La tensión en Oriente Medio ya no solo impacta al petróleo y al transporte marítimo. Ahora también alcanza a la salud sexual global: Karex, el mayor fabricante de preservativos del mundo, anunció subidas de precios de hasta el 30 % debido al encarecimiento de materias primas y a las disrupciones logísticas provocadas por la crisis en el estrecho de Ormuz.
La empresa malasia Karex Berhad, responsable de cerca del 20 % de la producción mundial de preservativos, confirmó que aplicará aumentos de entre el 20 % y el 30 %, e incluso superiores si persisten las perturbaciones derivadas de la guerra en Irán y las restricciones comerciales en torno al estrecho de Ormuz.
Su director ejecutivo, Goh Miah Kiat, explicó que el conflicto ha encarecido de forma abrupta insumos esenciales como el caucho sintético, el nitrilo, los lubricantes, el aceite de silicona, el aluminio utilizado en los envases y otros materiales derivados del petróleo. En algunos casos, como el látex de nitrilo, los precios se han duplicado en pocas semanas.
“El panorama es extremadamente frágil; los precios son altos y no tenemos otra opción que trasladar esos costes a los clientes”, declaró el ejecutivo en una entrevista recogida por Reuters.
Karex produce más de 5.000 millones de preservativos al año y abastece a grandes marcas internacionales como Durex y Trojan, además de sistemas públicos de salud como el NHS británico y programas de Naciones Unidas vinculados a la prevención del VIH y la planificación familiar.
Paradójicamente, mientras suben los precios, también aumenta la demanda. La compañía asegura que en 2026 el consumo mundial de preservativos ha crecido cerca de un 30 %, impulsado por retrasos logísticos, menor disponibilidad de stock y el retroceso de la financiación internacional destinada a programas de salud reproductiva, especialmente tras los recortes de la USAID estadounidense.
La crisis pone sobre la mesa una cuestión que va más allá del mercado: el acceso a métodos anticonceptivos y de prevención sanitaria podría verse afectado especialmente en países en desarrollo, donde estos productos dependen en gran parte de programas públicos y ayuda internacional.
Cuando la geopolítica encarece incluso la prevención, la crisis deja de ser solo económica.