Una ola de calor sin precedentes afecta desde hace días a buena parte del este de Estados Unidos, donde más de 150 millones de personas están bajo alerta por temperaturas extremas. El fenómeno, descrito por meteorólogos como un “domo de calor”, ha elevado los termómetros a niveles récord en ciudades como Filadelfia, Washington D. C., Nueva York y Atlanta, con índices de calor que superan los 43 °C.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS, por sus siglas en inglés) ha emitido advertencias por calor excesivo en más de una docena de estados, y ha recomendado evitar actividades al aire libre entre las 11 de la mañana y las 6 de la tarde. Las condiciones se agravan por altos niveles de humedad, que dificultan la regulación térmica del cuerpo humano y elevan el riesgo de golpes de calor.
El llamado “domo de calor” es un patrón meteorológico en el que una zona de alta presión atrapa el aire caliente en las capas bajas de la atmósfera, impidiendo que circule. Esto genera un efecto de horno que puede durar varios días, incluso semanas. Este tipo de fenómeno se ha hecho más frecuente e intenso en las últimas décadas, en parte por el calentamiento global.
Según el Centro Nacional de Información Ambiental (NCEI), junio de 2025 ya se perfila como uno de los más cálidos registrados en el país. Los datos muestran que ciudades como Baltimore y Raleigh han superado por varios grados sus promedios históricos para esta época del año.
Las autoridades locales han activado centros de enfriamiento en escuelas, bibliotecas y polideportivos, y se han distribuido botellas de agua entre personas sin hogar. En paralelo, varios estados han flexibilizado las restricciones sobre el consumo de energía para evitar apagones ante el aumento de la demanda eléctrica.
Los servicios de emergencia también han notado un incremento en los ingresos hospitalarios relacionados con el calor, sobre todo en personas mayores, trabajadores al aire libre y niños pequeños. “Estamos viendo más casos de deshidratación severa, mareos y pérdida de conciencia”, informó a Hoy24 la doctora Maria Jenkins, del Hospital General de Nueva York.
Expertos en salud pública han advertido que las olas de calor no deben considerarse eventos puntuales, sino fenómenos que requieren preparación estructural. “Este tipo de extremos climáticos se está convirtiendo en la nueva normalidad”, declaró al Washington Post el climatólogo Daniel Hogue. “No es un verano particularmente caluroso, es una crisis climática sostenida”.
Los científicos apuntan a la necesidad urgente de reforzar políticas urbanas que mitiguen el calor, como el aumento de zonas verdes, el uso de materiales reflectantes en techos y pavimentos, y la mejora del acceso a vivienda con ventilación adecuada.
Mientras tanto, el NWS ha extendido las alertas hasta el próximo fin de semana y no se descarta que el domo de calor se desplace hacia el Medio Oeste. De momento, los registros del verano en EE. UU. parecen confirmar lo que ya se observa globalmente: el planeta está entrando en una fase de extremos.