ESPECIAL VENEZUELA. Cómo Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro tras bombardear Caracas

04 janvier 2026 - 15:30

El presidente venezolano fue detenido en la madrugada del 3 de enero durante una incursión militar estadounidense que bombardeó bases militares en la capital. Donald Trump anunció que Maduro será juzgado en Nueva York por narcotráfico. La acción marca el punto culminante de una escalada que se extendió durante meses en el Caribe y deja a Venezuela en una profunda incertidumbre política.

 La madrugada del 3 de enero de 2026 pasará a la historia como el día en que Estados Unidos ejecutó la operación militar más audaz contra un gobierno latinoamericano en décadas. Alrededor de las dos de la madrugada, hora local de Caracas, una serie de explosiones sacudió la capital venezolana mientras aviones de combate estadounidenses bombardeaban objetivos estratégicos, principalmente en el complejo militar de Fuerte Tiuna, sede del Ministerio de Defensa. Dos horas y media después, el presidente Donald Trump anunciaba en redes sociales que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados y estaban siendo trasladados a Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico y conspiración.

El ataque, denominado «Operación Resolución Absoluta», comenzó con intensos bombardeos contra instalaciones militares en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira. Según fuentes del Pentágono citadas por medios estadounidenses, la operación involucró cazas F-35, bombarderos B-1 y aviones no tripulados que atacaron simultáneamente múltiples objetivos para neutralizar la capacidad de respuesta de las Fuerzas Armadas venezolanas. Las explosiones iluminaron el cielo nocturno de la capital, mientras helicópteros de combate sobrevolaban la zona a baja altura. El objetivo central era claro: capturar al presidente venezolano que Washington acusa de liderar una red de narcotráfico continental.

El cerco se cierra en Miraflores

Según el relato de Trump en una rueda de prensa posterior, las fuerzas especiales estadounidenses localizaron a Maduro en el Palacio de Miraflores, residencia presidencial en el centro de Caracas. «Tenía puertas de acero y un espacio seguro con acero sólido por todas partes», describió el mandatario estadounidense. Maduro intentó refugiarse en ese bunker blindado, pero las tropas lograron neutralizarlo antes de que pudiera encerrarse. La captura se produjo sin que el presidente venezolano opusiera resistencia armada. Junto a él fue detenida su esposa y Primera Combatiente, como la denomina el chavismo, Cilia Flores, también bajo acusación de participación en actividades ilícitas.

La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, ofreció horas después una rueda de prensa en la que exigió una «prueba de vida» del mandatario y calificó la operación como «un ataque terrorista y una violación flagrante del derecho internacional». Rodríguez, quien constitucionalmente asume el mando ante la ausencia del presidente, lideró una reunión del Consejo de Defensa de la Nación y declaró estado de emergencia en todo el territorio nacional. «El pueblo venezolano no se arrodilla ante ningún imperio», afirmó la funcionaria, quien insistió en que Maduro seguía siendo el único presidente legítimo de Venezuela.

Una escalada de meses

La operación del 3 de enero no fue un acto aislado, sino la culminación de una campaña militar que se intensificó desde septiembre de 2025. Durante meses, Estados Unidos había desplegado una flotilla en el Caribe que atacó decenas de embarcaciones que Washington acusaba de transportar drogas desde Venezuela. Entre el 2 de septiembre y el 31 de diciembre, al menos 115 personas murieron en 35 ataques navales contra barcos en aguas del Caribe y el Pacífico. El gobierno de Trump justificó estos operativos como parte de la lucha contra el narcotráfico y el Cártel de los Soles, la red criminal que supuestamente opera desde las más altas esferas del gobierno venezolano.

El 16 de diciembre, Trump ordenó un «bloqueo total» de los petroleros sancionados que entraran o salieran de Venezuela, lo que llevó a Maduro a enviar escoltas navales a sus cargamentos de petróleo. La tensión escaló aún más cuando, a finales de diciembre, la CIA ejecutó un ataque con drones contra una instalación portuaria en territorio venezolano, en lo que constituyó la primera operación conocida de inteligencia estadounidense dentro del país. A partir de ese momento, quedó claro que el objetivo de Washington iba más allá de interceptar drogas en el mar.

Destino Nueva York

Cerca del mediodía del 3 de enero, Maduro y Flores llegaron al Aeropuerto Internacional Stewart en el estado de Nueva York, escoltados por agentes del FBI y la DEA. La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó que ambos enfrentarán múltiples cargos en tribunales federales de Manhattan, incluyendo conspiración de narcotráfico, lavado de dinero y participación en una organización criminal. Maduro fue formalmente acusado en 2020 de dirigir el Cártel de los Soles y de facilitar el tránsito de cocaína colombiana hacia Estados Unidos. La recompensa por información que condujera a su captura había aumentado a 50 millones de dólares en agosto de 2024.

El precedente más cercano a esta operación ocurrió el 3 de enero de 1990, cuando el dictador panameño Manuel Noriega se rindió a fuerzas estadounidenses tras la Operación Causa Justa. Al igual que Maduro, Noriega fue juzgado en Estados Unidos por narcotráfico y cumplió dos décadas de prisión. La coincidencia de fechas —ambas detenciones ocurrieron un 3 de enero— no pasó inadvertida para analistas internacionales que ven en la acción contra Venezuela un patrón histórico de intervención estadounidense en América Latina bajo argumentos similares.

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