Mercosur ante su propia irrelevancia o su oportunidad histórica

03 juillet 2025 - 11:05

El Mercosur celebra su cumbre semestral esta semana en Buenos Aires, un encuentro marcado más por la tensión política que por la proyección estratégica. La visita de Luiz Inácio Lula da Silva a Argentina, la primera desde que Javier Milei asumió la presidencia, confirma el clima de frialdad. No hay reunión bilateral prevista entre ambos líderes y, en cambio, Lula se reunirá con Cristina Kirchner, actualmente en prisión domiciliaria por corrupción, para sellar un gesto político que irrita a la Casa Rosada.

Más allá del espectáculo de rivalidades, el Mercosur enfrenta su desafío existencial. Por un lado, ha concluido las negociaciones con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) —Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein—, un acuerdo que, aunque valioso, tiene un impacto limitado frente a los grandes bloques globales. Por otro, el pacto con la Unión Europea sigue empantanado por las reticencias francesas y la falta de un consenso interno robusto.

La presidencia pro tempore pasará ahora de Argentina a Brasil. Lula asume el liderazgo regional en un contexto de bajo crecimiento, fragmentación política en América del Sur y pérdida de influencia global del bloque. Su retórica sobre la multipolaridad y el Sur Global se enfrenta a la realidad de un Mercosur estancado, con escaso dinamismo comercial intrarregional y demasiadas trabas burocráticas.

Para Milei, el Mercosur es un lastre ideológico. Su proyecto ultraliberal aspira a una inserción internacional sin ataduras y ve en el bloque una estructura obsoleta. Para Lula, en cambio, el Mercosur sigue siendo el instrumento de articulación regional más efectivo y la plataforma natural de proyección global de Brasil.

Ambos enfoques revelan el dilema actual: o el Mercosur se transforma en un verdadero mercado común con ambición geopolítica o quedará reducido a un foro ceremonial de escaso impacto. Sin cohesión interna, sus acuerdos externos carecerán de fuerza. Sin voluntad política compartida, su dimensión estratégica será marginal.

La cumbre de Buenos Aires no resolverá estos problemas de fondo. Pero la región debe decidir si su destino es competir en la periferia de los grandes bloques o integrarse con pragmatismo y visión. Brasil y Argentina, sus dos potencias fundadoras, tienen la responsabilidad de liderar este cambio. Por ahora, la política doméstica y las vanidades personales pesan más que el interés regional. Un riesgo que puede sellar, esta vez de forma definitiva, la irrelevancia del Mercosur.

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