El acuerdo de Trump con Putin para importar diésel ruso se tambalea tras el desvío de dos petroleros

06 novembre 2026 - 07:55

Dos buques que transportaban combustible ruso hacia Estados Unidos han modificado sus rutas, según el Financial Times. Las sanciones y las dudas legales de los compradores amenazan una operación concebida para aliviar la escasez de diésel, mientras las reservas estadounidenses caen a su nivel más bajo en más de dos décadas.

Washington, 5 de noviembre de 2026. — El acuerdo energético alcanzado por Donald Trump y Vladímir Putin para facilitar el suministro de diésel ruso al mercado estadounidense se enfrenta a obstáculos que ponen en duda su aplicación efectiva.

Según una información publicada este jueves por el Financial Times, dos de los tres primeros petroleros que se dirigían inicialmente hacia Estados Unidos han cambiado de rumbo, en un contexto de incertidumbre jurídica, sanciones internacionales y reticencias de los compradores.

El episodio amenaza con frustrar una de las iniciativas impulsadas por la Casa Blanca para contener el encarecimiento del combustible, especialmente perjudicial para el transporte de mercancías, la agricultura y otros sectores productivos.

Dos petroleros abandonan sus rutas hacia Estados Unidos

Los buques Talisman y Leruo, que transportan diésel ruso, han dejado de señalar la costa atlántica estadounidense como destino.

El Leruo, vinculado a una compañía de Hong Kong y con bandera de Sierra Leona, ha modificado su ruta hacia Brasil.

Por su parte, el Talisman ha entrado en el Mediterráneo y se encuentra frente a las costas de Argelia, donde transmite una señal que indica que espera nuevas instrucciones comerciales.

Un tercer petrolero, el Agioi Fanendes, mantiene su trayectoria hacia Nueva York, aunque tampoco ha confirmado definitivamente el puerto en el que descargará.

Otro buque, el Beast, también figura entre los cargamentos rusos que se desplazan hacia el Atlántico.

Los cambios de ruta no demuestran por sí solos la cancelación del acuerdo, pero evidencian las dificultades para convertir los compromisos políticos en entregas comerciales efectivas.

Las sanciones complican la operación

El entendimiento anunciado en octubre contemplaba una primera liberación de más de 300.000 toneladas de diésel ruso, seguida de suministros adicionales.

Washington flexibilizó determinadas restricciones para facilitar las operaciones, pero la medida no eliminó todas las dificultades legales y financieras.

Algunos petroleros continúan sujetos a sanciones de otras jurisdicciones, mientras bancos, aseguradoras y compradores evalúan los riesgos asociados a estas transacciones.

La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, ha advertido a los operadores portuarios de posibles consecuencias jurídicas si aceptan cargamentos considerados incompatibles con la legislación estadounidense.

La controversia también ha llegado al Congreso, donde legisladores demócratas y republicanos han cuestionado la conveniencia de aliviar la presión económica sobre Moscú mientras continúa la guerra en Ucrania.

Reservas de diésel en mínimos históricos

La incertidumbre sobre los suministros rusos coincide con un deterioro de la situación energética estadounidense.

Las existencias de diésel han descendido por debajo de los 100 millones de barriles por primera vez en más de veinte años, según los datos citados por el Financial Times.

El conflicto con Irán y las perturbaciones de la oferta internacional han contribuido a tensionar el mercado de los combustibles refinados.

Los futuros del diésel han subido más de un 60 % desde el inicio de la guerra contra Irán, mientras los precios en las estaciones de servicio estadounidenses alcanzan niveles especialmente elevados.

El diésel resulta esencial para el transporte, la producción agrícola y numerosas actividades industriales. Su encarecimiento puede trasladarse a los costes logísticos y, posteriormente, a los precios de bienes de consumo.

Un acuerdo de alcance limitado

Incluso si los suministros previstos llegan finalmente al mercado, los especialistas advierten de que su capacidad para reducir los precios sería limitada.

La primera partida anunciada equivale a menos de un día de consumo de diésel del sector estadounidense del transporte.

Además, Rusia afronta sus propias dificultades de producción y abastecimiento, agravadas por los daños sufridos en algunas refinerías y las restricciones impuestas a sus exportaciones.

La operación plantea así una contradicción para Washington: intentar contener los precios internos mediante compras a un país sometido a sanciones por su intervención militar en Ucrania.

Para Moscú, en cambio, las ventas representan una oportunidad de obtener ingresos y recuperar espacios comerciales restringidos por las medidas occidentales.

El futuro del acuerdo dependerá de la disposición de los compradores estadounidenses a recibir el combustible, de la seguridad jurídica de las operaciones y de la capacidad rusa para cumplir sus compromisos. Por ahora, el desvío de los petroleros confirma que la distensión energética anunciada por Trump y Putin está lejos de traducirse en suministros garantizados.

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