Ola de incendios en España o la desinformación que se propaga junto al fuego

20 août 2025 - 17:48

Las llamas que arrasan España en agosto de 2025 han activado múltiples narrativas desinformativas que van desde teorías conspirativas sobre «élites» que provocan fuegos hasta la culpabilización de vehículos eléctricos como causantes de los siniestros. Con más de 46 grandes incendios forestales registrados y al menos siete fallecidos, los verificadores documentan cómo estas estrategias explotan el desconocimiento técnico para minimizar el papel del cambio climático, mientras las investigaciones oficiales confirman que muchos fuegos han sido provocados por negligencia o intencionalidad, agravados por condiciones meteorológicas extremas que favorecen la propagación.

España arde en uno de los veranos más devastadores de su historia reciente, con 46 grandes incendios forestales que han calcinado decenas de miles de hectáreas y provocado al menos siete víctimas mortales. Sin embargo, junto a las llamas se propaga otra amenaza: un entramado de narrativas desinformativas que explotan la tragedia para sembrar dudas sobre el cambio climático y promover teorías conspirativas que desvían la atención de las causas reales de los siniestros.

En medio de los graves incendios que asolan España este mes de agosto, el debate público se ha llenado de narrativas de desinformación que teorizan sobre las condiciones del fuego obviando el criterio científico. Desde acusaciones genéricas de que «todos» los fuegos son provocados hasta la idea de que se queman intencionadamente montes para recalificarlos, pese a que la legislación restringe esta práctica, pasando por quienes culpan a los coches eléctricos de causar el fuego.

Los verificadores han identificado un patrón claro: cada episodio de calor extremo y cada temporada de incendios activa las mismas estrategias desinformativas, que van desde la manipulación técnica aparentemente sofisticada hasta teorías conspirativas que atribuyen los fuegos a supuestas «élites» que siguen la «Agenda 2030». Esta desinformación no solo distorsiona los hechos, sino que entorpece el debate público en momentos críticos cuando se requieren respuestas basadas en evidencia científica. 

Narrativas falsas que explotan la tragedia

Existe una narrativa de desinformación bastante común que asegura que «la gran mayoría» o «todos» los incendios están siendo provocados, y señala como responsable a una «élite» que sigue «la Agenda 2030». Quienes difunden esta narrativa descartan por completo el papel del cambio climático en el origen del fuego y lo califican como «falso relato». Los datos oficiales confirman que muchos incendios han sido provocados por acción humana, con más de 20 personas detenidas en las últimas semanas. Sin embargo, los desinformadores confunden deliberadamente «provocado» con «intencionado». Una cosa es que las llamas estén provocadas por la acción del hombre y otra diferente, que esa persona tenga la intención de provocar el fuego. Los fuegos provocados también pueden originarse de manera accidental, por negligencia o imprudencia.

La evidencia científica es clara sobre el papel del cambio climático como factor agravante. «Las condiciones de calor extremo y prolongado favorecen un escenario como el actual», declaró Jesús Santiago Notario del Pino. «Esto genera condiciones meteorológicas muy favorables para la propagación del fuego y zonas con alta carga de combustible», explicó Adrián Regos Sanz. La denominada «regla del 30» (temperaturas superiores a 30°C, vientos superiores a 30 km/h y humedad relativa inferior a 30%) se ha dado simultáneamente en múltiples zonas, creando las condiciones óptimas para que los incendios se propaguen con rapidez devastadora.

Entre recalificaciones y mapas manipulados 

Una narrativa particularmente persistente sostiene que los incendios forestales se provocan intencionalmente para recalificar terrenos con fines lucrativos. Esta teoría ignora que los terrenos quemados no podrán cambiar su uso forestal durante, al menos, 30 años según la legislación vigente. La única excepción requiere «razones imperiosas de interés público de primer orden» justificadas en una ley y medidas compensatorias estrictas. La desinformación también ha resucitado las narrativas contra los coches eléctricos, culpándolos de iniciar incendios pese a que los expertos confirman que no son más frecuentes que en vehículos de combustión. El caso del incendio en Xanadú (Madrid) ilustra esta manipulación: aunque mensajes en redes culpaban a un vehículo eléctrico, la Guardia Civil declaró que «parece que se ha descartado» esta hipótesis.

Como ocurre cada verano durante las olas de calor, han circulado mapas de temperatura manipulados o descontextualizados con los que algunos usuarios pretenden hacer creer que el calentamiento global es mentira o está siendo exagerado. En algunos casos comparan mapas que no muestran las mismas variables, como uno topográfico y otro de temperatura, para desinformar. Esta estrategia forma parte del repertorio más amplio de desinformación climática que los verificadores han documentado durante años, utilizando técnicas que van desde el denominado «cambio cromático» hasta la invención de registros históricos falsos para minimizar la excepcionalidad del calor contemporáneo.

Una tragedia real explotada por la desinformación

La magnitud de los incendios de agosto de 2025 es indiscutible. Los datos oficiales muestran que se han registrado 46 grandes incendios forestales, con siniestros como el de Molezuelas de la Carballeda en Zamora (36.576 hectáreas), el de Chandrexa de Queixa en Ourense (4.500 hectáreas) o el de Tres Cantos en Madrid (2.055 hectáreas). La Unidad Militar de Emergencias ha desplegado 3.400 militares, de los cuales 1.400 están en ataque directo, mientras que las evacuaciones han afectado a miles de personas.

Todas estas narrativas no solo distorsionan los hechos, sino que enturbian el debate público incluso en momentos críticos como los vividos durante los últimos incendios forestales, que ya han traído consigo daños materiales y medioambientales, y se han cobrado la vida de al menos siete personas este año.

La desinformación sobre incendios forestales ilustra un fenómeno más amplio: cómo las crisis climáticas y ambientales se convierten en terreno fértil para narrativas que explotan la incertidumbre y el miedo. Mientras España lucha contra las llamas más devastadoras de los últimos años, la sociedad debe también combatir contra la propagación de información falsa que dificulta la comprensión de las causas reales y obstaculiza la adopción de medidas basadas en evidencia científica.

La respuesta a esta doble crisis requiere tanto medios de extinción efectivos como herramientas de verificación que permitan distinguir entre los hechos y las narrativas diseñadas para confundir. Solo así será posible abordar tanto las llamas que arrasan los bosques como la desinformación que contamina el debate público sobre una de las amenazas más graves que enfrenta España en el contexto del cambio climático.

 

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