La pobreza golpea a 1.200 millones de personas en el mundo y más de la mitad son menores de edad

12 octobre 2026 - 08:15

La pobreza no se mide únicamente por la falta de ingresos. Millones de personas sufren privaciones simultáneas en alimentación, educación, vivienda y servicios esenciales. La infancia concentra una parte especialmente preocupante de esta realidad.

La pobreza sigue marcando la vida de unos 1.200 millones de personas en el mundo, una cifra que revela la persistencia de profundas desigualdades sociales pese a los avances económicos y tecnológicos de las últimas décadas. Más de la mitad de quienes padecen pobreza multidimensional son menores de 18 años, según los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa de Oxford sobre Pobreza y Desarrollo Humano (OPHI).

El Índice de Pobreza Multidimensional Mundial permite observar una realidad que las estadísticas basadas exclusivamente en los ingresos no siempre reflejan: la acumulación de carencias que impiden a millones de familias acceder a unas condiciones de vida dignas. La falta de electricidad, agua potable, saneamiento, vivienda adecuada, educación y una nutrición suficiente forma parte de las privaciones consideradas en este indicador.

La infancia, en primera línea de la desigualdad

La presencia de cientos de millones de niños y adolescentes entre la población afectada constituye uno de los aspectos más alarmantes del diagnóstico. Para ellos, la pobreza no representa únicamente una dificultad económica inmediata, sino un obstáculo que puede condicionar su desarrollo físico, sus oportunidades educativas y su futuro profesional.

Crecer en un hogar sin servicios básicos, con dificultades para mantener una alimentación adecuada o con un acceso limitado a la escuela aumenta el riesgo de que las desigualdades se transmitan de una generación a otra. La pobreza infantil adquiere así una dimensión estructural: sus consecuencias pueden prolongarse mucho después de que los menores alcancen la edad adulta.

Más allá del dinero: las múltiples caras de la pobreza

El enfoque multidimensional distingue entre disponer de pocos ingresos y sufrir varias privaciones esenciales al mismo tiempo. Una familia puede no figurar entre las más pobres según determinados umbrales monetarios y, sin embargo, carecer de agua segura, instalaciones sanitarias adecuadas o acceso regular a servicios educativos.

Esta perspectiva resulta especialmente importante para comprender las desigualdades entre territorios. Las comunidades rurales, las regiones aisladas y los hogares con menor acceso a infraestructuras públicas suelen afrontar mayores dificultades para superar las carencias acumuladas.

La pobreza multidimensional tampoco debe confundirse con la pobreza extrema monetaria, que se calcula mediante un umbral internacional de ingresos o consumo. Ambos indicadores describen aspectos relacionados, pero diferentes, de la vulnerabilidad social.

Un desafío para las políticas públicas

Los datos vuelven a situar la lucha contra la pobreza en el centro de las prioridades internacionales. El crecimiento económico, por sí solo, no garantiza que sus beneficios lleguen a los hogares más vulnerables si no va acompañado de inversiones sostenidas en educación, salud, vivienda e infraestructuras básicas.

La protección social de la infancia, el acceso efectivo a los servicios públicos y la reducción de las desigualdades territoriales aparecen como instrumentos fundamentales para evitar que las privaciones actuales determinen las oportunidades de las próximas generaciones.

Para países como Marruecos, donde la reducción de las disparidades sociales y territoriales constituye un desafío de desarrollo, este diagnóstico internacional refuerza la importancia de políticas públicas capaces de llegar tanto a los grandes centros urbanos como a las comunidades rurales.

Detrás de los 1.200 millones de personas contabilizadas no existe una única forma de pobreza, sino una acumulación de necesidades insatisfechas. Y cuando más de la mitad de los afectados son menores de edad, la cuestión deja de limitarse al presente: afecta directamente a las posibilidades de desarrollo de las sociedades del mañana.

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