Superciclo electoral europeo: claves de la ofensiva híbrida rusa

21 octobre 2026 - 07:50

Bruselas teme que Moscú multiplique sabotajes, ciberataques y campañas de desinformación ante una cadena de elecciones en una decena de países europeos, entre ellos España. El Kremlin busca erosionar el apoyo a Ucrania y medir la respuesta de la OTAN mientras la ultraderecha afín a Moscú avanza en las encuestas.

La guerra que Rusia libra en Ucrania hace tiempo que desborda sus fronteras. Drones que violan el espacio aéreo aliado, sabotajes en redes ferroviarias, ciberataques contra infraestructuras críticas y campañas de desinformación forman ya parte del paisaje cotidiano de varios países de la Unión Europea (UE). Alemania lo ha comprobado en el aeropuerto de Leipzig y Polonia en sus vías férreas. Los Estados bálticos conviven con incidentes casi constantes. Las instituciones comunitarias atribuyen esta ofensiva a Moscú y temen que alguno de los próximos episodios deje víctimas mortales.

El calendario agrava el riesgo. Una decena de países celebrarán elecciones durante el próximo curso político, y en Bruselas se da por hecho que el Kremlin aprovechará esa ventana para intensificar su presión. «Europa está bajo amenaza», resumen fuentes de la Comisión Europea citadas por El País. El canciller alemán, Friedrich Merz, anticipa «ataques híbridos severos», que los responsables comunitarios consideran inevitables. El objetivo no sería tanto alterar resultados como debilitar la cohesión europea, desgastar el apoyo a Ucrania y comprobar hasta dónde llega la capacidad de respuesta de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

  1. Una guerra sin declarar

La Real Academia define lo híbrido como aquello producido por elementos de distinta naturaleza, y la etiqueta describe con precisión la estrategia rusa. Moscú combina herramientas militares, tecnológicas y propagandísticas para operar en una zona gris donde resulta difícil distinguir la paz de la guerra. Esa ambigüedad es deliberada. Permite golpear sin asumir la responsabilidad de una agresión abierta y obliga a los gobiernos europeos a responder sin certezas plenas sobre la autoría o la magnitud real de cada incidente.

El repertorio incluye incursiones de drones, ataques informáticos, sabotajes, intentos de asesinato y operaciones de desinformación que se activan en cuanto surge una crisis, como ocurrió con Ceuta. La presión arrecia cada vez que se acercan unas elecciones, porque los procesos electorales concentran tensión, polarización y atención pública. Para el Kremlin, desestabilizar a sus adversarios desde dentro resulta más barato y menos arriesgado que cualquier confrontación directa con la Alianza Atlántica, y el eufemismo de lo «híbrido» le concede además un margen de negación muy útil.

  1. Un mapa electoral expuesto

Entre los grandes Estados expuestos, las fuentes europeas señalan a Francia, España, Polonia e Italia. La lista se amplía con Letonia, Eslovaquia, República Checa, Bulgaria, Eslovenia, Estonia, Grecia y Lituania, además de Bosnia y Herzegovina y Serbia en la periferia de la Unión. El riesgo crece con la proximidad a Ucrania, y por eso el flanco oriental concentra buena parte de la preocupación. España, que tiene cita con las urnas el próximo 29 de noviembre, y Polonia, con legislativas previstas para el otoño de 2027, son algunas de las paradas más sensibles del recorrido.

Bruselas considera improbable que Rusia logre modificar resultados dentro de la UE, pero vigila de cerca su entorno inmediato y envió recientemente equipos a los comicios de Moldavia y Armenia. La preocupación tiene también una dimensión política. En Alemania, la ultraderecha prorrusa ganó las elecciones en los länder del Este tras un verano marcado por ataques híbridos. En Francia, la formación ultra de Marine Le Pen, con estrechos lazos con Moscú, encabeza las encuestas para las presidenciales de primavera. El Kremlin no siembra en terreno yermo.

  1. Francia, la vanguardia defensiva

Ningún gobierno ha sido tan explícito como el de Emmanuel Macron. París ha formado un equipo específico ante las «graves amenazas» de injerencia extranjera en las presidenciales y prepara una ley para blindar el proceso electoral. Su agencia estatal Viginum, dedicada a rastrear operaciones de manipulación digital, ya ha identificado varias campañas orquestadas desde Moscú. La experiencia francesa confirma que la injerencia no es una hipótesis de laboratorio, sino una práctica documentada que exige respuestas institucionales concretas y sostenidas en el tiempo.

Macron ha activado además un plan de emergencia nacional para proteger las redes de transporte, energía y telecomunicaciones, los sectores más vulnerables ante un sabotaje. La decisión rompe con la discreción que ha preferido la mayoría de los Estados miembros, que se han preparado sin apenas ruido público. Bruselas sugiere que todos los países con elecciones próximas tienen planes parecidos, en distinto grado de desarrollo. Lo que está en juego en Francia explica esa transparencia. Una victoria de la ultraderecha en primavera alteraría el equilibrio político de toda la Unión.

  1. Italia y Polonia, en primera línea

El jueves pasado, el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano que dirige Antonio Tajani sufrió un ataque informático masivo atribuido al grupo ruso No Name. Llegó horas después de que la portavoz de la diplomacia rusa, María Zajárova, calificara de «malsanos» e «irrespetuosos» unos comentarios del ministro, que no había descartado intentos rusos de interferir en las elecciones europeas. El jefe del Estado Mayor italiano, el general Carmine Masiello, cifra en un 40% el aumento de los ciberataques. «Estamos en guerra. Híbrida, pero siempre es una guerra», advirtió.

El ministro de Defensa, Guido Crosetto, describió como «la punta de un iceberg gigantesco» el caso de espionaje que en julio terminó con la expulsión de dos agregados militares rusos. En Polonia, la escalada por debajo del umbral de guerra abierta ya no es objeto de debate, sino una realidad diaria de sabotajes, ciberataques, desinformación e incursiones aéreas. El primer ministro, Donald Tusk, sostiene que Moscú prepara ataques con drones y misiles contra los países que apoyan a Ucrania, disfrazados de accidentes, para socavar la voluntad aliada de activar la defensa colectiva.

  1. España y la respuesta europea

España guarda silencio, aunque dispone ya de un sistema de alerta temprana, igual que Italia. Durante una reunión con el rey Felipe VI, el presidente finlandés, Alexander Stubb, equiparó la importancia del flanco norte, la frontera de su país con Rusia, con la del flanco sur, marcado por la crisis migratoria y de seguridad en lugares como Ceuta. Stubb sugirió que España puede figurar entre los objetivos rusos durante la próxima campaña. La discreción del Gobierno contrasta con la claridad de París, Roma y Varsovia.

En Bruselas, los embajadores buscan consensuar una caja de herramientas con respuestas coordinadas frente a ciberataques, injerencias electorales y sabotajes. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha anunciado protocolos de emergencia, un consejo de seguridad de la UE todavía pendiente y una Estrategia de Seguridad de la Unión. Las respuestas contundentes corresponderían a la OTAN si se activara el artículo 5, mientras la UE actuaría ante ataques de menor escala. Algunas fuentes deslizan incluso la posibilidad de un contragolpe híbrido contra intereses rusos, una opción que nadie defiende en público.

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