La policía del Estado hebreo impidió el domingo al máximo responsable católico en Tierra Santa acceder a la iglesia más sagrada del cristianismo para celebrar el inicio de la Semana Santa, en lo que el Patriarcado Latino de Jerusalén describió como un episodio sin precedentes en siglos. Israel alegó motivos de seguridad derivados de la guerra con Irán, pero revocó la prohibición pocas horas después ante la presión internacional. España convocó este lunes al representante diplomático israelí para trasladarle su protesta formal.
El Ministerio de Asuntos Exteriores español convocó este lunes a la encargada de negocios de Israel en Madrid para trasladarle oficialmente la protesta del Gobierno por lo ocurrido el domingo en Jerusalén: la policía israelí impidió al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de la ciudad —máxima autoridad de la Iglesia Católica en Tierra Santa— entrar a la basílica del Santo Sepulcro para celebrar el Domingo de Ramos, la jornada que abre la Semana Santa en el calendario cristiano. El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, calificó la medida de «muy preocupante» e «inaceptable».
La acción del Gobierno israelí provocó una ola de condenas internacionales de una amplitud poco habitual. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, denunció en sus redes sociales lo que calificó como un «ataque injustificado a la libertad religiosa», exigiendo a Israel «que respete la diversidad de credos y el derecho internacional». El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, revocó la prohibición en la madrugada del lunes tras el caudal de críticas, pero la convocatoria diplomática española y la tensión acumulada entre ambos gobiernos dejaron en evidencia el deterioro de unas relaciones bilaterales ya sometidas a una presión creciente.
La secuencia del incidente
El domingo 29 de marzo, el cardenal Pizzaballa y el custodio de Tierra Santa, fray Francesco Ielpo —el fraile franciscano responsable del cuidado de los lugares santos de Jerusalén—, se dirigían al Santo Sepulcro para oficiar una ceremonia privada de apenas cuatro personas con motivo del Domingo de Ramos. La policía israelí les detuvo en el camino y les obligó a dar media vuelta. El Patriarcado Latino de Jerusalén denunció el incidente en un comunicado conjunto, calificándolo de «manifiestamente irrazonable y desproporcionado» y advirtiendo de que se trataba de «la primera vez en siglos» que los máximos responsables de la Iglesia eran impedidos de oficiar en el lugar más sagrado del cristianismo.
El Gobierno israelí argumentó que las restricciones respondían a imperativos de seguridad vinculados a la guerra con Irán. La oficina de Netanyahu señaló que fragmentos de un misil iraní habían impactado «a pocos metros» de la basílica en días anteriores y que, por ello, se había pedido «temporalmente» a fieles de todas las religiones que no acudieran a los lugares sagrados de la Ciudad Vieja de Jerusalén. La policía israelí precisó que las medidas del Comando del Frente Interno —el organismo militar que gestiona la protección civil en situaciones de guerra— afectaban por igual a judíos, cristianos y musulmanes, y que el aforo máximo permitido en espacios sin refugio antiaéreo era de 50 personas.
El elemento que generó mayor controversia fue, precisamente, que Pizzaballa acudía con solo tres acompañantes, cifra muy por debajo del umbral establecido. El propio embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, señaló que la comitiva del cardenal «estaba muy por debajo» del límite y calificó la decisión de la policía como un «desafortunado exceso». El cardenal, por su parte, atribuyó lo sucedido a «malentendidos», subrayó que el trato fue «muy cortés» y que «no hubo ningún enfrentamiento».
La rectificación forzada de Netanyahu
Pocas horas después del incidente, y ante la cascada de condenas internacionales, Netanyahu publicó en la red social X un mensaje en el que anunció que había dado instrucciones para que se concediera al cardenal Pizzaballa «acceso pleno e inmediato» al Santo Sepulcro. El primer ministro volvió a invocar las misivas iraníes para justificar las restricciones y aseguró que, «tan pronto como se enteró del incidente», ordenó que se permitiera al patriarca «celebrar los servicios religiosos como él deseara».
Este lunes, la policía israelí anunció el establecimiento de un marco de acuerdo con el Patriarcado para las celebraciones de la Semana Santa, que se desarrollarán de forma «simbólica y limitada» en atención al contexto bélico. Las condenas internacionales llegaron desde Italia —cuyo ministro de Exteriores, Antonio Tajani, convocó también al embajador israelí en Roma—, Francia, Hungría, Portugal y Brasil, entre otros países. El papa León XIV expresó su cercanía a «los cristianos de Oriente Medio que sufren las consecuencias de un conflicto atroz» en palabras que los observadores vincularon directamente a lo ocurrido en Jerusalén.
Las restricciones al acceso a los lugares sagrados de la Ciudad Vieja no han afectado exclusivamente al culto cristiano. Según datos verificados por la plataforma Maldita.es, el Muro de las Lamentaciones —el lugar más sagrado del judaísmo— estuvo igualmente cerrado a los visitantes, con acceso limitado a 50 personas. Los musulmanes también encontraron obstáculos para acceder a la Explanada de las Mezquitas durante el Ramadán, y en la noche de Laylat al-Qadr, una de las más sagradas del islam, las fuerzas israelíes bloquearon la Ciudad Vieja impidiendo el acceso de fieles a la mezquita de Al-Aqsa.
PP y Vox, entre la cautela y el silencio
La reacción del Gobierno español fue inmediata, pero la del principal partido de la oposición brilló por su ausencia. El Partido Popular (PP) evitó pronunciarse sobre el incidente, en una postura que contrasta con la condena pública formulada por gobiernos de distinto signo ideológico en toda Europa, incluidos los de Giorgia Meloni en Italia o Emmanuel Macron en Francia. El silencio del PP resulta llamativo en un partido que históricamente ha reivindicado la defensa de los valores cristianos como parte de su identidad.
Vox emitió un mensaje en el que pedía al Gobierno israelí que «explicara y corrigiera» lo ocurrido, si bien enmarcó el incidente en la complejidad de la situación bélica en Jerusalén y señaló que «los cristianos mantienen intacta su libertad religiosa». La respuesta israelí a las críticas de Sánchez fue a cargo del ministro de Exteriores, Gideon Saar, quien en un mensaje en X acusó al presidente del Gobierno español de «no perder nunca la oportunidad de incitar al odio contra Israel» y le recriminó no haber dicho nada cuando un misil iraní impactó junto a la basílica.
Albares rechazó que las razones de seguridad justificaran la medida. «Esto no puede volverse a repetir», declaró el ministro, añadiendo que el culto católico «debe poder celebrarse con normalidad, como se ha celebrado históricamente». El jefe de la diplomacia española denunció que los obstáculos al acceso a los lugares sagrados se venían produciendo para distintos credos desde el inicio de la guerra, y advirtió del riesgo de que el conflicto en Oriente Próximo derive en un «escenario de guerra perpetua» con consecuencias migratorias que llegarán «a las puertas de Europa».