La sesión de control al Gobierno se convirtió en un intenso enfrentamiento sobre la condena al fiscal general del Estado español. El presidente defendió la actuación del Ejecutivo y aseguró estar del lado de la verdad, mientras el líder del PP exigió explicaciones por los casos judiciales que afectan al entorno del PSOE. Un lapsus de Feijóo sobre una serie televisiva y la tensión por la posible prisión de José Luis Ábalos marcaron un debate en el que ninguno cedió terreno.
El Congreso de los Diputados vivió este miércoles una sesión de control marcada por la confrontación directa entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo tras la condena del Tribunal Supremo al fiscal general del Estado. El presidente del Gobierno y el líder de la oposición protagonizaron un duelo parlamentario en el que la condena a Álvaro García Ortiz por revelación de secretos dominó el debate, junto a los casos judiciales que afectan a figuras del entorno socialista como José Luis Ábalos y Santos Cerdán. La tensión entre ambos dirigentes reflejó la polarización política que atraviesa el Estado español, con acusaciones de irrespeto a las instituciones judiciales por un lado y denuncias de obediencia a Isabel Díaz Ayuso por el otro.
El enfrentamiento comenzó con Feijóo recordando las palabras que Sánchez pronunció hace casi un año, cuando el presidente del Gobierno cuestionó públicamente quién debería pedir disculpas al fiscal general. El líder popular invirtió la pregunta para exigir a Sánchez que pidiera perdón a los españoles tras la inhabilitación de García Ortiz. La respuesta del presidente del Ejecutivo fue contundente y sin concesiones. Sánchez rechazó las críticas y aseguró que su Gobierno acata el fallo del Tribunal Supremo, aunque aún se desconoce la sentencia completa. El mandatario socialista defendió que España cuenta con sistemas judiciales garantistas y expresó su convicción de que el tiempo pondrá las cosas en su sitio, dejando entrever la posibilidad de que García Ortiz recurra ante el Tribunal Constitucional.
La defensa de García Ortiz por parte de Sánchez fue inequívoca. El presidente del Gobierno situó al Ejecutivo del lado de la verdad frente a lo que consideró una campaña de descrédito orquestada desde el entorno de la presidenta madrileña. Sánchez contrapuso los testimonios de periodistas que exculparon al fiscal general durante el juicio con las declaraciones de Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Díaz Ayuso, quien admitió haber mentido para propagar un bulo y encubrir la situación fiscal de Alberto González Amador, pareja de la dirigente madrileña. Esta estrategia discursiva buscó desplazar el foco desde la responsabilidad del fiscal general hacia las prácticas comunicativas del Partido Popular en Madrid, aunque no logró apaciguar la presión de la oposición.
Ataques a la independencia judicial y reproches por corrupción
Feijóo endureció su discurso al acusar a Sánchez de constituir un peligro creciente para la democracia española. El líder del PP reprochó al presidente del Gobierno no respetar a los jueces y estar más pendiente de los procesos judiciales que afectan a su entorno que de los problemas cotidianos de los ciudadanos. El dirigente popular hizo referencia directa a la vista del Tribunal Supremo prevista para el jueves 27 de noviembre, en la que los magistrados decidirán si decretan prisión provisional para José Luis Ábalos, exministro de Transportes y exnúmero tres del PSOE, y para su exasesor Koldo García, ambos investigados en el caso de presunta corrupción relacionada con la compra de mascarillas durante la pandemia.
El presidente del Partido Popular aprovechó para recordar que sobre el denominado núcleo duro del Gobierno pesan peticiones fiscales de 43 años de prisión en total. Feijóo ironizó asegurando que Sánchez no debía preocuparse demasiado si alguno de sus colaboradores entraba en prisión, porque siempre podría decir que no les conocía, en alusión velada a las declaraciones del presidente negando cualquier reunión con Arnaldo Otegi, líder de EH Bildu. Esta referencia cobró especial relevancia después de que José Luis Ábalos confirmara mediante un mensaje en redes sociales la existencia de un encuentro secreto entre Sánchez, Santos Cerdán y Otegi en 2018 en un caserío vasco para negociar el apoyo de Bildu a la moción de censura contra Mariano Rajoy, información que Koldo García también había corroborado.
Feijóo intentó cerrar su intervención con una referencia cultural que terminó en un momento incómodo para el líder de la oposición. Quiso hacer un paralelismo con la serie de televisión Anatomía de un instante, basada en el libro de Javier Cercas sobre el golpe de Estado del 23F, para sugerir que algún día se rodaría una serie sobre la presidencia de Sánchez titulada Anatomía de un farsante. Sin embargo, el tiempo de intervención se agotó justo cuando pronunciaba la frase, el micrófono se apagó y su comentario quedó inaudible en la transmisión oficial. Sánchez aprovechó el tropiezo para responder con sorna que entre las virtudes de Feijóo no estaba la de ser un buen parlamentario, provocando las risas de la bancada socialista y generando un momento que los medios destacaron ampliamente.
Sánchez reivindica la gestión económica y defiende a Peramato
En su réplica, el presidente del Gobierno criticó a Feijóo por no proponer alternativas concretas y centrarse únicamente en ataques sin contenido programático. Sánchez reivindicó los datos económicos de España, destacando la existencia de 22 millones de personas ocupadas y la reducción del déficit y la deuda pública. El mandatario socialista cerró su intervención con una frase categórica dirigida al conjunto de la oposición. Afirmó que la izquierda no pide ni permiso ni perdón para gobernar, en una declaración que buscaba proyectar determinación y rechazo a las exigencias de disculpas formuladas por los populares.
El presidente también dedicó parte de su intervención a ensalzar la figura de Teresa Peramato, propuesta por el Gobierno como nueva fiscal general del Estado tras la dimisión de García Ortiz. Sánchez destacó que Peramato es una profesional de dilatada trayectoria, independiente, rigurosa y feminista, con especial experiencia en la lucha contra la violencia de género. Esta referencia buscaba proyectar una imagen de normalidad institucional y continuidad en la gestión de la Fiscalía, pese a la crisis generada por la condena del Supremo. El Ejecutivo ha defendido que la elección de Peramato garantiza la independencia del Ministerio Público y responde a criterios estrictamente profesionales.
La sesión de control también incluyó interpelaciones al ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, por parte del Partido Popular y Vox. El secretario general del PP, Miguel Tellado, preguntó al ministro si consideraba que la verdad se había abierto paso en el caso García Ortiz, recordando que Bolaños había utilizado esa expresión en enero para defender al fiscal general. Por su parte, el diputado de Vox Ignacio Gil Lázaro planteó una pregunta similar a la de Feijóo sobre si el Gobierno pediría perdón a los españoles. Tanto el PP como Vox han anunciado que presentarán interpelaciones específicas sobre el deterioro de las instituciones del Estado español que darán lugar a mociones que se debatirán en el próximo pleno de diciembre, en las que ambas formaciones podrían proponer la reprobación del ministro Bolaños.
La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, intervino para rechazar las acusaciones vertidas por José Luis Ábalos sobre la reunión con Otegi y restar credibilidad a las declaraciones del exministro y otras personas imputadas. El Gobierno mantiene su negativa a reconocer la existencia de dicho encuentro, aunque las confirmaciones de Ábalos y Koldo García han reforzado las acusaciones de la oposición sobre pactos ocultos entre el PSOE y fuerzas políticas vinculadas históricamente con ETA. La sesión de control evidenció que los asuntos judiciales que rodean al Ejecutivo se han convertido en el eje central del debate político español, eclipsando otras cuestiones de gestión y política pública en un clima de creciente confrontación institucional.