Rusia y Ucrania, la guerra y la paz: conversación con Carel de Rooy

27 août 2025 - 17:49

Carel de Rooy (1952), es consultor y observador de asuntos globales. De origen holandés y radicado en Portugal, desde hace varios años, admite una mayor vinculación o proximidad con América Latina en la medida que creció, estudió y vivió en Brasil la mayor parte de su infancia y adolescencia.

De Rooy cuenta con una dilatada trayectoria como exrepresentante de UNICEF. Su vinculación profesional con esta agencia de Naciones Unidas -ya sea como representante o como consultor-, le permitió recorrer diferentes lugares del mundo, conocer la historia, la política, las sociedades, ver y vivir, de modo directo, diferentes aspectos, la cultura y los hábitos cotidianos, de los lugares en los que tuvo una misión que realizar. Ha trabajado en Rusia y Bielorrusia (2004-2008) y en Ucrania (2015), pero también en países de Asia (Bangladesh, Iraq), África (Costa de Marfil, Nigeria, Guinea Ecuatorial, Angola, Libia, Sudan) y América Latina (Guatemala, Brasil, Colombia, Venezuela) y estuvo designado algunos periodos en Nueva York.

En diálogo con Hoy 24, de Rooy analiza cuestiones de fondo en la invasión rusa a Ucrania y advierte, de entrada, que los hechos actuales precisan contexto para su comprensión, en aras de ofrecer una perspectiva que supere los enfoques superficiales de un asunto tan complejo como el que se quiere abordar, pero, nota, que la paz solo se alcanzará a través de “concesiones impopulares” entre las partes implicadas. Esa será, en su criterio, “la única solución”.

Clara Riveros: ¿Cómo está viendo los recientes movimientos en relación con Ucrania? Me refiero al encuentro Putin-Trump en Alaska y la reunión posterior de líderes europeos con el presidente Trump en respaldo al presidente ucraniano.

Carel De Rooy: Con mi respuesta presentaré hechos históricos y recientes y luego mi interpretación/conclusión. Comienzo con un relato histórico cuyo propósito es explicar, pero nunca justificar, la invasión rusa de febrero de 2022. Luego informo sobre las recientes reuniones de líderes europeos con Trump.

La nación de la Rus de Kiev fue fundada en el siglo IX. Fue el núcleo eslavo oriental el que dio lugar a rusos, ucranianos y bielorrusos. Kiev era el centro político y cultural, de ahí el fuerte apego emocional de los rusos a Ucrania.

En 1783, Catalina II arrebató la península al Imperio Otomano y Crimea se convirtió en una región estratégica rusa en el Mar Negro. Con la creación de la Unión Soviética en 1922, Ucrania se incorporó como una república socialista soviética. Moscú mantuvo el control político y militar.

En 1932-1933 tuvo lugar el Holodomor, que fue la hambruna causada por las políticas de Stalin con la colectivización de las tierras en Ucrania. Hubo entre tres y cinco millones de muertes y un profundo trauma en las relaciones. La región fue repoblada por rusos que también se sintieron atraídos más tarde por la industrialización y las minas de carbón en el este de Ucrania. En 1954, Nikita Khrushchev transfirió Crimea a Ucrania.

En 1991 asistimos al colapso de la URSS y Ucrania declaró su independencia. Rusia mantuvo la Flota del Mar Negro en Sebastopol (Crimea).

En 1990-1991, Baker y Gorbachov hicieron un acuerdo verbal que implicaba la unificación de Alemania, la retirada de las armas nucleares de Ucrania y Kazajstán, así como el “no avance de la OTAN hacia el este”. La última parte del acuerdo, fundamental para Rusia, no se cumplió.

En 2004, tuvo lugar la Revolución Naranja en Ucrania, con protestas contra el fraude electoral y el ascenso del gobierno prooccidental de Viktor Yuschenko. Con ello, Moscú perdió influencia política en Kiev. En 2010, Viktor Yanukovych regresó al poder y Moscú volvió a tener influencia política en Ucrania. En 2013-2014, el Euromaidán, provocado por el levantamiento popular, con apoyo de Occidente, tras la negativa a un acuerdo con la UE, provocó la caída de Yanukovych, que huyó. Rusia reacciono anexionando Crimea (2014).

Siguieron los Protocolos de Minsk I y Minsk II en 2014 y 2015, con la mediación de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) (separatistas de Ucrania, Rusia, Donetsk y Lugansk). Se buscaba un alto el fuego, la retirada de armas pesadas, la descentralización de Ucrania, elecciones locales en Donetsk y Lugansk, una reforma constitucional en Ucrania que diera un estatus especial al Donbass, la restauración del control fronterizo al gobierno ucraniano. El resultado: rápidamente se rompió el acuerdo y la lucha continuó.

Entre 2015 y 2019 se implementó el «Formato de Normandía» (Alemania, Francia, Rusia, Ucrania) con reuniones periódicas entre líderes (Merkel, Hollande/Macron, Poroshenko/Zelensky, Putin). Hubo un progreso mínimo, pero mantuvieron el diálogo.

En 2019, Zelensky fue elegido presidente de Ucrania. Prometió buscar la paz en el Donbass. Hubo algunos intercambios de prisioneros y retiradas de tropas en puntos específicos. No hubo consenso sobre las elecciones y el control fronterizo. En 2021 las tensiones escalaron. Rusia concentró tropas cerca de Ucrania. Moscú exigió «garantías de seguridad» (que la OTAN no se expandiera más hacia el este, incluyendo Ucrania y Georgia), Estados Unidos y la OTAN rechazaron la propuesta. En 2022 se llevaron a cabo negociaciones de emergencia.

Después de la invasión acaecida en febrero, hubo encuentros en Bielorrusia y Turquía (Antalya, luego Estambul). Las discusiones incluyeron: la neutralidad de Ucrania, la retirada rusa, las garantías internacionales. No hubo acuerdo.

El 15 de agosto de 2025 se llevó a cabo la Cumbre Trump-Putin (Alaska). Trump abandonó su demanda inicial de un alto el fuego inmediato y comenzó a abogar por la negociación de un «acuerdo de paz completo» alineándose con la demanda de Putin. Presentó propuestas como la retirada de las tropas ucranianas de Donetsk, la congelación de las líneas del frente en Jersón y Zaporiyia, el reconocimiento de la anexión de Crimea y la no inclusión de Ucrania en la OTAN. Pero no se han establecido definiciones concretas. Trump no levantó las sanciones contra Rusia e indicó que Zelensky y Ucrania serían responsables de dar forma a los próximos pasos.

El 18 de agosto de 2025 hubo una reunión en Washington: Trump recibió a Zelensky y a los líderes europeos. Zelensky, junto con altos líderes europeos, acudió a la Casa Blanca para buscar refuerzos en la defensa de Ucrania. Trump declaró que Estados Unidos le daría a Ucrania «muy buena protección», lo que indica la voluntad estadounidense de ofrecer garantías de seguridad, no obstante, sin formalizar la membresía en la OTAN.

Todavía no hay un acuerdo formal, pero se ha propuesto una futura cumbre trilateral entre Trump, Putin y Zelensky. Los líderes europeos presentaron un frente unido para persuadir a Trump de que no adoptase una postura prorrusa. Si bien el compromiso de Estados Unidos sigue siendo vago, se consideró una victoria diplomática temprana para Kiev. Un funcionario ucraniano indicó que un primer borrador de garantías de seguridad al estilo de la OTAN, pero sin una adhesión total, podría estar listo pronto.

La guerra ha tenido un impacto devastador en la economía ucraniana con una caída del PIB en el primer año de la invasión de alrededor del 30 % e infraestructuras destruidas: ciudades enteras, puertos, fábricas y redes de transporte resultaron dañadas. Esto dificulta tanto la producción como la exportación. Ucrania ha llegado a depender en gran medida de la ayuda financiera de los países occidentales para mantener en funcionamiento el gobierno y los servicios básicos. Se estima que 45.000 soldados murieron y 390.000 han sido heridos en la guerra.

Rusia se ha visto afectada por fuertes sanciones, pero ha logrado reorientar parte de su economía al vender petróleo y gas a otros mercados, como China e India. Este comercio, sin embargo, ahora está en riesgo debido a las sanciones secundarias impuestas por la administración Trump. El gobierno ruso ha utilizado los ingresos de exportación de energía para pagar los costos militares. Esto significa que la economía rusa, incluso bajo presión, ha podido sostener operaciones militares a través de estos ingresos. Por supuesto, esto tiene un costo a largo plazo, ya que se estima que el 40 % de la economía se destina al esfuerzo bélico, lo que lleva a una menor inversión en otras áreas y una mayor dependencia de socios limitados que el país podría perder.

Mucho peores que las pérdidas financieras fueron las pérdidas humanas con aproximadamente entre 800.000 y un millón de personas que emigraron y un millón de víctimas de la guerra con 250 mil muertos. Este número es absurdamente alto en comparación con los 15.000 muertos en Afganistán en un periodo de 10 años, hecho que ayudo a precipitar la caída de la URSS.

Conclusión: ¡La invasión rusa de Ucrania se explica, sin justificarla nunca! Obviamente, Putin no podría haber hecho esto a pesar de sentirse cada vez más acorralado por Occidente. Zelensky cometió un gran error al hacer promesas difíciles de cumplir e insistir abiertamente, a partir de 2021, en incorporar Ucrania a la OTAN. Una provocación clara y explícita desde la perspectiva rusa. La primera responsabilidad de un jefe de Estado es el bienestar de su pueblo. Zelenky fracasó miserablemente en este sentido.

Occidente (la OTAN, la UE y Estados Unidos) cometió un gran error al permitir que la situación se intensificara hasta el punto de una invasión rusa que podría haberse evitado con la declaración explícita de la no pertenencia de Ucrania a la OTAN, quizás con la adhesión a la comunidad europea.

Putin está acorralado porque tendrá dificultades para justificar las limitadas ganancias de territorio en Ucrania, en relación con la pérdida de tantas vidas y capital humano, equipo militar, además de su principal socio comercial, la Unión Europea. Tendrá dificultades para reconstruir su economía cuando termine la guerra. Ucrania, tendrá probablemente el apoyo del Occidente para su reconstrucción.

La paz, con concesiones impopulares de ambas partes, es la única solución.

C.R.: Hay quienes plantean que Estados Unidos debe involucrarse de lleno en respaldo a Ucrania y ganar la guerra, contrario a la posición asumida por Trump con Putin que le da oxígeno sin que se vea obligado o comprometido a un cese al fuego y a una búsqueda de paz real y duradera. ¿Cuál es su análisis?

C.D.R.: No creo que esta sea la solución. Puede ser una estrategia para presionar a Rusia para que haga la paz con Ucrania. La paz es la única solución viable para ambas naciones, sin embargo, tendrán que hacer concesiones impopulares de ambos lados.

 

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