Gustavo Petro: El comandante en su laberinto

01 juillet 2025 - 17:03

Gustavo Petro, exguerrillero de la extinta guerrilla M-19, es jefe de Estado, comandante en jefe de las Fuerzas Militares y presidente de Colombia desde 2022 hasta 2026. Elegido por voto popular en un país que ha sufrido la violencia durante décadas, Petro ha reivindicado y exaltado de múltiples formas su pasado guerrillero y la combinación de todas las formas de lucha.

Analistas internacionales en América Latina hablan con mordacidad, off de record, de la ‘colombianización de México’ y de la ‘mexicanización de Colombia’ para referir y ponderar así las similitudes, la superposición de políticas erradas en ambos países y sus demoledoras consecuencias internas.

Y es que se percibe cierta emulación por parte de Gustavo Petro respecto de las ideas erradas del expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO), especialmente en el manejo de la salud y de la seguridad. Como es característico, los gobernantes populistas creen en destruir, aquello que funciona de modo razonable, para crear a partir de su imaginario lo que a su juicio será superior. Las consecuencias de las políticas implementadas, en México y en Colombia, han sido catastróficas, especialmente en salud y en seguridad.

La criminalidad y la inseguridad hablan por sí mismas. Abrazar a criminales y/o a terroristas no les ha salido bien. No hubo ‘paz total’ y los ‘abrazos y no balazos’ no rindieron los frutos esperados. De hecho, estas acciones han supuesto, en mucho, la abdicación del papel fundamental o razón de ser del Estado.

El agravante y la enorme diferencia, en el caso colombiano, es que las pretensiones desmedidas, el extravío y la ingenuidad de Petro no se limitan al ámbito interno. El colombiano está convencido de que es un actor relevante en la escena internacional.

AMLO mantuvo su estilo provinciano y campechano, no le interesaba salir de su país o ver más allá de sus fronteras. Petro, por su parte, no cesa de pronunciarse con razonamientos hiper ideologizados y una pretendida superioridad moral o intelectual o ambas sobre temas, problemáticas, guerras y conflictos que no solo desconoce, sino que están fuera de su alcance y área de influencia. Él no tiene capacidad de incidir, pero sí de irritar y ha llevado a Colombia a contramano de su tradición en política exterior alineada con las democracias de Occidente.

Expertos y observadores advierten sobre el lenguaje de autócrata que utiliza el presidente, atacando y satanizando a críticos y a opositores, despojando de legitimidad a sus adversarios y exacerbando la polarización política y social en el país, a la vez que trata de forzar la ruptura institucional y democrática y es ambiguo sobre su salida del poder al término de su mandato constitucional en 2026. Petro apela a ‘la calle’, amenaza que aquello que no logre por la vía institucional, va a obtenerlo instigando a las masas, pero el mandatario ha perdido de vista que transcurridos tres años de gobierno es, como escribió un analista colombiano, “es un populista sin pueblo”.

No en vano el prestigioso semanario británico The Economist ha llamado últimamente “presidente terrible” a Gustavo Petro, exponiendo tanto sus desaciertos políticos, como sus insensatas pretensiones que, de todas formas, no sorprenden demasiado habida cuenta de la trayectoria del líder político colombiano y, además, estas son propias del manual de mandatarios megalómanos y populistas que tan bien conoce esa región del mundo de extremo a extremo.

 

 

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