El Festival de Venecia 2025 abre sus puertas con acento hispano y mirada fantástica: Guillermo del Toro competirá por el León de Oro con su esperada versión de Frankenstein, mientras otras voces del cine latinoamericano y del mundo hispano irrumpen en las secciones más vanguardistas.
La Mostra, siempre atenta al equilibrio entre el prestigio artístico y la atención mediática, se convierte este año en escenario de un reencuentro entre la tradición literaria universal y el imaginario gótico de un cineasta mexicano que ha sabido construir una de las filmografías más singulares de las últimas décadas. Guillermo del Toro, después de ganar el León de Oro en 2017 con La forma del agua, regresa con una obra que muchos califican como su “proyecto definitivo”: Frankenstein.
El filme, protagonizado por Oscar Isaac, Jacob Elordi y Mia Goth, llega tras años de preparación y con la expectativa de quienes ven en esta adaptación la síntesis de una carrera marcada por la fascinación hacia lo monstruoso, lo marginal y lo humano en sus formas más frágiles. Del Toro parece decidido a colocar al mito de Mary Shelley en un registro donde la estética gótica se funde con reflexiones sobre la familia, la soledad y la redención.
La 82ª edición del festival, que se celebra entre el 27 de agosto y el 6 de septiembre, rinde homenaje a figuras como Werner Herzog y Kim Novak, y abre con La Grazia de Paolo Sorrentino. Sin embargo, buena parte de las miradas se concentran en la presencia hispana: además de del Toro, la argentina Lucrecia Martel refuerza la presencia latinoamericana en las secciones paralelas, mientras el artista visual Stillz, creador del universo estético de Bad Bunny, cruza el puente entre la música urbana y la experimentación fílmica.
Más allá del brillo de las alfombras rojas, la película de del Toro invita a pensar en la circulación actual del cine. Tras su estreno mundial en Venecia, llegará a salas comerciales en octubre y, pocas semanas después, desembarcará en Netflix. Este itinerario híbrido resume la tensión que atraviesa hoy al séptimo arte: el deseo de permanecer en el espacio del festival y, al mismo tiempo, la necesidad de alcanzar audiencias globales a través del streaming.
Aquí se juega algo más que un asunto técnico. ¿Puede un relato con el sello artesanal de del Toro sobrevivir al vértigo de la cultura de plataformas? ¿Hasta qué punto la Mostra se convierte en un escaparate para legitimar proyectos que ya nacen pensados para conquistar la pantalla doméstica? El dilema recorre las conversaciones entre críticos, productores y espectadores.
Cada vez que un director latinoamericano compite en Venecia, el logro individual se convierte en símbolo colectivo: la narrativa hispana ha pasado a ocupar un espacio decisivo en el mapa del cine mundial. Venecia, que en otras ediciones se abrió a Almodóvar, Cuarón o Iñárritu, reafirma ahora esa ventana con una generación que dialoga con el pasado, pero también redefine el presente del cine.
La criatura de Mary Shelley, reimaginada por Guillermo del Toro, subirá al escenario de Venecia como metáfora de un arte que se resiste a morir. Quizá ese sea el verdadero mensaje: en tiempos de algoritmos, el monstruo sigue siendo humano.