Un estudio internacional demuestra que una especie de araña saltadora atraviesa dos estados de sueño y recupera parte del descanso perdido. El hallazgo abre nuevas perspectivas sobre la evolución del sueño en el reino animal.
¿Duermen las arañas? ¿Y podrían experimentar algo parecido a los sueños humanos? Una investigación internacional dirigida por científicos de la Universidad de Bonn, en Alemania, ha aportado nuevas respuestas a estas preguntas al demostrar que una especie de araña saltadora presenta dos fases diferenciadas de sueño, una de ellas sorprendentemente similar al sueño REM de los seres humanos.
El estudio, publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se centra en Portia fimbriata, una pequeña araña australiana conocida por sus elaboradas estrategias de caza y su capacidad de aprendizaje.
Los investigadores observaron que, durante el descanso nocturno, estos arácnidos alternan periodos de inmovilidad con episodios caracterizados por movimientos oculares y pequeñas contracciones musculares.
La importancia del descubrimiento reside en que estos comportamientos no parecen ser simples movimientos involuntarios, sino manifestaciones de un estado de sueño regulado.
Una araña con sorprendentes capacidades
La especie Portia fimbriata pertenece a la familia de las arañas saltadoras y alcanza, en su etapa adulta, un tamaño comparable al de una moneda de un euro.
A diferencia de otras arañas que esperan pasivamente a sus presas, esta especie utiliza tácticas de caza especialmente complejas.
Puede imitar las vibraciones producidas por insectos atrapados en una telaraña para atraer a otras arañas y capturarlas.
Sus habilidades de observación y aprendizaje la convierten en un organismo particularmente interesante para estudiar las relaciones entre comportamiento, sistema nervioso y descanso.
Para investigar sus hábitos nocturnos, el equipo científico registró durante varios días y noches la actividad de distintos ejemplares mediante cámaras infrarrojas.
Los animales fueron observados bajo diferentes condiciones de iluminación, lo que permitió analizar sus ritmos de actividad y reposo.
Dos fases de sueño y movimientos semejantes al REM
Los investigadores identificaron dos estados claramente diferenciados durante el descanso.
En uno de ellos, las arañas permanecían relativamente inmóviles. En el otro, mostraban movimientos de las retinas y contracciones de las patas y otras partes del cuerpo.
Este segundo estado recuerda al sueño REM —siglas inglesas de movimientos oculares rápidos—, una fase del sueño humano asociada con una intensa actividad cerebral y en la que suelen producirse numerosos sueños.
Para determinar si las arañas estaban realmente dormidas, los científicos utilizaron estímulos acústicos y midieron sus tiempos de reacción.
Los resultados mostraron que, durante los episodios similares al REM, los animales tardaban más en responder a las perturbaciones externas que cuando estaban despiertos.
Esta reducción de la capacidad de respuesta constituye uno de los indicadores utilizados para identificar el sueño en diferentes especies animales.
Las arañas también recuperan el sueño perdido
Uno de los resultados más reveladores apareció cuando los investigadores interrumpieron el descanso de las arañas.
Durante la noche siguiente, los animales aumentaron considerablemente el tiempo dedicado a la fase semejante al REM.
El incremento fue de aproximadamente un 80 %, lo que indica la existencia de un mecanismo de compensación del sueño perdido.
Este fenómeno, conocido como recuperación del sueño, ya se había documentado en otros animales, pero su observación en arañas aporta nuevas pruebas sobre la complejidad de sus ciclos de descanso.
Los científicos consideran que este comportamiento sugiere que la fase similar al REM cumple alguna función biológica importante.
Sin embargo, todavía no se sabe cuál es exactamente esa función.
¿Significa esto que las arañas sueñan?
La pregunta resulta inevitable, pero los investigadores recomiendan prudencia.
Aunque los movimientos oculares y musculares recuerdan a los observados durante el sueño REM humano, no existen pruebas de que las arañas experimenten sueños.
El estudio tampoco incluyó registros directos de actividad cerebral, por lo que las semejanzas identificadas son principalmente conductuales.
Los científicos pretenden ampliar sus investigaciones a otras especies y estudiar la relación entre el sueño, la memoria y las capacidades cognitivas de los arácnidos.
También desean comprender cómo factores ambientales, como la iluminación artificial nocturna y el cambio climático, pueden modificar sus patrones de descanso.
Una nueva mirada a la evolución del sueño
El descubrimiento plantea interrogantes sobre los orígenes evolutivos del sueño.
Las arañas y los vertebrados pertenecen a linajes muy distantes, con sistemas nerviosos profundamente diferentes.
Que ambos grupos presenten estados de descanso con características semejantes sugiere que ciertos mecanismos del sueño podrían ser más antiguos o estar más extendidos de lo que se pensaba.
También es posible que algunas semejanzas hayan surgido de manera independiente a lo largo de la evolución.
La investigación no demuestra que las arañas sueñen como los humanos, pero sí confirma que su descanso es mucho más complejo de lo que se suponía.
Y abre una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto el sueño constituye una necesidad compartida por animales con cerebros y formas de vida radicalmente distintos?