La sequía y las sucesivas olas de calor han llevado a varios de los principales ríos europeos a niveles mínimos históricos, con consecuencias sobre la agricultura, la producción eléctrica, el transporte de mercancías y el abastecimiento. La crisis confirma que la escasez de agua ya no es un problema circunscrito al sur del Mediterráneo.
La combinación de precipitaciones insuficientes, temperaturas excepcionalmente elevadas y pérdida acelerada de humedad del suelo agravó la sequía durante julio y agosto en gran parte de Europa occidental y central.
La situación empujó a cuatro grandes ríos —el Loira, el Po, el Rin y el Danubio— a niveles históricamente bajos en determinados tramos, según el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.
A finales de julio, las condiciones seguían siendo críticas en Europa occidental y central, parte de Europa oriental, Italia y los Balcanes. También empeoraron en el Reino Unido e Irlanda, mientras aparecían señales de vigilancia en la península ibérica, de acuerdo con el Observatorio Europeo de la Sequía.
La sequía no es un fenómeno nuevo en el continente. Lo excepcional este verano es su extensión y su impacto simultáneo sobre sectores que suelen analizarse por separado: alimentación, energía, industria, comercio y agua potable.
El Danubio pone en riesgo la producción eléctrica
El Danubio, segundo río más largo de Europa, se ha convertido en uno de los principales símbolos de la crisis.
Sus bajos niveles han dificultado la navegación comercial y limitado la cantidad de mercancías que pueden transportar los buques. Cuando el calado disponible disminuye, las embarcaciones deben reducir su carga para evitar encallar, lo que obliga a multiplicar los trayectos y aumenta los costes.
La situación también afecta a las centrales eléctricas que utilizan agua fluvial para refrigerar sus instalaciones.
En Rumanía, los dos reactores de la central nuclear de Cernavodă fueron desconectados progresivamente después de que el Danubio descendiera por debajo de los umbrales necesarios. La instalación genera alrededor del 20% de la electricidad del país.
Las autoridades rumanas insistieron en que las paradas fueron preventivas y no respondían a un incidente de seguridad nuclear. El país recurrió a otras fuentes de generación y a las importaciones para compensar la pérdida temporal de producción.
En Hungría, la central nuclear de Paks, responsable de una parte sustancial de la electricidad nacional, también redujo su actividad. Al menos uno de sus reactores fue detenido y otros operaron por debajo de su capacidad ante la insuficiencia de agua para la refrigeración.
Las altas temperaturas agravan el problema: no basta con disponer de un determinado volumen de agua. Esta debe estar lo bastante fría para refrigerar las instalaciones sin elevar excesivamente la temperatura del río cuando sea devuelta al cauce.
El Rin encarece el transporte industrial
En Alemania, el Rin ha registrado niveles excepcionalmente bajos en varios puntos de medición, dificultando el transporte de combustibles, productos químicos, minerales y materias primas.
Las cifras de las estaciones hidrométricas no equivalen a la profundidad total del canal navegable. Sin embargo, constituyen una referencia esencial para calcular la carga máxima que puede transportar cada embarcación.
La reducción del volumen transportado aumenta los costes logísticos de las industrias situadas a lo largo del río. Durante anteriores episodios de sequía, algunas empresas tuvieron que recurrir al ferrocarril o a la carretera, medios más caros y con menor capacidad para determinadas mercancías.
El Rin no es únicamente un paisaje europeo: es una arteria industrial que conecta Suiza y Alemania con el puerto de Róterdam. Su pérdida de caudal puede repercutir en cadenas de suministro mucho más amplias.
Miles de millones en pérdidas agrícolas
La agricultura es uno de los sectores más expuestos. La falta de lluvia y la evaporación acelerada reducen la humedad del suelo, limitan el crecimiento de los cultivos y elevan la demanda de riego precisamente cuando hay menos agua disponible.
Austria atravesó su periodo de doce meses más seco desde el comienzo de algunas series de medición en el siglo XIX. Las pérdidas agrícolas se estiman en torno a 1.000 millones de euros.
En Francia, el Gobierno anticipa daños de varios miles de millones, aunque el balance definitivo dependerá de las cosechas y de las compensaciones concedidas a los agricultores.
Italia sufre una fuerte reducción del caudal del Po, esencial para la llanura agrícola más productiva del país. En regiones del sur, como Apulia, el coste del riego se ha duplicado en algunas explotaciones.
Alemania registra daños en cultivos como el trigo y la colza, mientras que Croacia, Serbia, Bosnia-Herzegovina y otros países balcánicos informan de pérdidas significativas.
No todas las estimaciones son directamente comparables: algunas miden pérdidas de producción, otras costes adicionales de riego o posibles indemnizaciones. El balance económico europeo seguirá siendo provisional hasta el final de la campaña agrícola.
Países húmedos sometidos a restricciones
La crisis también ha afectado a países tradicionalmente asociados con climas húmedos.
Inglaterra y Gales vivieron su julio más seco desde el comienzo de los registros. Millones de personas quedaron sometidas a distintas restricciones, mientras numerosos ríos presentaban caudales excepcionalmente bajos.
En Bélgica, el caudal del Mosa descendió muy por debajo de sus valores habituales y las autoridades pidieron moderar usos no esenciales, como llenar piscinas o regar jardines.
Suiza registró entre abril y junio su periodo con menos precipitaciones desde 1901. La falta de agua dificultó el abastecimiento del ganado y obligó a algunas estaciones de esquí de verano a suspender su actividad.
Los efectos menos visibles pueden ser igualmente duraderos. La ausencia de inundaciones periódicas degrada las praderas fluviales y reduce la diversidad de insectos, plantas y aves. Un paisaje puede conservar todavía una apariencia verde mientras su biodiversidad se empobrece.
España y Portugal pierden rápidamente sus reservas estivales
España comenzó el verano con una situación relativamente favorable después de un inicio de año lluvioso. La reserva hídrica alcanzó el 84,2% de la capacidad en mayo, pero descendió hasta aproximadamente el 66,2% durante agosto.
La caída coincide con un julio excepcionalmente cálido y seco. El impacto es desigual entre cuencas, por lo que la media nacional puede ocultar situaciones locales mucho más delicadas.
Portugal volvió a registrar condiciones de sequía en más del 60% de su territorio desde junio. Algunas cuencas se situaron claramente por debajo de sus medias mensuales.
Copernicus confirmó que julio fue el más seco registrado en España y que la humedad superficial del suelo en amplias áreas de Europa occidental cayó por debajo de los niveles observados durante la grave sequía de 2022.
Una crisis estructural para Europa
La experiencia de este verano demuestra que unas reservas elevadas en primavera pueden disminuir rápidamente cuando coinciden temperaturas extremas, ausencia de lluvias y un consumo intenso.
La adaptación exigirá modernizar los sistemas de riego, reducir las fugas de las redes, reutilizar las aguas residuales, proteger los acuíferos y revisar las actividades con mayor demanda hídrica. También será necesario adaptar las infraestructuras energéticas y el transporte fluvial a caudales cada vez más variables.
La sequía no es un enemigo nuevo. La verdadera novedad es que está dejando de ser una emergencia ocasional para convertirse en una restricción permanente para la agricultura, la energía y la planificación económica de Europa.