Mujer, joven y con estudios: el perfil de inmigrante que prefieren las sociedades

30 mai 2026 - 08:56

Un metaestudio publicado en la revista Science Advances, que sintetiza un centenar de investigaciones realizadas con casi 143.000 participantes de 36 países, identifica los atributos que las sociedades de acogida valoran al imaginar quién debería ser admitido como inmigrante. El perfil resultante es mujer, joven, con alta cualificación, dominio del idioma local y afinidad religiosa con el país receptor. En el extremo opuesto, las personas procedentes de países musulmanes, con entrada irregular o con alguna discapacidad acumulan los mayores rechazos.

Un equipo de investigadores encabezado por Marco Aviña, de la Universidad de Harvard, ha publicado en Science Advances el mayor metaanálisis realizado hasta la fecha sobre las preferencias de las sociedades de acogida respecto a la inmigración. El estudio sintetiza un centenar de investigaciones previas en las que participaron 142.817 personas de 36 países, y utiliza una metodología de experimento de elección discreta: los participantes debían actuar como si fueran funcionarios de inmigración y elegir, ante perfiles comparados que variaban en hasta 26 atributos, a qué candidatos admitirían. El diseño no mide políticas públicas reales ni actitudes declaradas en abstracto, sino decisiones simuladas ante perfiles concretos.

El perfil resultante del inmigrante más favorecido presenta rasgos consistentes en todos los países estudiados. Hay una preferencia generalizada, aunque moderada, por las mujeres frente a los hombres y por los jóvenes frente a los mayores. La alta cualificación educativa es el atributo con mayor peso entre los factores socioeconómicos, y el dominio del idioma del país de acogida ofrece diez puntos de ventaja sobre no hablarlo. En el extremo contrario, las personas que llegaron de forma irregular, las que tienen alguna discapacidad y las procedentes de países musulmanes acumulan los mayores penalizadores en las decisiones simuladas de los participantes.

El perfil preferido y sus paradojas

Los datos del estudio revelan contradicciones internas que los propios autores subrayan. La primera es de naturaleza estructural: las sociedades prefieren mayoritariamente a inmigrantes con alta cualificación, pero sus mercados laborales demandan con mayor frecuencia trabajadores para ocupaciones de menor cualificación que los nativos no cubren. La segunda paradoja afecta a la percepción del trauma: aunque los participantes muestran preferencia por quienes buscan asilo o huyen de la violencia, penalizan a quienes llegan con algún tipo de daño psicológico derivado de esas mismas circunstancias. «Prefieren a los que buscan asilo o huyen de la violencia, pero los que llegan con algún trauma son penalizados», resume Aviña.

Un tercer elemento contradictorio emerge al analizar la relación entre cualificación y necesidad económica. Desde 2020 se observa un cambio en la composición de quienes más valoran los atributos productivos de los inmigrantes: son precisamente los participantes con peor nivel socioeconómico en sus países de acogida quienes han aumentado en mayor medida su valoración de lo que los recién llegados pueden aportar económicamente. Reed Rasband, investigador de la Universidad Brigham Young (Utah) y coautor del estudio, reconoce que «no sabemos con certeza por qué la preferencia por estos rasgos socioeconómicos se ha acentuado en los últimos años».

Idioma, religión y origen cultural

Uno de los hallazgos más robustos del metaanálisis es el peso de los atributos culturales sobre los nacionales. Aviña lo ilustra con el caso español: «No es más relevante si alguien es de un país latinoamericano, sino que hable español, que sea católico, que haya un background cultural común». La nacionalidad importa menos que la cercanía lingüística y religiosa. La mayoría de los participantes prefiere inmigrantes agnósticos o ateos y, si han de tener una fe, que sea la misma que la predominante en la sociedad receptora.

La penalización a personas procedentes de países de mayoría musulmana es el resultado que los autores califican de más sistemático en todo el conjunto de datos. «Encontramos una penalidad clara contra los inmigrantes de países musulmanes», afirma Aviña. El patrón se reproduce en países europeos y norteamericanos, pero también en Australia, Corea del Sur y Japón. La explicación que recogen los investigadores es que «la gente es intolerante hacia los musulmanes porque son percibidos como menos dispuestos a la integración», aunque los autores no validan esa percepción como descripción objetiva de la realidad.

Ideología, clase y cambio desde 2020

El estudio detecta diferencias en función de la orientación ideológica de los participantes, aunque matiza que son menos pronunciadas de lo que cabría esperar. En términos generales, quienes se declaran de izquierdas tienden a ser más favorables a la inmigración y valoran más los factores socioeconómicos de los candidatos; quienes se sitúan a la derecha dan mayor peso a los atributos socioculturales como el idioma, la religión o el origen. Sin embargo, más allá de esa tendencia general, el estudio no encuentra diferencias relevantes en las decisiones en función de la edad, el género, el nivel de estudios o los ingresos de los participantes.

El valor del metaanálisis de Aviña y su equipo reside en su escala y en su consistencia geográfica: los patrones de preferencia identificados se replican en sociedades con tradiciones migratorias, marcos legales y composiciones demográficas muy distintas. Los autores no plantean recomendaciones de política migratoria, pero sí señalan que la brecha entre los perfiles preferidos por la opinión pública y los perfiles que las economías de acogida necesitan realmente es una tensión estructural que los sistemas de admisión raramente resuelven.

Compartir el artículo