El seísmo provocó derrumbes, daños en infraestructuras y escenas de pánico en la capital. Las autoridades no han confirmado víctimas mortales, mientras las réplicas mantienen en alerta a la población.
Un potente terremoto de magnitud 7,7 sacudió Panamá el viernes 9 de octubre, dejando al menos 27 heridos leves y numerosos daños materiales en varias provincias del país. El movimiento telúrico provocó el derrumbe de estructuras, afectó a carreteras y edificios públicos y desató escenas de pánico en Ciudad de Panamá, donde miles de personas abandonaron sus viviendas y oficinas ante la violencia del temblor.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el seísmo se produjo a las 12:56, hora local, con epicentro a unos 12 kilómetros al oeste-suroeste de Pitaloza Arriba, en la provincia de Herrera, y a una profundidad de 12,6 kilómetros. Su magnitud, estimada inicialmente en 8, fue revisada hasta situarse en 7,7. Las provincias de Los Santos, Herrera, Veraguas y Coclé figuran entre las zonas más afectadas.
Derrumbes y localidades incomunicadas
El Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) informó de 27 personas heridas leves y de daños en viviendas, centros educativos, hospitales, iglesias, edificios administrativos, puentes y carreteras. Las autoridades no habían registrado víctimas mortales en el último balance difundido, aunque continuaban las operaciones de evaluación de daños y asistencia a las comunidades afectadas.
El presidente panameño, José Raúl Mulino, se desplazó a varias localidades afectadas y reconoció la gravedad de la situación. Algunas carreteras quedaron completamente inutilizadas, dificultando el acceso de los servicios de emergencia a poblaciones aisladas.
Entre las localidades más castigadas figura Tonosí, en la provincia de Los Santos, donde numerosas viviendas sufrieron desperfectos y se interrumpieron las comunicaciones terrestres. En poblaciones próximas, los habitantes relataron escenas de destrucción, cortes de electricidad y familias que optaron por permanecer al aire libre ante el temor de nuevos temblores.
El miedo alcanza los rascacielos de la capital
Aunque el epicentro se localizó lejos de Ciudad de Panamá, el terremoto se sintió con intensidad en la capital, caracterizada por sus numerosos edificios de gran altura. El movimiento, que se prolongó durante cerca de un minuto, obligó a evacuar oficinas, hoteles y bloques residenciales.
La inquietud se intensificó con las sucesivas réplicas, algunas especialmente fuertes, que llevaron a numerosos residentes a abandonar nuevamente sus edificios. Las autoridades registraron más de un centenar de movimientos posteriores al seísmo principal, mientras los equipos especializados mantenían la vigilancia sobre las estructuras potencialmente dañadas.
El aeropuerto internacional de Tocumen suspendió temporalmente sus operaciones, lo que provocó desvíos de vuelos y alteraciones del tráfico aéreo. La actividad se restableció posteriormente. Por su parte, el Canal de Panamá, una infraestructura estratégica por la que transita aproximadamente el 5 % del comercio marítimo mundial, mantuvo su funcionamiento habitual.
Solidaridad internacional y ayuda de emergencia
La magnitud del terremoto movilizó rápidamente la solidaridad internacional. Varios gobiernos latinoamericanos expresaron su apoyo a Panamá y ofrecieron asistencia para atender las necesidades más urgentes. Estados Unidos anunció igualmente la movilización de recursos y personal para colaborar con las autoridades panameñas.
El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) anunció una donación de 250.000 dólares destinada a la atención humanitaria inmediata y puso a disposición del país una línea de financiación de hasta 50 millones de dólares para afrontar las consecuencias de la emergencia.
Mientras prosiguen las inspecciones de edificios, carreteras y servicios esenciales, la principal preocupación de las autoridades se concentra en la seguridad de las poblaciones afectadas, la recuperación de las comunicaciones y el riesgo asociado a nuevas réplicas. El balance de daños podría modificarse a medida que los equipos de emergencia consigan acceder a las zonas más aisladas.