por un terreno menos ruidoso y más duradero: el que se escribe en libros, se discute en aulas y se fija en la conciencia de las comunidades. Si la política quiere durar, parece decir Cataluña estos días, debe aprender a hablar el idioma largo de la cultura.