Putin agita el fantasma de la “histeria militar” en Europa

03 octobre 2025 - 07:27

El presidente ruso, Vladímir Putin, acusó a Europa de vivir bajo una “histeria militar” frente a la guerra en Ucrania y advirtió que Rusia podría responder si la escalada continúa. Su discurso, cargado de referencias a Trump y a la OTAN, evidencia cómo la narrativa del poder se libra tanto en los campos de batalla como en los micrófonos.

Desde el Club Valdái en Sochi, Putin insistió en que Rusia no tiene intención de atacar a la OTAN, pero no descartó una reacción si Europa mantiene lo que describió como “una militarización continental”. Según él, el continente se ha convertido en el epicentro de una “paranoia bélica” que refuerza las divisiones internas y pone en riesgo la paz.

El líder ruso ironizó además con Donald Trump, quien había calificado a Rusia como un “tigre de papel”. Con gesto calculado, Putin respondió que Moscú sigue siendo “el ejército más poderoso de Europa” y que no dudará en usar su capacidad defensiva si la percibe amenazada.

Este juego de declaraciones no se entiende únicamente en clave euro-rusa. América Latina, acostumbrada a ver en la distancia las tensiones del viejo continente, no es ajena a las consecuencias. La guerra en Ucrania ya se ha traducido en crisis alimentarias y energéticas que repercuten en el Sur global. Y la escalada verbal de Putin, amplificada por las reacciones europeas y estadounidenses, alimenta un clima de incertidumbre internacional que también condiciona las economías latinoamericanas.

La OTAN se ha fortalecido como bloque, pero a costa de una creciente confrontación discursiva que deja poco margen para soluciones negociadas. En este contexto, el riesgo no radica solo en los tanques desplegados, sino en la retórica que justifica su movimiento.

Putin sabe jugar con la percepción ya que proyecta fuerza en medio de sanciones asfixiantes y se posiciona como referente de resistencia frente a lo que llama el “Occidente colectivo”. Europa, por su parte, multiplica advertencias sobre la amenaza rusa mientras aumenta sus presupuestos militares. En esa espiral, importa menos la seguridad inmediata que la construcción de relatos estratégicos.

En un mundo interconectado, esas narrativas terminan influyendo en el Sur. La pregunta para América Latina es hasta qué punto seguirá siendo espectadora de un conflicto que redibuja alianzas, multiplica tensiones y revela la fragilidad de los equilibrios globales.

La histeria militar de Europa, la ironía de Trump y la amenaza de Putin forman parte de un mismo teatro geopolítico donde las palabras pesan tanto como las armas. Y mientras tanto, los países latinoamericanos, atrapados en la telaraña de la interdependencia, deben decidir si limitan su papel a testigos o si buscan un margen propio en la redefinición del orden mundial.

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