¿Ha sido el cambio climático el responsable de la última ola de calor en Europa? Hace apenas una década, responder a esa pregunta requería meses de investigación. Hoy, gracias a la ciencia de la atribución rápida, los climatólogos pueden determinar en pocos días hasta qué punto el calentamiento global ha aumentado la probabilidad o la intensidad de un episodio meteorológico extremo.
Esta metodología, desarrollada por la red internacional World Weather Attribution (WWA), compara el clima actual —calentado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero— con un escenario hipotético en el que ese calentamiento nunca hubiera existido.
Una ola de calor «prácticamente imposible» hace 50 años
Tras analizar la excepcional ola de calor que afectó a Europa occidental a finales de junio de 2026, los investigadores concluyen que un episodio de esa intensidad habría sido prácticamente imposible sin el cambio climático de origen humano.
Los modelos muestran que, con una situación atmosférica similar a la de 1976, las temperaturas máximas habrían sido 3,5 °C inferiores, mientras que las mínimas nocturnas habrían descendido unos 2,4 °C.
Incluso comparada con la histórica ola de calor de 2003, la de 2026 fue significativamente más intensa: las temperaturas diurnas fueron unos 2 °C más altas, y las nocturnas 1,3 °C superiores.
Los investigadores calculan además que las olas de calor extremas durante el día son hoy diez veces más probables que hace dos décadas, mientras que las noches excepcionalmente cálidas son más de cien veces más frecuentes.
El problema no es el tiempo, sino el clima
Los científicos subrayan que el fenómeno meteorológico que originó la ola de calor no fue excepcional. Un potente anticiclón favoreció la llegada de aire muy cálido procedente del norte de África, una configuración conocida desde hace décadas.
La diferencia radica en que el clima de base es hoy mucho más cálido. En otras palabras, los mismos patrones atmosféricos producen ahora temperaturas mucho más elevadas.
El estudio también descarta que El Niño haya desempeñado un papel relevante en este episodio.
Un riesgo creciente para la salud
La investigación utiliza además el índice WBGT, que combina temperatura, humedad, radiación solar y viento para medir el estrés térmico que soporta el cuerpo humano.
Los resultados son preocupantes: casi el 45 % de las 854 ciudades analizadas en 30 países europeos batieron o estuvieron cerca de batir sus récords históricos de estrés térmico.
Las olas de calor son ya el fenómeno natural más mortífero en Europa. Solo en 2022 provocaron más de 60.000 fallecimientos, mientras que en 2023 causaron alrededor de 47.000. Los investigadores consideran que la ciencia de la atribución rápida se ha convertido en una herramienta esencial para ayudar a gobiernos y ciudades a anticipar riesgos, adaptar infraestructuras y proteger a la población frente a un clima cada vez más extremo.