El presidente estadounidense cerró la campaña en Washington con un discurso en el que presentó los comicios como decisivos para su agenda política. Sus acusaciones contra el candidato musulmán Abdul El-Sayed vuelven a situar la retórica religiosa en el centro de la confrontación electoral.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este lunes que las elecciones legislativas de mitad de mandato, previstas para el martes 3 de noviembre, son «las más importantes» de la historia reciente del país. En su último discurso de campaña, pronunciado junto al estanque del Monumento a Abraham Lincoln, en Washington, el mandatario arremetió contra la oposición demócrata, cuyos candidatos describió como los más radicales y peligrosos que, a su juicio, se han presentado a unas elecciones estadounidenses.
El acto puso fin a una intensa campaña en la que Trump ha multiplicado sus intervenciones en estados tradicionalmente republicanos, pero donde varias contiendas se han vuelto especialmente disputadas. La cita electoral determinará la composición del Congreso durante los dos últimos años de su mandato y, con ello, la capacidad de la Casa Blanca para impulsar su programa legislativo.
Acusaciones contra los demócratas y polémica por la religión
Durante su intervención, Trump volvió a vincular a determinados candidatos demócratas con el extremismo religioso, llegando a utilizar expresiones como «yihadistas» y «miembros de los Hermanos Musulmanes».
Estas acusaciones, para las que no ha presentado pruebas verificables, han tenido como uno de sus principales objetivos a Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Míchigan. De resultar elegido, El-Sayed podría convertirse en el primer senador musulmán de la historia estadounidense.
La insistencia del presidente en estas afirmaciones ha provocado controversia por el uso de referencias religiosas para desacreditar a un adversario político. La condición musulmana de El-Sayed no constituye, por sí misma, evidencia alguna de vinculación con organizaciones extremistas.
En sus intervenciones de los últimos días, Trump también ha presentado las elecciones como una decisión sobre el rumbo económico, migratorio y político del país. Sus mensajes buscan reforzar la movilización de los votantes republicanos ante unas contiendas que se anuncian competitivas.
El control del Congreso, en juego
Los estadounidenses están llamados a renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 puestos del Senado. También se celebran elecciones para 36 gobernaciones y numerosos cargos estatales y locales.
Los republicanos llegan a esta convocatoria con el control de ambas cámaras, aunque sus mayorías son estrechas. Una modificación del equilibrio parlamentario podría alterar la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, particularmente en cuestiones presupuestarias, política exterior, inmigración y supervisión de la Administración.
Los modelos electorales publicados en vísperas de la votación reflejan un escenario de elevada competencia. Decision Desk HQ, por ejemplo, situaba este lunes en el 84 % la probabilidad de que los demócratas recuperasen la Cámara de Representantes, según su modelo estadístico. Se trata de una estimación sujeta a incertidumbre, no de un resultado electoral.
Un examen político para la segunda presidencia de Trump
Más allá de la distribución de escaños, las elecciones constituyen una prueba del respaldo ciudadano a las políticas desarrolladas durante los dos primeros años del segundo mandato de Trump.
La evolución del coste de la vida, las consecuencias económicas de la guerra con Irán, la inmigración y la política comercial figuran entre los asuntos que han marcado la campaña.
Una mayoría opositora en alguna de las cámaras podría intensificar la fiscalización parlamentaria de la Casa Blanca y dificultar determinadas iniciativas legislativas. En cambio, la continuidad de las actuales mayorías mantendría una configuración institucional más favorable a las prioridades del Ejecutivo, aunque no eliminaría las divisiones internas del Partido Republicano.
El resultado de las urnas también será observado fuera de Estados Unidos, especialmente por sus implicaciones para la política comercial, la seguridad internacional y las relaciones de Washington con sus socios y adversarios.
La jornada del martes decidirá mucho más que el reparto de escaños: determinará el equilibrio de poder entre la presidencia y el Congreso durante la segunda mitad del mandato de Trump.