Noche de terror en Argentina: suspendido el partido entre Independiente y Universidad de Chile con 111 detenidos y 19 heridos

22 août 2025 - 09:13

La Copa Sudamericana vivió uno de sus capítulos más oscuros en Avellaneda. El partido entre Independiente y Universidad de Chile se transformó en una batalla campal con escenas de violencia extrema, que dejaron 111 detenidos, 19 heridos y la suspensión definitiva del encuentro.

El inicio prometía espectáculo. En el estadio Libertadores de América, los dos equipos habían disputado una primera parte intensa que terminó 1-1, con goles de Lucas Assadi para la “U” y Santiago Montiel para el Rojo. Todo parecía indicar que la serie se definiría con emoción en el campo de juego. Pero el segundo tiempo apenas comenzó cuando las tribunas desbordaron en violencia.

Desde la bandeja alta, hinchas chilenos comenzaron a arrojar butacas, palos y piedras. Los locales respondieron desde abajo y, en cuestión de minutos, el estadio se convirtió en un campo de batalla. El árbitro uruguayo Gustavo Tejera suspendió el partido a los dos minutos de la reanudación, intentando resguardar a los jugadores, aunque ya era tarde: facciones de la barra brava de Independiente invadieron el sector visitante y atacaron brutalmente a los aficionados de Universidad de Chile.

Las imágenes difundidas en redes sociales mostraban escenas estremecedoras: hinchas ensangrentados, golpeados y hasta despojados de su ropa, mientras otros corrían despavoridos por los pasillos del estadio. Una de las escenas más dramáticas fue la caída de un aficionado desde una tribuna alta, presuntamente empujado en medio del caos. El video se volvió viral y simbolizó la tragedia de una noche que pudo haber terminado aún peor.

El saldo fue grave. Al menos 19 heridos necesitaron atención hospitalaria —dos con cirugías de urgencia— y 111 personas fueron detenidas, en su mayoría chilenos, aunque también hubo argentinos arrestados. Los hospitales de Avellaneda y Buenos Aires atendieron a víctimas con traumatismos severos.

La CONMEBOL reaccionó con rapidez: suspendió el partido de forma definitiva, anunció sanciones ejemplares y remitió el caso a la comisión disciplinaria. Entre las medidas posibles, se barajan la exclusión de ambos equipos de futuras competencias y la clausura del estadio de Independiente. “La violencia no tiene cabida en el fútbol”, declaró el organismo.

La dimensión política no tardó en aparecer. Desde Santiago, el presidente Gabriel Boric calificó los hechos como un “linchamiento inaceptable de ciudadanos chilenos” y ordenó asistencia consular para los heridos y detenidos. Su gobierno analiza un reclamo formal ante las autoridades argentinas y la propia CONMEBOL. La directiva de Independiente, por su parte, lamentó lo ocurrido aunque atribuyó responsabilidades a la hinchada visitante, mientras que Universidad de Chile denunció la falta total de garantías de seguridad y acusó a la organización de exponer a sus aficionados a un riesgo mortal.

Lo sucedido en Avellaneda reabre el debate sobre la violencia en el fútbol sudamericano, una herida que nunca termina de cicatrizar. Cuando el fanatismo se convierte en barbarie, el deporte deja de ser pasión para transformarse en amenaza.

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