Preocupante deriva de la política exterior argentina

08 octobre 2025 - 08:58

Argentina ha retirado recientemente su candidatura para integrar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Esta decisión ha sido lamentada por organizaciones no gubernamentales y diplomáticos argentinos, que  refleja además la orientación del actual presidente, quien pareciera vociferar: « L’état, c’est moi ».

Dos entrevistas del veterano periodista y analista de política internacional Jorge Elías, para CADAL TV, realizadas por separado a los exvicecancilleres Alberto D’Alotto y Leopoldo Sahores, en días recientes, evidencian la deriva de la política exterior de ese país sudamericano, así como la hiperideologización con la que hoy se conduce el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto bajo la jefatura del presidente Javier Milei.

El Consejo de Derechos Humanos fue creado en 2006 por la Asamblea General de la ONU, en reemplazo de la Comisión de Derechos Humanos. El Consejo se dedica a revisar la situación de los derechos humanos, así como al Examen Periódico Universal (EPU) en lo que respecta al cumplimiento y respeto de los derechos humanos en el mundo. Es un foro de gran importancia para ejercer presión en esta materia, más allá de que algunas dictaduras logran colarse e integrarlo. Diplomáticos y expertos coinciden en la necesidad de que las democracias estén allí y hagan presión.

Por lo anterior, la decisión reciente del gobierno de Argentina ha generado críticas, reacciones y malestar en diferentes sectores. “El abandono de esa tradición común a todos los gobiernos de la democracia desde 1983 es una claudicación ética y un error político que profundiza el aislamiento y la marginalidad a la que nos conduce la actual política exterior”, reafirma el exsecretario de Relaciones Exteriores de la Nación y exrepresentante permanente ante la ONU en Ginebra, Alberto D’Alotto durante la entrevista con Jorge Elías.

Con la decisión de Milei, Argentina pierde la oportunidad de ejercer presión en materia de derechos humanos, elige marginarse y se aísla de cualquier discusión con otros socios regionales frente a las dictaduras del hemisferio. El presidente Milei actúa desde una perspectiva hiperideologizada, enarbola una cruzada y una batalla cultural que también ha sido llevada a la política exterior, optando por dos socios en sus relaciones internacionales y desplazando a todos los demás.

D’Alotto observa que el gobierno de Javier Milei “ha cambiado los patrones clásicos de la diplomacia argentina”. Esa claudicación ética y error político de Milei profundizará el aislamiento y la marginalidad de la política exterior argentina, porque lo cierto es que la promoción y la protección de los derechos humanos tuvo continuidad, más allá del presidente de turno, desde el retorno a la democracia. Pero con el presidente actual la política exterior del país ha cambiado totalmente. El mandatario ha tomado decisiones sin precedentes al alinearse incondicionalmente con Estados Unidos e Israel en desmedro de sus demás socios y del multilateralismo.

Antes de Milei, contextualiza D’Alotto, Argentina mantuvo una intensa actividad multilateral. Hoy se han abandonado las vías tradicionales y los ejes clásicos de la política exterior argentina.

El presidente impuso en la Cancillería que aquel que no adhiera a sus ideas debía dar un paso al costado. Naturalmente, se trata de una acción inédita. Los diplomáticos argentinos son asesores, funcionarios de carrera, expertos que dan información técnica, pero, en últimas, es el presidente quien decide. Así ha sido siempre en democracia. Pero Milei optó por el camino fácil y rápido: cortar la libertad de expresión de los funcionarios que emitían sus opiniones y conceptos técnicos en distintas áreas con base en su conocimiento y experiencia.

De hecho, la excanciller Diana Mondino salió por desavenencias en el tema de la votación en Naciones Unidas sobre el embargo a Cuba. Argentina siempre ha votado en contra, no siempre porque el presidente de turno esté alineado con la dictadura o tenga simpatía hacia los Castro.

Argentina ha votado en contra del embargo por las implicaciones de esa decisión y ha sido así tradicionalmente, explica D’Alotto. Los países que siempre han votado en contra son Estados Unidos e Israel. Y ahora Argentina.

De tal manera que esta etapa de la política exterior argentina, alineada totalmente con Estados Unidos, ha superado en mucho al gobierno de Carlos Menem. D’Alotto da cuenta de que el expresidente Menem mantuvo autonomía, tomó decisiones y votó de forma diferente a Estados Unidos, por ejemplo, frente a ese tema de Cuba. Además, tuvo una vocación clara por la integración regional latinoamericana. Mercosur se creó en su gobierno. Menem tuvo un sentido más amplio de Estado, recuerda el exvicecanciller.

Entre tanto, el presidente Milei ha optado por alinearse definitivamente con dos socios y no oculta su desdén por los demás. D’Alotto nota que el agravio hacia otros gobernantes no estuvo presente en otros gobiernos. Pero con Milei los insultos a los presidentes y las muestras de desprecio, en diferentes grados, hacia gobernantes iberoamericanos evidencian el cambio de época en la política exterior argentina. Milei ha dado continuidad a su virulencia de campaña olvidándose que ahora gobierna. La política exterior argentina hacia América Latina no solo no es prioridad, hoy no existe. En el futuro, cuando llegue un nuevo gobierno, habrá que hacer un arduo trabajo diplomático para recomponer las relaciones con los vecinos y con la región, puntualiza el diplomático.

El análisis de Leopoldo Sahores, quien fuera vicecanciller del actual gobierno, no está en absoluto alejado de lo expresado por D’Alotto.  “¿Se puede hablar de dos etapas en la política exterior de Milei? [Y] ¿Cómo vive un diplomático la «obediencia debida» en la Cancillería?”, fueron dos de las preguntas de Jorge Elías a Sahores.

El exvicecanciller plantea la divisoria de aguas en la política exterior argentina de Milei. Efectivamente, con la canciller Diana Mondino hubo una apertura de Argentina al mundo. Se ratificó no sólo el alineamiento con Occidente sino su pertenencia a Occidente, tras la etapa del gobierno Fernández vinculada al Grupo de Puebla y a foros análogos. Pero, diez meses después, tras la salida de Mondino, la política exterior argentina cambió en grado ostensible.

Sahores critica la salida de la Argentina de la Organización Mundial de la Salud, más allá de los fallos durante la pandemia, los países son autónomos, las decisiones las toman los gobiernos de cada país. “Hay que ser más pragmático”, destaca. Y, de igual manera, cuestiona el tema del Consejo de Derechos Humanos. Estima que con esa decisión el gobierno argentino abandona, por ejemplo, a la oposición venezolana.

El alineamiento de Milei con Estados Unidos e Israel no tiene precedentes. Asimismo, el gobierno ha pasado al ataque del sistema multilateral. Con todas las críticas que le caben al multilateralismo, la Argentina no es una gran potencia, pero aún así elige aislarse, observa Sahores. El presidente libra esa suerte de «cruzada» y batalla cultural ante el mundo. El multilateralismo es necesario y asumir un espíritu provinciano y aislacionista no traerá nada positivo al país.

El mandatario ha asumido posiciones irreductibles que generaron movimientos al interior de la Cancillería y, una vez que el presidente Donald Trump regresó a la Casa Blanca, su alineamiento ha sido absoluto. De igual manera con Israel. El discurso de Milei ante la Asamblea general de la ONU ratificó su mirada del mundo y su enfoque de política exterior.

El presidente Trump, a su vez, ha tomado partido abiertamente por Milei, interviniendo en asuntos internos de la Argentina, pero también de otros países como evidencian sus juicios y aranceles para castigar a Brasil por el caso judicial del expresidente Bolsonaro.

En relación con la cuestión de Palestina, el exvicecanciller Sahores reconoce que desde 2010, la Argentina reconoce a Palestina y que dicho decreto se mantiene en vigor. Es decir, no ha sido derogado.

En el tono de su mensaje, sumamente soberanista e ideologizado, Milei se conecta con los postulados de sus adversarios políticos, los kirchneristas, permite inferir el entrevistado.

Las diferencias ideológicas con los gobiernos de la región se han exacerbado y aquí también se evidencia la fractura y deriva de la actual política exterior. Con Mondino se mantenía el diálogo con los vecinos, había comunicaciones entre segundas y terceras líneas de las cancillerías, confirma Sahores. Dar la espalda a América Latina no es sensato cuando se tiene una frontera porosa y grandes desafíos para enfrentar como son las redes transnacionales de crimen organizado y narcotráfico y los problemas relevantes de infraestructura fronteriza.

Esa suerte de “obediencia debida” al interior de la Cancillería ha afectado el clima interno en esa cartera. Los funcionarios de carrera viven con temor. Cualquier cosa que digan en este contexto puede ser usado en su contra. Una opinión puede ser percibida como una “traición”. El presidente ha perdido de vista que la misión de los diplomáticos es emitir conceptos y conocimientos técnicos y no «bajar línea», aunque la decisión, frente a cualquier tema de política exterior, en últimas es potestad del jefe de Estado. Adicionalmente, el alineamiento automático con Estados Unidos es decisivo, esto significa que también termina siendo lesivo para el hacer diplomático en la medida que los expertos y funcionarios de carrera ven desdibujado su rol.

Argentina vive un momento muy crítico en su política exterior. Ni siquiera en los años 90 fue de ese modo. Por lo mismo, Sahores plantea la necesidad de volver a las fuentes de la política exterior argentina, retomar los cauces tradicionales, la buena gestión, la buena praxis y la mirada racional.

 

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