La voz de Francesca Albanese incomoda. La relatora especial de la ONU para Palestina ha sido sancionada esta semana por Estados Unidos. Su falta, según Washington: denunciar el “genocidio en Gaza” y exponer en su último informe a 45 empresas que se benefician de la destrucción, entre ellas gigantes como Google, Amazon, Microsoft e IBM.
“Quieren intimidarme con métodos dignos de la mafia”, declaró Albanese al diario La Repubblica. “Pero no lo lograrán. Seguiré con la cabeza alta, exigiendo la intervención de la Corte Penal Internacional”.
En su denuncia, la jurista italiana no se limita al gobierno israelí, al que exige juzgar en La Haya. También señala el engranaje económico que perpetúa la guerra: empresas de armas, vigilancia, inteligencia artificial, bancos y fondos de pensiones que financian un sistema de muerte mientras obtienen beneficios. “La guerra no cesa por las ambiciones territoriales de Israel, sino porque muchos se enriquecen con ella”, afirma.
La respuesta estadounidense no tardó. El secretario de Estado, Marco Rubio, la acusó de “antisemitismo descarado” y “apoyo al terrorismo”, y la declaró “incapacitada” para su cargo. La ONU calificó estas sanciones como un “peligroso precedente”. Amnistía Internacional las tachó de “vergonzosas y vengativas”.
Mientras tanto, en Italia, 15.000 personas firmaron en dos horas una petición en su apoyo, pidiendo su candidatura al Nobel de la Paz. Albanese insiste: “He escrito seis informes pidiendo investigar los crímenes cometidos, pero EE.UU. hoy es alérgico a la justicia. Sanciona a la CPI y a cualquiera que intente aplicar la ley, usando métodos de intimidación mafiosos”.
No se victimiza. “Soy una privilegiada occidental, protegida por la ONU. Los que mueren son los palestinos en Gaza, de hambre, de miseria o bajo las bombas”. Recuerda la cifra que muchos prefieren no mirar: 60.000 personas asesinadas, de las cuales 18.000 eran niños.
Francesca Albanese sabe que la verdad incomoda. Sabe que cuando el poder económico y político no logra callarte con insultos o difamaciones, recurre a las sanciones. Pero su respuesta, lejos de acobardarse, es un mensaje a la conciencia global: “Este sistema solo funciona si la gente se deja intimidar y dividir”.