Cuatro multimillonarios más ricos que medio África

10 juillet 2025 - 13:11

Oxfam acaba de publicar un dato que no necesita adverbios ni metáforas para sonar brutal: los cuatro hombres más ricos de África poseen una fortuna mayor que la mitad de la población continental. Cuatro nombres —Dangote, Rupert, Oppenheimer y Sawiris— concentran 57.400 millones de dólares, mientras 750 millones de africanos sobreviven con menos.

La organización no gubernamental no habla solo de cifras. Habla de un sistema amañado. Un sistema donde la riqueza no se distribuye, sino que se fuga: exenciones, estructuras fiscales favorables y exportación de capitales hacia paraísos lejanos. Según Oxfam, la región es la única en el mundo donde los gobiernos no han aumentado las tasas impositivas desde los años ochenta. Y en este juego, la suerte no la define el mérito, sino la herencia, los monopolios y las conexiones políticas.

África es la cuna de la humanidad, pero también es el escenario donde se muestra con mayor crudeza la contradicción global: el continente que produce diamantes, cobalto y coltán —minerales vitales para nuestra vida digital— alberga a un tercio de su población bajo la línea de pobreza extrema. Mientras Elon Musk o Jeff Bezos diseñan viajes a Marte, en África más de 460 millones de personas viven con menos de dos dólares al día.

Oxfam calcula que si se impusiera un impuesto del 1% sobre la riqueza de los multimillonarios y un 10% sobre sus ingresos, se podrían financiar la educación y la electricidad para toda la región. Pero eso exigiría una voluntad política que, como recuerda el informe, no existe. Porque en la mayoría de los países africanos la política fiscal protege la acumulación de los más ricos. Los gobiernos prometen inclusión, pero aplican impuestos regresivos que recaen sobre los más pobres mientras subsidian las fortunas que orbitan en sus capitales.

La otra cifra que resuena es la del crecimiento acelerado de los millonarios africanos. En los últimos cinco años, su riqueza ha aumentado un 56%, alcanzando un total de 112.600 millones de dólares. No es que África no genere riqueza. Es que la riqueza no circula.

Mientras tanto, la Unión Africana inaugura su reunión semestral con un compromiso de reducir la desigualdad un 15% en diez años. Suena como un titular piadoso. Pero la desigualdad, cuando se convierte en paisaje, deja de ser noticia. Solo resuena cuando Oxfam publica un informe, cuando vemos un gráfico impactante en redes o cuando un niño con un bidón de agua sobre la cabeza nos recuerda la precariedad. Y sin embargo, esa desigualdad no se traduce en revueltas ni en reformas profundas. Porque la historia demuestra que la desigualdad extrema mata en silencio, y el silencio no interrumpe los negocios.

Quizá esta noticia no interese tanto como un Mundial de fútbol, un nuevo iPhone o el destino de Messi en la MLS. Pero define el futuro de un continente del que todos dependemos. África no necesita caridad, sino impuestos justos. Y que su riqueza deje de financiar fortunas individuales para empezar a sostener dignidades colectivas.

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