Fatima-Zahra El Mansouri: hacer historia será la parte más fácil

29 septembre 2026 - 17:15

Por primera vez, una mujer dirigirá el Gobierno de Marruecos. El nombramiento de Fatima-Zahra El Mansouri rompe una barrera histórica en un país donde las mujeres habían llegado a ministerios, alcaldías y altas responsabilidades institucionales, pero nunca a la jefatura del Ejecutivo. Sin embargo, pasada la fotografía del 29 de septiembre comienza algo bastante menos ceremonial: construir una mayoría, gobernar un Parlamento fragmentado, enfrentarse a una oposición reforzada y responder a una sociedad en la que casi dos de cada tres electores inscritos decidieron no acudir a las urnas.

Para entender la importancia del nombramiento desde España conviene empezar por una particularidad del sistema marroquí. No estamos ante una elección directa del jefe del Gobierno. La Constitución establece que el rey debe nombrarlo en el seno del partido que haya quedado primero en las elecciones a la Cámara de Representantes, teniendo en cuenta sus resultados. Tras la victoria del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) en las legislativas del 23 de septiembre, Mohammed VI ha encargado a Fatima-Zahra El Mansouri formar el nuevo Gobierno.

La ruptura es, por tanto, histórica, pero el procedimiento es constitucionalmente ordinario. Y ahí reside probablemente una de las claves del momento: El Mansouri no llega a la jefatura del Gobierno mediante una fórmula excepcional concebida para colocar a una mujer al frente del Ejecutivo, sino después de la victoria electoral del partido cuya dirección colegiada coordina. La novedad no está en el mecanismo, sino en quién lo encarna.

Durante décadas, las marroquíes han ido ocupando espacios que anteriormente parecían reservados a los hombres. El Mansouri conoce bien ese proceso: en 2009 ya había roto otra barrera al convertirse en alcaldesa de Marrakech. Después llegaron otras responsabilidades municipales, ministeriales y partidistas. Ahora desaparece uno de los últimos límites simbólicos de la política marroquí: una niña nacida hoy en Marruecos crecerá sabiendo que una mujer ya ha dirigido el Gobierno de su país.

Eso importa. Pero a partir de mañana ya no será suficiente.

Ganar las elecciones no significa poder gobernar solo

El PAM ganó las legislativas con 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes. Es una victoria clara en términos de clasificación electoral, pero insuficiente para gobernar en solitario: El Mansouri necesitará socios y deberá convertir el resultado de las urnas en una mayoría parlamentaria capaz de sostener su Ejecutivo. Los siguientes partidos fueron el RNI, con 66 diputados; el Istiqlal, con 65, y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), con 54.

Aquí empieza la política de verdad. ¿Con quién gobernará? ¿Qué precio programático tendrán los acuerdos? ¿Cuántos partidos necesitará incorporar y qué equilibrio podrá mantener entre ellos? Una coalición no consiste únicamente en sumar diputados hasta superar el umbral de la mayoría; significa sentar alrededor de la misma mesa proyectos, dirigentes, intereses y ambiciones que no siempre coinciden.

Existe además un cambio importante dentro del propio PAM. El partido llegó a las elecciones dirigido colegiadamente por Fatima-Zahra El Mansouri, Mohamed Mehdi Bensaïd y Fatima Saadi. Ese modelo puede continuar dentro de la organización, pero un Gobierno funciona necesariamente de otra manera: habrá una persona que negocie su formación, arbitre entre ministros, defienda el programa ante el Parlamento y cargue políticamente con sus éxitos y fracasos. Desde el momento del nombramiento, el centro de gravedad del partido vencedor se desplaza inevitablemente hacia El Mansouri.

El regreso de los islamistas

La nueva jefa del Gobierno tampoco encontrará una oposición debilitada. El principal cambio respecto a 2021 es el regreso del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), la principal formación islamista de Marruecos, que después de su hundimiento electoral de hace cinco años pasa de 13 a 54 diputados. Su Consejo Nacional ya ha decidido que el partido no participará en el próximo Ejecutivo y ejercerá la oposición. Para un lector español, quizá resulte útil recordar que el PJD conoce perfectamente el poder. Encabezó el Gobierno marroquí durante una década, primero con Abdelilah Benkirane y después con Saadeddine El Othmani, antes de sufrir su severa derrota de 2021. Su regreso con 54 diputados le devuelve una capacidad de intervención parlamentaria y de movilización política muy superior a la de la legislatura que ahora termina.

En el otro extremo ideológico aparece la Alianza de la Izquierda, con ocho diputados. Su peso numérico es mucho menor, pero puede llevar al Parlamento una oposición de naturaleza diferente, particularmente en cuestiones sociales, desigualdad, libertades públicas, gobernanza o distribución de la riqueza. Sería equivocado presentar al PJD y a la izquierda como un bloque: sus concepciones políticas y sociales son muy distintas y podrán enfrentarse al mismo Gobierno por razones incluso opuestas.

Esa circunstancia puede producir un Parlamento bastante más vivo. El Mansouri tendrá frente a sí una oposición islamista numéricamente reforzada y una izquierda con mayor presencia, además de los partidos que finalmente queden fuera de la futura coalición. Ser la primera mujer al frente del Gobierno no le concederá ninguna inmunidad parlamentaria. Y, en realidad, sería una extraña manera de entender la igualdad esperar que la oposición fuese menos exigente con ella por ser mujer.

El adversario que no se sienta en el Parlamento

Pero quizá el dato político más importante de las elecciones marroquíes no sean los 97 diputados del PAM ni los 54 del PJD. Es el 38,02 % de participación. Poco más de seis millones de ciudadanos votaron y cerca del 62 % de los electores inscritos no acudió a las urnas.

Ahí aparece la gran paradoja de esta nueva etapa. Marruecos ofrece una de las imágenes de renovación más poderosas de su historia política reciente —una mujer al frente del Gobierno— después de unas elecciones en las que la mayoría de los inscritos decidió quedarse al margen. Ambas realidades pueden coexistir: romper el techo de cristal transforma la representación del poder, pero no restablece automáticamente la confianza en la política.

Esa confianza se juega en terrenos mucho menos fotogénicos: un hospital que funciona, una escuela capaz de cumplir su misión, un empleo que permita a un joven construir su futuro sin pensar necesariamente en emigrar, unos precios compatibles con los salarios y una Administración que no convierta al ciudadano en un intruso. También se juega en algo todavía más elemental: convencer a quien no votó de que introducir una papeleta en una urna puede tener alguna consecuencia sobre su vida.

Para El Mansouri, ese probablemente será un desafío mucho más difícil que convertirse en la primera mujer en ocupar el cargo.

Cuando deje de ser «la primera mujer»

Durante los próximos meses será inevitable escuchar la expresión. La primera mujer jefa del Gobierno. La primera en presidir un Consejo de Gobierno. La primera en presentar ante el Parlamento un programa gubernamental desde esa responsabilidad. La primera en responder a la oposición desde la cúspide del Ejecutivo.

Es lógico. Las primeras veces necesitan algún tiempo antes de dejar de parecernos extraordinarias. Pero la verdadera normalización llegará precisamente cuando ya no sea necesario anteponer el género al cargo y Fatima-Zahra El Mansouri sea juzgada simplemente como se juzga a cualquier jefe de Gobierno: por las alianzas que construya, las decisiones que tome, las reformas que emprenda, los problemas que resuelva y aquellos que no consiga resolver.

El 29 de septiembre de 2026 ya le garantiza un lugar en la historia política marroquí. Lo que viene ahora es bastante menos solemne: negociar una mayoría, mantenerla unida, responder a un PJD que regresa con fuerza, soportar el escrutinio de una izquierda más visible y gobernar un país en el que una mayoría de electores no participó en la elección que abrió esta nueva etapa.

Ser la primera mujer al frente del Gobierno de Marruecos ya es historia. Lo que Fatima-Zahra El Mansouri haga con el poder que acaba de recibir será, sencillamente, política.

 

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