Ankara ha presentado oficialmente a Feridun Sinirlioğlu como candidato a suceder a António Guterres al frente de Naciones Unidas. El veterano diplomático, actual secretario general de la OSCE, aspira a dirigir una organización marcada por las tensiones geopolíticas y los desafíos del multilateralismo.
Turquía ha entrado oficialmente en la carrera por la Secretaría General de las Naciones Unidas con la presentación de la candidatura de Feridun Sinirlioğlu, antiguo ministro de Asuntos Exteriores y actual secretario general de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
La iniciativa se produce cuando faltan apenas dos meses para que concluya, el próximo 31 de diciembre, el mandato del portugués António Guterres, quien dirige la organización internacional desde enero de 2017.
Según informó la agencia turca Anadolu, el representante permanente de Turquía ante Naciones Unidas, Ahmet Yıldız, entregó la carta oficial de candidatura a los presidentes de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad.
El documento lleva la firma del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, lo que confirma el respaldo institucional de Ankara a su aspirante.
Un diplomático con una larga trayectoria internacional
Feridun Sinirlioğlu, de 70 años, cuenta con una dilatada experiencia en la diplomacia turca y en los organismos multilaterales.
En 2015 ocupó el cargo de ministro de Asuntos Exteriores de Turquía. Posteriormente, entre 2016 y 2023, ejerció como representante permanente de su país ante las Naciones Unidas, una responsabilidad que le permitió conocer de primera mano el funcionamiento de la organización y las negociaciones entre sus Estados miembros.
Desde diciembre de 2024 desempeña el cargo de secretario general de la OSCE, institución dedicada a la seguridad, la prevención de conflictos y la cooperación entre sus Estados participantes.
Esta trayectoria constituye uno de los principales argumentos de Ankara para defender su candidatura a la máxima responsabilidad administrativa y diplomática de Naciones Unidas.
Erdoğan destaca su capacidad para alcanzar consensos
En la carta de presentación, el presidente Recep Tayyip Erdoğan puso de relieve la experiencia internacional de Sinirlioğlu, su conocimiento de las instituciones de Naciones Unidas y su capacidad para favorecer acuerdos entre países con posiciones divergentes.
La candidatura refleja también la voluntad de Turquía de desempeñar un papel más visible en la configuración del futuro liderazgo de la organización.
Durante los últimos años, Ankara ha tratado de consolidar su presencia diplomática en distintos escenarios internacionales, especialmente mediante iniciativas de mediación y su participación en debates sobre seguridad y cooperación.
La presentación de un candidato turco a la Secretaría General de la ONU constituye, en este sentido, una nueva expresión de sus aspiraciones en el ámbito multilateral.
Una sucesión marcada por las tensiones internacionales
La candidatura de Sinirlioğlu se suma a las de otras personalidades que aspiran a suceder a Guterres.
Entre los nombres que han figurado en el proceso destacan Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica, y Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
La elección se desarrolla en un contexto especialmente complejo para Naciones Unidas, cuya capacidad de actuación se ha visto condicionada por las divergencias entre las grandes potencias y la persistencia de conflictos internacionales.
Las dificultades financieras de la organización y los debates sobre la reforma de sus mecanismos de decisión añaden nuevos desafíos para quien asuma la Secretaría General a partir de enero de 2027.
El futuro responsable deberá gestionar tanto las exigencias administrativas de Naciones Unidas como las expectativas diplomáticas de sus Estados miembros.
El Consejo de Seguridad tendrá la última palabra sobre la candidatura
Aunque la Asamblea General es el órgano encargado de nombrar formalmente al secretario general, el Consejo de Seguridad desempeña un papel decisivo en el procedimiento.
Para que un candidato sea recomendado, debe reunir al menos nueve votos favorables entre los quince miembros del Consejo, sin recibir el veto de ninguno de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.
Una vez formulada la recomendación, corresponde a la Asamblea General proceder al nombramiento.
Este sistema obliga a los aspirantes a construir consensos amplios, especialmente entre potencias que mantienen posiciones enfrentadas en numerosos asuntos internacionales.
Por ello, la experiencia diplomática y la capacidad de interlocución de los candidatos adquieren especial importancia durante las consultas.
Turquía busca reforzar su presencia en la gobernanza mundial
La candidatura de Feridun Sinirlioğlu debe interpretarse también en el marco de las ambiciones diplomáticas de Turquía.
Su posición geográfica, sus vínculos con Europa y Oriente Próximo y su participación en diferentes iniciativas de mediación le han permitido mantener canales de interlocución con actores internacionales de orientaciones diversas.
Sin embargo, esas relaciones no garantizan por sí solas el respaldo necesario para alcanzar la Secretaría General.
El candidato turco deberá obtener apoyos que trasciendan las alianzas tradicionales de Ankara y convencer a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de su capacidad para dirigir una organización que exige independencia institucional y equilibrio diplomático.
Con la entrada de Turquía en la competición, la sucesión de António Guterres adquiere una nueva dimensión. La decisión final dependerá de las negociaciones entre los Estados miembros y, especialmente, de la capacidad de los aspirantes para superar las diferencias entre las principales potencias internacionales.